miércoles 26, enero 2022
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Proceso de paz en Colombia se torna irreversible

Nos acercamos a  los dos  años y medio  de que comenzara el proceso de paz que lleva a cabo el gobierno colombiano con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia FARC-EP en la Habana, Cuba, iniciado formalmente el 18 de octubre de 2012. Inclusive en su fase secreta previa, comenzada muchos meses entes, este proceso ha atravesado por momentos críticos. Uno de ellos, cuando el comandante Alfonso Cano de las FARC, quizá el más ferviente impulsor del proceso de paz, fue asesinado en las montañas de Colombia.

Muchos pensaron que ante este hecho, este grupo insurgente se echaría para atrás, pero no fue así, ya ellos tenían una determinación política que fue asumida por el nuevo comandante en Jefe Rodrigo Londoño Echeverri, conocido bajo los alias de «Timoleón Jiménez», «Timochenko». Las FARC ha venido haciendo los gestos de paz necesarios, desde liberar a todos los retenidos en su poder, treguas unilaterales periódicas hasta la reciente liberación del General Rubén Darío Alzate que había caído en su poder. A partir de diciembre de 2014, las FARC.EP observan una tregua unilateral con carácter indefinido.

Cinco  delegaciones de doce  colombianos y colombianas cada una, para un total de sesenta víctimas del conflicto, han viajado a la Habana, para exponer sus puntos de vista. Al interior de Colombia se han organizado todo tipo de foros con la sociedad civil que han dado sus aportes para enriquecer el proceso, algunos de ellos patrocinas por la ONU.

Los defensores de derechos humanos, agrupados en COLOMBIANOS Y COLOMBIANAS POR LA PAZ y otras agrupaciones, donde sobresale quien fuera despojada de su cargo como senadora y alguna vez víctima de secuestro por los paramilitares, Piedad córdoba, se ha mantenido beligerante y ha sido pieza fundamental a todo lo largo del proceso. Recientemente fue creado el Frente Amplio por la paz.

Se ha avanzado en los tres primeros puntos de la agenda sobre el tema agrario, las drogas, participación política y ahora se avanzan en el tema de la dejación de armas y el posconflicto. Sigue sin determinarse aun el mecanismo mediante el cual la ciudadanía colombiana,                (denominado sistema de refrendación) se pronunciará sobre los acuerdos. En ese particular  el gobierno sigue apostando al referéndum y la guerrilla exige una Asamblea Nacional constituyente.

El conflicto social y armado en Colombia denominado,(según la jerga militar estadounidense), como guerra de cuarta generación, donde uno de sus componentes fundamentales es la guerra mediática, jugó su papel demonizando a la guerrilla como un grupo de bandoleros narcotraficantes. Pero en estos momentos las FARC han debido ser reconocidas como grupo político insurgente y beligerante, trago amargo que importantes sectores demasiado adictos a la llamada “Seguridad democrática” aún no terminan de asimilar.

Hace unas semanas las FARC habían nombrado una delegación de sus comandantes conocedores del tema militar, al cual se suma ahora una fuerte delegación de militares representantes de los diferentes  estamentos de las fuerzas armadas y policiales, delegaciones que se encargarán de sentar las bases para un cese bilateral de las hostilidades, así como de la etapa de dejación de armas.

Parte culminante  de este proceso ha sido el nombramiento de un representante especial de Estados Unidos para el diálogo de paz entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Bernie Aronson. Debemos tener presente que este país ha sido parte beligerante en este conflicto que se prolonga por  50 años y que ha sido el gestor, aparte de la doctrina de la Seguridad nacional o del enemigo interior, de diferentes planes contrainsurgentes, el último de los cuales, el Plan Colombia, se le considera el causante del fracaso de los diálogos del Cagüán bajo la presidencia de Andrés Pastrana, plan aprobado por la Administración Clinton con un costo de 6000 millones de dólares y que pretendía terminar con el movimiento guerrillero. El fracaso de este y la convicción de que ninguna de las partes era capaz de vencer a su adversario, produjo como consecuencia la apertura de las presentes negociaciones de paz en la Habana.

La guerrilla ha declarado que no aceptarán un acuerdo de paz «que contemple un solo día de cárcel para ningún guerrillero» por ejercer su derecho a la rebelión, e insistieron en buscar alternativas jurídicas que reconozcan la «particularidad» del conflicto colombiano.

No pareciera que la guerrilla vaya a insistir en que los EEUU debería resarcir a los colombianos por los daños ocasionados por su intervención en esta guerra, donde los colombianos han puesto la peor parte: los muertos, desaparecidos y desplazados. Pero si parece dispuesta a evitar a toda costa todo tipo de extradición e insistirá fuertemente en la devolución de Simón Trinidad, comandante preso en USA y objeto de juicios amañados por narcotráfico, siendo este un preso político. Simón Trinidad fue incluido desde un principio como miembro de la delegación de las FARC. Por otra parte, las  Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FACR-EP), pidieron al Gobierno colombiano “realizar la apertura de los archivos oficiales y la desclasificación definitiva de la información reservada sobre el conflicto” lo cual agrega un nuevo ingrediente de polémica en los diálogos de paz.

Pero lo que sí queda cada vez más claro para nosotros es la irreversibilidad de este proceso de paz que todos los días  gana más simpatías y apoyo de gobiernos, organismos internacionales y pueblos enteros. La consigna de que “LA PAZ DE COLOMBIA ES LA PAZ DEL CONTINENTE” ha quedado fielmente reflejada en la declaración de la Habana de la CELAC, al definir a la América Latina y el Caribe como zona de Paz. Por más esfuerzos que la derecha internacional esté haciendo por frustrar este proceso se nota ya que están destinados al fracaso.

Reafirmamos cada vez más nuestra convicción de ello y reiteramos  lo expresado en el epílogo del libro GUERRA Y PAZ EN COLOMBIA: “…en Colombia muchos le temen a la paz, pero más le temen a la verdad”.

(*) Juan Félix Montero Aguilar

Analista político costarricense.

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