domingo 25, septiembre 2022
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El enfoque de la corrupción en el caso de Eduardo Li y el FIFAgate (I)

Columna “Pensamiento Crítico”

Introducción

Llama mucho la atención la forma como la prensa nacional y mucha de la internacional informó acerca del FIFAgate, affaire en el cual apareció involucrado imprevistamente Eduardo Li cuando aún era presidente de la Fedefútbol local.

Aunque la información noticiosa fue abundante, no así los análisis de fondo sobre las implicaciones de la sucesión de hechos que llevaron al encarcelamiento de Li en Suiza por gestión del gobierno de EEUU en su calidad de policía global, dispuesto – según sus portavoces – a defender los valores superiores de la moral y la democracia, cuando en verdad encubría los verdaderos intereses que motivaron la acción. Pero, no es esto último lo que nos interesa develar aquí, más lejos de lo que ya lo hemos hecho en columnas anteriores. (Ver al respecto: http://www.elpais.cr/2015/06/02/tsunami-mediatico-deportivo-la-fifa-nostra-don-blatterone-y-el-futbol-de-mercado/ y http://www.elpais.cr/2015/06/16/dimensiones-geopoliticas-del-fifagate-y-la-caida-de-don-blatterone/)

El manejo mediático del affaire

Quizás, con la sobresaliente excepción de la periodista Vilma Ibarra -quien en varios de sus programas de radio y escritos puso particular empeño por profundizar en el caso y sus ramificaciones-, la norma en los grandes medios de por acá fue quedarse en lo noticioso, lo inmediatista y superficial, como es costumbre hacerlo: sin contextualización alguna. Ni siquiera vimos en las redes sociales interpretaciones de la crisis del fútbol que valieran la pena. Lo cual no facilitó a los ciudadanos, ni a los fans, el llegar a tener una clara visión de conjunto de la trama oculta detrás del FIFAgate y menos hacer una lectura crítica de todo lo sucedido. Reinó la confusión, la incredulidad y un aturdimiento colectivo ante el escándalo megamediatizado.

Muchos actores ubicados en nuestro medio en círculos de, o muy cercanos a, la Fedefútbol lo que hicieron fue desmarcarse, lavarse las manos lo mejor que pudieron, decir que la cosa no era con ellos sino con otros, que eran líos puramente personales de unos pocos, una lío personal de Eduardo Li. Más aún, insistieron que poco o nada se afectaba el fútbol organizado y profesional con el FIFAgate, que todo estaba en orden y seguiría siendo manejado en regla, como de costumbre según ellos, siempre con apego a cánones morales a toda prueba por probos e inmaculados dirigentes. ¡Qué bien se lavaron las manos siguieron el libreto aprendido de sus maestros de la FIFA nostra!

El relato mediático dominante fue trazado justamente por los periodistas y sus jefes de medios en consonancia con ese clima de opinión hipócrita y embustero, como si se estuviera ante un escándalo aislado y pasajero, un suceso puntual y absolutamente fortuito que pasaría al olvido luego de unos días. Si acaso hubo algunos antecedentes del mismo, fue supuestamente por actos aleatorios, accidentales y difusos, que fueron agrandados por especuladores, bocones y chismosos malintencionados sin ningún fundamento real.

Pero la realidad andaba por otro lado: “it´s the system stupid!”

El aprieto para los conocidos como Los Fifos –incluidos los de nuestra federación y la CONCACAF – es que Maradona, Romario, Chilavert y otros valientes que hicieron referencia a graves irregularidades en la FIFA nostra de Don Blatterone, estaban en lo correcto, aunque fueron vilipendiados y aun amenazados por sus aseveraciones. Y peor la tuvieron aquéllos que se atrevieron a señalar la existencia de una larga serie de situaciones anómalas y no de unos asuntos sueltos dispersos y eventuales, y hasta pidieron investigaciones fidedignas de auditores externos así como la intervención de autoridades públicas dentro y fuera de Suiza, afectos de poner en jaque a una FIFA convertida en una Cueva de Alí Babá.

