jueves 19, mayo 2022
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El irresoluble rompecabezas de Oriente próximo: La política exterior de Obama, ¿En caída libre?

Por Johannes Schmitt-Tegge. WASHINGTON (dpa) – Cuando Barack Obama en 2009 se dirigió al mundo islámico en El Cairo con un memorable discurso, apenas podía imaginar que Oriente Próximo sería un montón de ruinas seis años después.

Los críticos con el presidente estadounidense le echan en cara el caos en la región, desde Yemen hasta Irak pasando por Siria, así como el trato con Irán y las relaciones con Israel. El ex embajador en Irak James Jeffrey resumió la política estadounidense en la región al señalar: «Nos encontramos de nuevo ante una maldita caída libre».Un breve repaso de la situación: En Yemen, los rebeldes hutíes, chiitas, han derrocado al gobierno que apoyaba Estados Unidos, se han hecho con el poder y han paralizado por tiempo indefinido la campaña antiterrorista de los estadounidenses, que además es tan importante para Washington.

Primero se vieron obligados a suspender su guerra con drones contra los combatientes de Al Qaeda, y después tuvieron que evacuar a sus comandos especiales al otro lado del Mar Rojo, a una base en Yibuti. Hasta hace poco, Washington elogiaba a Yemen como ejemplo de la lucha contra los terroristas y ahora el país está a punto de sumirse en un conflicto civil.

Que el gobierno estadounidense se haya colocado allí del lado de Arabia Saudí, que quiere detener con bombardeos aéreos el avance de los hutíes, coloca a Obama ante un dilema, pues los insurgentes cuentan con el apoyo de Irán, el país que, por otra parte, combate a la milicia terrorista Estado Islámico (EI) en Irak y Siria, adquiriendo cada vez un papel más importante. Según una fuente del Pentágono, las informaciones de los servicios secretos estadounidenses están sirviendo a los saudíes para bombardear los puertos por los que Teherán suministra armas a los hutíes.

Con otros ojos completamente diferentes ve Washington la ayuda militar de los iraníes a Irak. Durante meses, en la Casa Blanca se ha escuchado que en la lucha en el país árabe contra el EI no se ha coordinado nada a nivel militar con Irán. Sin embargo, Estados Unidos ha estado bombardeando posiciones para liberar la estratégica ciudad iraquí de Tikrit de las manos de los yihadistas del EI.

Los milicianos chiitas que participan sobre el terreno en la batalla y que están bajo control directo de los comandantes iraqíes han asegurado que se van a retirar de la lucha en protesta contra el apoyo estadounidense que no han pedido.

Así las cosas ¿Teherán es el amigo o el enemigo? Por el momento no se ve una posición clara de Obama al respecto y menos aún se intuye una estrategia a largo plazo. Juega «a los lados de la frontera», asegura la revista «Foreign Policy». Por una parte, el jefe de la diplomacia de Obama, John Kerry, intenta llevar las duras negociaciones sobre un posible acuerdo con Irán a un final feliz. Ello podría limitar la proliferación de tecnología nuclear peligrosa en una región inestable y allanar el camino para una cooperación en la lucha contra grupos terroristas como el EI y Al Qaeda, o al menos eso es en lo que confían los estrategas.

Un acuerdo nuclear llevará además a Arabia Saudí y a Israel a las trincheras. La ya difícil relación del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, con Obama deja intuir que este eje bilateral no podrá procurar una estabilidad en la región en un futuro cercano.

Según estima el «The Wall Street Journal», a Egipto y los Emiratos Árabes Unidos les preocupa también el silencioso acercamiento iraní-estadounidense. Una actuación por su cuenta de ambos aliados, como ocurrió en agosto en Egipto, es algo que Washington no se puede permitir.

El Oriente Próximo de hoy recuerda a la Europa del siglo XVII, señala Richard Haass, del «think tank» Council on Foreign Relations. La región está «imbricada en violentos y costosos combates tanto políticos como religiosos que trascienden fronteras y que podrían durar tres décadas o mas».

A Obama apenas le queda otra opción que ir respondiendo de forma espontánea a la crisis que vaya surgiendo e ir aliándose con cada uno de los actores en la región según convenga. «Es sucio, es contradictoria, es política exterior», declaró la embajadora en Yemen, Barbara Bodine, al «New York Times».

Durante años, el gobierno estadounidense ha tenido que lidiar con las consecuencias de la Primavera Árabe y varias veces le ha sorprendido con el pie cambiado. El sueño de salir medianamente sin roces de las guerras de Irak y de Afganistán es ya agua pasada. Y Obama parece que no puede preparar ningún plan a largo plazo para reaccionar con una postura firme a todos los conflictos que se agraven.

Una fuente del Pentágono señalaba al «Wall Street Journal» que la situación le recordaba a la Primera Guerra Mundial: «Veo el mapa. Veo los aliados (del Estado Islámico). Veo todos los combates y me pregunto a qué archiduque van a asesinar para que estalle una gran guerra».

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