jueves 6, octubre 2022
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Del imaginario colectivo costarricense, mitos, manipulación y realidades

«Nada de este mundo nos resulta indiferente»
Papa Francisco, Encíclica: «Laudati sí, sobre el cuidado de la casa común» (¡Léanla por favor!)
Edgar Morín, filósofo y sociólogo francés, define el concepto de imaginario colectivo de la siguiente manera: «…conjunto de mitos, formas, símbolos, tipos, motivos o figuras que existen en una sociedad en un momento dado», esto es, en lenguaje más coloquial, la visión del mundo que una comunidad nacional o local comparte y presume como real en una determinada época histórica. En fin, cómo visualiza el mundo en el que vive. El asunto cobra particular importancia porque debemos recordar que nuestro comportamiento está totalmente condicionado por lo que creamos que es el mundo que nos rodea ya que, generalmente, nuestra conducta es una respuesta a los estímulos, imágenes, y demás sensaciones que recibimos mediante nuestros sentidos y que, gracias al procesamiento mental que hacemos de ellos, convertimos en nuestro mundo.
Este planteamiento, que a lectura rápida pareciera un galimatías pero que realmente nada tiene de confuso, viene a explicar, obviando las diferencias de tiempo, espacio y posiciones políticas, el fenómeno que Marx denominó -a mediados del siglo XIX- «Falsa conciencia», esto es, al pensamiento de los seres humanos que no es consecuente con sus condiciones materiales de existencia y que hace, por ejemplo, que un obrero empobrecido, explotado y humillado, vote por el partido político defensor de la clase que le explota inmisericordemente. Obviamente en nuestra Patria este fenómeno se ha repetido elección tras elección por lo que la pobreza y las consecuentes carencias que sufre nuestra clase trabajadora, han sido una constante que esperamos desaparezca en la medida en que «abramos los ojos», esto es nos concienticemos, entendamos y nos unamos en un partido que, como nuestro Frente Amplio, convertido como lo va siendo, en instrumento de redención integral de nuestro Pueblo, establezca en nuestra Patria, la auténtica justicia económica, política, social, cultural y espiritual, en aras de nuestro bienestar integral en el plano de lo humano y lo ecológico.
Concretaremos nuestro tema recordando un principio elemental al respecto: «la Historia la escriben los vencedores y, la Cultura en general, la controla y dicta, en cada Nación, la clase dueña de los medios de producción»
Así, el imaginario colectivo -falsa conciencia- que hemos padecido ancestralmente en nuestra Nación, ha estado alimentado y constituido, en buena medida, por una serie de mitos promovidos y acrecentados a su antojo por las élites dominantes, mediante el sistemático empleo de los aparatos ideológicos del Estado (AIE) como el educativo, el religioso, los medios de comunicación, etc.
Empezaremos con el ya vetusto de nuestra «ejemplar democracia» que uno supondría que, a estas alturas de nuestro desarrollo cultural, nadie aceptaría, Por desgracia está tan vigente que, pocos días atrás, un respetable profesor de Historia y Abogado, lo alababa y enarbolaba muy ufano, en un programa radial, sin que nadie se atreviera a confrontarlo. Pues bien, la democracia tica es tan falsa como un billete de setecientos cincuenta colones de madera, basta contrastarla con su definición más simple: «democracia: gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo» para comprobar que  no aparece por ninguna parte pues lo que impera en nuestra querida «Tiquicia» es la oligarquía, gobierno en manos de pocas personas y aquí degenerada cotidianamente en plutocracia -gobierno de los ricos- y cleptocracia: gobierno de los ladrones. Liberémonos de este primer mito y empecemos a crear la verdadera y única democracia participativa: constituyéndonos en gobierno del Pueblo crítico, creativo y activo.
El mil veces proclamado y mítico ecologismo de nuestra sociedad costarricense, con el que tanto dinero hacen  algunos vivazos organizados en empresas capitalistas disfrazadas de ONGs, se cae a pedazos con sólo resentir realmente la carencia de adecuado tratamiento para la criminal cantidad de residuos que irracionalmente generamos, tanto en nuestros hogares, como en nuestras fábricas y en nuestro simple deambular callejero, que se acumulan, a vista e indiferente paciencia de todas y todos, en nuestros otrora limpios ríos, playas y rincones de nuestras ciudades y pueblos. Esta contaminación sumada al ecocida trato que le damos, en general, a nuestra Madre Naturaleza, nos está llevando al suicidio colectivo una de cuyas más evidentes manifestaciones es el cambio climático que hoy padecemos y, en particular, el calentamiento global que, según cálculos rigurosos, llegará en muchas regiones del mundo, antes del 2100, a los aniquiladores 45 grados centígrado como promedio e, incluso para algunos -Ing. David Auerbach por ejemplo-  para el 2115, nuestra especie se extinguirá. ¡ O reaccionamos o nos morimos!
Otro Mito es el que afirma a la Educación como «»única vía de ascenso social» mediante la tesis de que «solamente el cumplimiento total de proceso educativo le permitirá al proletariado convertirse en burguesía». La realidad es que en las sociedades capitalistas -y Costa Rica es una de ellas- la educación que se receta a las nuevas generaciones es  fundamentalmente y como lo he planteado supra, un simple AIE, esto es, un proceso al servicio de quienes poseen los medios de producción para generarles la mano de obra más o menos calificada y, sobre todo domesticada, para trabajar en sus fincas, fábricas, comercios, etc, llegándose en nuestra época al colmo de que, como nuestra producción está sometida a los dictados del mercado internacional que nos ordena ser sus simples maquiladores y/o productores de materias primas semi elaboradas y de productos de segundo orden, los empresarios nacionales -que van quedando pocos por cierto- y las transnacionales que instalan sucursales libremente, TLC mediante, prefieren operarios a todo nivel medianamente calificados, por lo que la mayoría de las y los mejor calificados emigran, trabajan por salarios bajísimos o se dedican al subempleo pésimamente remunerado y carente de derechos laborales. Nótese, además, que se habla siempre, en nuestro mundo laboral, de trabajadores que, siguen siendo, al carecer de medios de producción, proletarios. ¿Y qué pasa con la auténtica Educación esa que, como gusto decir «forma seres humanos analíticos críticos creativos, humanistas, ecologistas y, reitero, solidarios»? Pues resulta que un ser humano educado en ella, ama profundamente a su Pueblo, jamás piensa en abandonarlo, jamás se convierte en su explotador, sabe que en esencia todos somos iguales, le produce asco la sola idea de «clase superior» y se dedica, hombro con hombro con su Pueblo, a construir ese nuevo mundo de justicia y bienestar para todas y todos. Por lo tanto, si bien es cierto que la educacipon es vital para ser plenamente humanos, solamente la colectivización de la propiedad sobre los medios de producción y la sonsecuente socialización de las ganacia, podrán eliminar la pobreza.
Un mito más es aquel que afirma que la comunidad costarricense es, desde siglos atrás, creyente y cristiana practicante mayoritariamente, Si esto fuese cierto hace años nos hubiésemos adelanto en construir y disfrutar el paraíso terrenal acá en «tiquicia». Basta ver, oír, oler, sentir e, incluso, saborear clara y concientemente, eso sí, nuestra realidad cotidiana para darnos cuenta que esto es tan falso como aquella otra fantasía, inventada por quienes quieren seguirnos manteniento como ciervos menguados, de que somos el  país más feliz de la tierra, «pura vida» y cantando lloriqueantes aquella insoportable, por lo enajenante y somnífera, cancioncita «Soy tico».
Mito fatalmente neocolonizante es la tesis de que el narcotráfico se elimina mediante la guerra frontal, por lo que a Costa Rica le es indispensable la ayuda de guardacostas y buques artillados del ejército USA en nuestras aguas territoriales, como lo afirma en particular el antipopular Diputado Mario Redondo Poveda y muchos de sus cómplices constiuyentes de la coalisión neoliberal y conservadora que hoy preside nuestra Asamblea Legislativa. La fórmula más efectiva para erradicar el narcotráfico es implantar en nuestra Costa Rica  la justicia económica, política, social, cultural y espiritual, sumada a una campaña realmente educativa y a la inteligente legalización de las drogas. Una persona y una colectividad que gocen de los anteriores derechos se vuelve inmune a cualquier tentación de consumir drogas lo que permitirá su legalización para agilizar su empleo desde una perspectiva médica y eliminar todo tipo de comercialización ilegal que es la que encarece la droga y la hace un mortal supernegocio para quienes la trafican.