La norma en los altos círculos de la organización fue rechazar, minimizar y encubrir cualquier clase de acusación. Cuando no podían salir airosos por esa ruta, Don Blatterone y Los Fifos – incluidos los criollos – hacían todo lo posible para que los actos denunciados aparecieran en pantalla como si fueran pequeños desvíos fortuitos de unas normas de recta conducta, los cuales eran equiparables con traspiés y errores menores en el comportamiento de unas figuras por lo demás intachables y respetables.

Y así transcurrió todo hasta que desde el gobierno de EEUU no se tragaron el cuento y vieron que no se trataba de eso, de puros casos inconexos. Y, además, determinaron que la cuestión rebasaba ahora los límites (para ellos) de lo tolerable, mayormente a partir de la decisión que se avecinaba de reelegir a Don Blatterone.

Mientras tanto, el FBI y varios fiscales y jueces de Nueva York por su lado, quienes desde hacía varios años andaban tras la red que éste comandaba, concluyeron que sus investigaciones habían madurado lo suficiente como para entrar en acciones punitivas. Había de por medio, claro está, afectaciones a vitales intereses corporativos de Wall Street implicados en el negocio futbolístico, lo mismo que alteraciones del delicado balance geopolítico de fuerzas entre el eje Washington-OTAN y otras potencias retadoras.

Había, sin dudas, llegado el momento de echar el guante a los hombres del capo y luego, si cabía, moverse contra éste hasta forzar una transferencia de mandos en FIFA beneficiosa para los intereses globales y estratégicos de los EEUU y sus más cercanos aliados. Por eso, los días del Capo di tutti Capi siguen estando contados a pesar de su renuncia condicionada a la presidencia.

El ambiente de un degenerado Sistema-mundo rodea el affaire

Urge poner el FIFAgate en su debida dimensión. Y para ello no hemos visto que nadie haya descrito en pocas palabras el entorno de más amplio espectro planetario, en donde estalló el FIFAgate – un contexto que es la clave maestra para poder descifrarlo adecuadamente – como lo hizo el analista Sergio Rodríguez Gelfenstein, consultor y analista internacional venezolano, en un artículo aparecido en Barómetro Internacional del 6/06/2015 titulado “FBI, FIFA, deporte y corrupción. Muchas preguntas sin respuestas”. (Ver: http://barometrointernacional.bligoo.com.ve/por-sergio-rodriguez-gelfenstein)

He aquí su aporte a la tan necesaria contextualización del affaire:

“Lo que no se dice es que la FIFA es parte de la podredumbre de un sistema económico que trasforma a los atletas en mercancía. ¿En qué se diferencia un deportista profesional de un carro o un mueble? En nada. Todos ellos son objetos de transacción, se pueden vender, comprar, trasladar sin que nadie les pregunte su aceptación o no. Al contrario, entrevistados después de un cambio, los deportistas suelen decir: `esto es un negocio y debo estar preparado para ello´. Estamos ante un moderno tráfico de personas, esta vez legal. Detrás de la súper estrella que nos muestran como imagen del éxito, hay centenares, miles de jóvenes frustrados, amargados y aniquilados por la vida, por no haber podido llegar. Lo que impera es una lógica de mercado en una economía capitalista en la que la corrupción es parte de ella, es inherente a la misma.”

Este pensamiento del analista nos trae a la mente la famosa frase espetada por los directores de la primera campaña de Bill Clinton cuando se dirigieron a su oponente republicano el viejo Bush, Sr. o Padre, quienes no entendían por qué éste iba perdiendo las elecciones de 1994 según las encuestas: “It´s the economy, stupid!” (¡Es la economía, estúpido!). Entonces, para que salgan de su error y entiendan la razón de ser principal de la corrupción en FIFA, hay que decirles a todos y cada uno de quienes insisten en imputársela a hechos esporádicos surgidos por pura casualidad en la conducta individual de sus jerarcas: “It´s the system, stupid” (Es el sistema, estúpido).

Comencemos por este último punto a poner en contexto el FIFAgate y sus derivados a nivel de la FEDE nostra. Y, en esto, hay un mar de fondo, como lo veremos en nuestra próxima columna.

(*) José Luis Vega Carballo es Catedrático de Sociología Política de la UCR

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2 COMENTARIOS

  1. ¡Mientras tanto sigamos viendo y oyendo las YEGÜADAS de mario segura, everardo herrera, ya-sin quesada, COLUMBIA, MONUMENTAL y todos los brutos REPRE-TONTOS!

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