miércoles 8, diciembre 2021
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La política y lo político en el ejercicio mediático y en la Asamblea Legislativa

La política, o lo que se considera la política en el espacio mediático y en el léxico cotidiano costarricense, generalmente está asociada con el quehacer de los diputados en la Asamblea Legislativa, de los gobernantes o de aquellos que detentan un poder determinado. Esto es, en esta concepción, la política nunca es vinculada con la facultad ciudadana que impone condiciones, tareas y obligaciones a los que deben representar su voluntad e intereses.

Esta significación y práctica de la política es extraña y alejada de toda consideración democrática, su contenido según los medios y algunos “políticos”, se asimila al ejercicio autocrático del poder, aun cuando unos y otros se arrogan ser representantes de una colectividad que desconocen y niegan.

La concepción predominante no solo está alejada de los intereses ciudadanos y del desarrollo nacional, también está alejada del conocimiento sobre la construcción del poder y de la representación social, así como sobre el Estado y su relación con la sociedad y su organicidad.

La desinformación mediática del presente costarricense ha creado un círculo perverso que falsifica la realidad y pretende deslegitimar toda ilusión, esperanza e identidad social, a la vez que otorga protagonismo a anodinos personajes sin principios que tienen en los medios la razón de su existencia y su supervivencia en el poder formal de la Asamblea Legislativa.  La alianza de las publicaciones privadas con autócratas, han concentrado y centralizado sus orientaciones, interpretaciones y especulaciones contra las expresiones del sentir ciudadano y estatal, como un intento de erradicar toda crítica a su quehacer y práctica. La manipulación monopólica de la información tiene como propósito construir un mundo ficticio donde puedan ejercer inmune e impunemente acciones contra la ciudadanía, su organicidad y la reconstrucción social del Estado.

Con estos enfoques y prácticas se visualiza la intención de continuar con la privatización liberal de la función pública del Estado para imaginar un mundo de propietarios con poderes absolutos. Ello es el extremismo del poder que tiene como personeros a los medios y a los arcaicos personajes de la farsa conservadora y reaccionaria que asumen falsamente como política.

Un quehacer intrascendente, falsificado y la creación de realidades inventadas que reivindican intereses individualistas contrarios a las necesidades ciudadanas y nacionales, muestran la utilidad de lo inútil al poner en evidencia el esfuerzo por construir una sociedad acrítica al voraz lucro empresarial y la corrupción estatal.

Frente a esto, cabe destacar que el ámbito de “lo político” está circunscrito a la diversidad y antagonismo social en un contexto heterogéneo, desigual y contradictorio, es el espacio de la dinámica interactiva constructiva-deconstructiva entre los actores de la sociedad, mientras que “la política” es el conjunto de prácticas institucionales que garantizan un orden particular de la representación social, diversa y múltiple, en el marco de la articulación de las relaciones de poder construidas históricamente e institucionalizadas de la sociedad. Esto es, de ninguna manera, lo política de los políticos supone ni implica su autonomización social, por el contrario su actuación está sujeta a la determinación de todos los actores sociales. Así, lo político tampoco está ajeno a la institucionalidad, historia y cultural de los pueblos, como creen los “políticos” criollos que se imaginan ser constructores absolutos e independientes de “lo político” y de “la política”.

El Estado ni la sociedad son cotos de caza de pretendidos dueños que se arrogan facultades colectivas. La organicidad social ni estatal son espacios vacíos, sin institucionalidad, historia ni cultura, como tampoco pueden ser considerados objetos privados de las ambiciones y prácticas individualistas propias o de sus representados. Las elecciones no son medios para legalizar dictadores ni la Asamblea Legislativa es el instrumento para erigir monarcas.

Los diputados autócratas requieren de democracia para alcanzar el poder formal, pero en su ejercicio, destruyen democracia, mientras que los negociantes de los medios, pretenden liquidar toda identidad social, lucran convirtiéndose en parcializados voceros del poder económico y de diputados interesados.

La revolución americana y la francesa crearon la igualdad, la democracia y la ciudadanía, y con ello también la política y lo político. Esos acontecimientos fueron la inauguración política del capitalismo en el pasado de esas naciones, en nuestro contexto se pretende la regresión social a las conquistas sociales y políticas de la década del cuarenta del siglo XX. La vuelta al pasado, el arraigo a una sociedad sin derechos colectivos, sin igualdad formal, sin democracia ni representación social en el poder estatal, y carentes de la política y lo político, sin duda es un proyecto de orates, ignorantes o de enemigos de la democracia, la igualdad, el desarrollo y de Costa Rica.

San José, marzo 2015

Juan Huaylupo Alcázar

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