domingo 28, noviembre 2021
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Tsunami mediático deportivo: la FIFA nostra, Don Blatterone y el fútbol de mercado

Introducción

Vamos a interrumpir-  aunque no del todo como veremos -, el análisis del papel de los grandes medios de la comunicación en la vida social y política contemporánea. Lo haremos para enfocar un tema relacionado de mucha resonancia y actualidad. Viene a servirnos como buen ejemplo de cómo han ido evolucionando en correlato actividades de relevancia o pública, manejadas o reflejadas por los medios de comunicación tanto a escala local como internacional. Es precisamente lo que ha sucedido con un gran escándalo salido de un fútbol de mercado internacional y organizado mafiosamente bajo formatos de show mediático.

Nos referimos al sonado caso de la FIFA y al estilo gerencial de sus dirigentes en medio de la privatización y mediatización del fútbol profesional como gran negocio, y dada la creciente importancia política – y hasta geopolítica – que la actividad tomó desde finales del siglo pasado. No solo por el uso del deporte como instrumento de promoción en manos de los políticos de nueva generación, sino asimismo porque la actividad política misma ha adquirido ribetes de gran espectáculo tele mediático que emulan a los del fútbol actual, manejado por la FIFA establecida como su Vaticano.

Veamos por qué eso es así y sus consecuencias.

Problemática de un fútbol globalizado

Arrancamos diciendo que era esperable que la máxima organización mundial regente del fútbol se transformara en FIFA nostra, una especie de cueva de Alí Baba y sus 40 ladrones, abierta a oscuros negocios a cargo de dirigentes comandados por el suizo Joseph S. Blatter, o Don Blatterone como le podemos llamar por analogía con Don Vito Corleone, aquel mafioso de la novela El Padrino de Mario Puzo. Además, con Padrinos y filiales regionales/locales dependientes, como las cercanas CONCACAF nostra y la FEDE nostra que de hecho siguen en cadena los esquemas de la FIFA nostra.

Lo anterior se fundamenta en que fútbol monopolizado por la FIFA nostra, hace años dejó de ser una inocente actividad deportiva a cargo de desinteresados para convertirse en un lucrativo negocio que terminó siendo formateado a gran escala. Para ello fue crucial el concurso de empresas alejadas de la práctica del deporte propiamente; como son los medios privados de la comunicación colectiva (en especial las cadenas televisivas), los  bancos y las firmas comerciales patrocinadoras que usan a equipos, jugadores talentosos y grandes eventos futbolísticos para anunciar e impulsar sus marcas y así posicionarse mejor en los mercados.

FIFA se hizo una lucrativa corporación transnacional

Funcionando en estrecha conexión con todos esos actores  empresariales y sus intereses financiero-comerciales, la FIFA nostra evoluciono en simbiosis con ellos. Y en calidad de un ultrapoderoso Vaticano del fútbol se convirtió en la más desarrollada transnacional deportiva de todos los tiempos con la función de articular el balompié en todos los continentes al tornarse un negocio multibillonario centrado en los Mundiales cuatrienales. Entre 2011-2014 obtuvo beneficios hasta por $5.718 millones. Pero no solo a ella.

A su alrededor gira hace rato una constelación de empresas transnacionales, firmas privadas comercializadores o de venta y reventa de Copas Mundiales, entre ellas Infront Sports & Media que tiene al frente un sobrino de Don Blatterone, Philippe Blatter, quien gestionó Brasil 2018 y lo hará con los venideros de Rusia y Qatar.

Además, hay asociaciones y sociedades anónimas de clubes, agentes de fichajes, medios y agencias de publicidad, y hasta jugadores y exjugadores de élite cooptados (como Beckenbauer y Platini). Un tinglado de actores que pugnan por influir lo más posible sobre las decisiones de la transnacional vaticana del fútbol. El asunto es que lo hacen por cualquier medio lícito o ilícito, legítimo o ilegítimo a mano, una práctica bajuna y salvaje hecha costumbre.

No nos engañemos: de esa FIFA nostra y los corrompidos órganos directivos ocupados por Los Fifos depende el monto de las ganancias obtenidas a repartir por toda la trama corporativa. Y a su vez, ésta le produce voluminosas rentas a la cueva de Don Blatterone que éste coloca generosamente entre sus jerarcas. Lo hace siguiendo un espurio esquema clientelista de relación “patrón-cliente”, centrado en la persona del Padrino presidencial y los amigos secuaces que forman su “familia FIFA”, como él llama a la cofradía multimillonaria de Los Fifos reconocidos en todas partes como los hombres de Blatter el Capo de tutti capi o Capo dei capi.

