miércoles 26, enero 2022
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La noche que Heredia siempre soñó festejar

Heredia, 24 May (Elpaís.cr) – Parecía  que no había un torneo en disputa, ni mucho menos que el equipo de fútbol de la provincia estaba a las puertas de besar su trofeo número 24, el soñado 24.

La afición lucía callada, tensa, reservada; no brillaba como lo hizo en las finales pasadas en las que todos se tiraban a las calles minutos después de darse cuenta que había una razón para embriagarse y bailar en media calle.

Parecía que esta vez no creían.

Quizá la razón de su silencio se la otorgaban a la máxima de la historia que dice que “los pueblos que no conocen su historia estarán obligados a repetirla”, y quizá, solo quizá, los heredianos la conocen muy bien y por ello prefirieron reservarse hasta no tener nada escrito.

Pero la escritura duró poco en llegar.

O al menos eso parecía ser después de que se viera a los de la otra acera, esos a los que su sangre pintó de negro en vez de amarillo, celebrar el gol del empate. Un grupo pequeño que festejaba en una mesa alrededor de docenas de ellas repletas de heredianos en un bar a 4 cuadras del estadio.

La historia una vez más cobrándole latidos a los corazones heredianos.

Cuando todo parecía estar entregado y sus rostros demostraban un sufrimiento tremendo, en sus ojos se reflejaba la fe que siempre guardan en un rincón de su corazón para hacerla presente en cualquier momento.

Como quedarse sin galillo en los tiempos extra al ver a un dios al que llamarían Brown tocar el balón y colocarlo en cámara lenta detrás de los tres palos que defendía Pemberton.

Pero no todo quedaba ahí, ¡qué va! eso fue como una montaña rusa.

Las caras que apenas se veían por el montón de patrocinadores que tanto distraían en sus camisas, tuvieron ese respiro que tanto estuvieron esperando. Pero de inmediato volvió la tensión al sentir de cerca una vez más la leyenda urbana de los penales con el “osito” al que muchos desearon por muerto. La memoria histórica a la que todavía le pasan la factura.

Pero esta vez no, esta vez Moreira conoció todos los infiernos y al mismo tiempo fue levantado de estos para tocar el cielo al hacerse grande al detener dos paneles. Ni los movimientos de “safa”, ni las oraciones a Santa Lucía, que hacía un rojinegro, hicieron que el arquero lograra silenciar un montón de bocas.

“No puede ser, mi corazón ya no dá para tanto” decía un chavalo mientras golpeaba la puerta del bar en la que se tapaba su cara para no ver el televisor.

Luego llegó Elías… una sola mesa no festejó.

Ni qué hablar de las lágrimas de alegría besaron las mejillas de Kenneth Paniagua que se encontraba a la par de la mesa aquella de poca gente, quien minutos antes de ese gol había confirmado que el equipo iba por más, que Odir sabía lo que tenía. Una figura del herediano, que sin dudas no olvida quien lo vio crecer.

Alegría, abrazos a desconocidos, lágrimas de orgullo, amor a su escudo se hicieron relucir en ese momento. Hasta las mujeres se hablaban mientras hacían la eterna fila para ir al baño. Esa noche todos sabían y compartían la razón de su felicidad.

Como es de costumbre, las calles empezaron a llenarse de carros, de gente caminando en medio de ellas, de banderas, de licor, y, como es característico de esta afición; de familias.

De gente cantando y bailando alrededor de las famosas cimarronas, de un señor dirigiendo el tránsito con señales de bailes y de una señora haciendo bulla con sus ollas. De una noche sin fuente pero llena de lluvia. De un Padre moviendo las campanas de la Iglesia Central y de una alarma que no paró de sonar.

Era Heredia dejando de lado la historia que decía que no le gana a un grande del fútbol nacional. Era esa Heredia viviendo la noche que siempre soñó festejar.

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2 COMENTARIOS

  1. Ojalá los eliminen pronto de la Concachampios y los goleen como les paso hace poco en Mexico. Voy con Mexico o USA. Heredia no es un equipo de nada siempre sale goleado estripitosamente de Mexico. Como nunca ganan nada, lo celebran como si fuera el mundial, Ah pecao…!!! para los politos.de la media calle. Manada de borrachos que llenan los bares.

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