De esos Fifos dijo su mandamás: “Ya no somos más un Club de Pesca”. Y tiene razón, ahora son señores multimillonarios, gordos con traje y escritorio, prepotentes septuagenarios y octogenarios que gobiernan el apestoso Vaticano del fútbol, quienes saben llevar una buena vida y ocultarla de miradas indiscretas hasta que estalló el reciente affaire, como lo ha señalado Gustavo Veiga,  autor del libro Fútbol limpio, negocios turbios (Ágora, 2002).

Los frutos del clientelismo corporatista

Y vaya si hay interés en los adentros de FIFA por perpetuar ese corrupto esquema corporativo, el que se desarrolló gigantesca y dantescamente a lo largo de al menos dos generaciones de cuestionados Fifos; cuya característica conductual es ser impermeables a toda crítica y cambio de su estilo de mando. Y han tenido éxito hasta la fecha con el negocio, al cual manejan a sus anchas como si fueran los dueños de una empresa familiar. En realidad nada tiene de familiar ni de pequeño.

Solo por organizar mundiales, otorgar derechos de comercialización y firmar contratos de difusión (60% con cadenas de TV) y abrir otras oportunidades de lucrar a sus socios comerciales, la “empresita” – que Don Blatterone llama una ONG sin fines de lucro – llegó el año pasado a amasar fondos estimados en más de $5.000 millones y acumuló el último año reservas monetarias en caja por $1,523 millones, luego de repartir  más de $900 millones en dádivas, pensiones, sueldos y otros pagos a medio millar de altos dirigentes y empleados en las cuevas regionales. Por su lado, un puñado de bancos y aseguradoras en el lapso  2005 y 2014 facturaron 1.206 millones de euros por patrocinios en camisetas de jugadores de las 5 mayores ligas de Europa. Sin duda, el sector finanzas y el turístico con 784 millones, son dos poderosos pilares de este fútbol de mercado.

Conforme era así transformado el fútbol en un engranaje altamente rentable, tentador y asegurado por las mafiosas fórmulas de Don Blatterone, por la misma puerta por donde iban ingresando al juego los mercados y grandes firmas transnacionales y locales, salieron volando los valores éticos y de la sana competencia deportiva.

Pero valga decir, que cuanto más desregulado y mercantilizado o neoliberalizado se vuelve el giro de una actividad como ésta, más expuesto queda a la corrupción organizada y planificada como sistema, a la falta de transparencia y escrúpulos, y a la ausencia de principios democráticos en la forma de funcionar su cúpula. Con Blatter o sin él, porque es una cuestión estructural y no solo de personas. Ya vendrá otro

No extraña, pues, que el fútbol esté hoy día sometido a prácticas empresariales y corporativas que no persiguen la excelencia deportiva ni moral, sino el aumento ilimitado y compulsivo de las ganancias derivadas de una expansión global del negocio corporativo hacia todos los puntos del planeta. Al punto de que esta FIFA nostra cuenta en su red mundial a 1.600 millones de fans-consumidores, quienes generan con su consumo de fútbol-mercado ingresos mundiales por alrededor de $50.000 millones al año.

En ese terreno, la lucha por el control de las ganancias y el reparto de los mercados, es encarnizada, sin asco y sin cuartel, con Blatter o sin él. Quien por cierto, al escribir estas línea ayer martes, presentó su renuncia al puesto en medio de un verdadero FIFA-gate, provocando otro tsunami deportivo mediático. Ya se verá en adelante si las cosas cambian, para lo cual no bastarán cambios de personas, ya que la corrupción en el maloliente entorno de Don Blatterone se volvió sistémica, estructural y elefantiásica.

Pero eso no es todo. La materia tiene una arista política que brota en línea muy paralela al desarrollo del fútbol mercado y media- céntrico, a más de globalizado, y la cual develaremos la semana entrante.

(*) José Luis Vega Carballo es Catedrático de Sociología Política de la UCR

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5 COMENTARIOS

  1. Don José Luis, los tentáculos de esta inmundicia neoliberalizadora que usted menciona, llegó en mayo pasado hasta la Asamblea Legislativa de nuestro país con un genuino ortíz-corleone que de legislar por el pueblo no conoce ni un pito; pero sí de los avatares de la intrincada mafia criolla que tiene secuestrado el fútbol en Costa Rica, junto la mediocridad de los pésimos «periodistas» de deportes de monumental, columbia, repretel y canal 7. ¡Esta gente realmente apesta!

      • Excelente respuesta, a quienes ven buenas obras como resultado de las inversiones hechas con dinero proveniente de ilícitos mafiosos y que lo que buscan con esas «buenas obras», no es otra cosa que consolidar la misma danza mafiosa.

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