Otro mito es el que convierte a los deportes y, en particular al fútbol y todo lo que le rodea, en la espectativa más importante que tiene en mente nuestro Pueblo. En ese sucio proceso -una de sus manifestaciones más sonadas es el vigente caso FIFA- se echa mano a manipulaciones tan horribles como el de poner a nuestras multitudes a cantar que «..la selección nacional es el honor de los ticos…» y, lo que es consecuencia de lo anterior, hacerles creer que lo más importante para su bienestar personal y colectivo es que la selección nacional o, más cotidianamente, su equipo nacional o internacional predilecto campeonice haciendo pasar, por este malévolo efecto de sustitución, los procesos realmente importantes para sus vidas particulares y sociales -lo económico, lo político, lo  social, lo cultural, etc. a muy distanciado segundo, tercero -¡o ningún!- nivel de importancia.

Creación mítica muy bien explotada por la mafia dominante es la que plantean sus noticieros respecto a que nos informan verídica y, por ende, objetivamente, de todo lo más importante que pasa en nuestra comunidad, nuestra Patria y en el mundo. Esta sucia falacia, que sólo se explica -¡jamás se justifica!- por el empleo que de ella se hace para mantenernos tan alejados de la realidad que nos hacen creer que vivimos en el mejor de los mundos posibles, queda al descubierto mediante un sencillo ejercicio que les invito a realizar: comparar lo que se nos dice por «nuestros» noticieros con la información que nos brindan en sus publicaciones los centros de investigación -Sociología, Economía, Educación, etc.-  de nuestras universidades públicas -buscar sus páginas electrónicas-; textos como «El Estado de la Nación» que se publica anualmente; visitar el sitio donde se genera la información y buscar la realidad en vivo y, a nivel internacional, leer a diario, analítica y críticamente, boletines como Cubadebate, Telesur, RT en español, Rebelión, Red Voltaire, Ansur, Hispavox, Cronicron, Radio Naciones Unidas, Sin Permiso, CNN, etc, etc, comparar y, lo que es más importante sacar sus propias conclusiones y, luego, empezar a actuar, no como nos lo dictan sino a partir de criterios propios.
Otra obra mitológica es la que plantea que aumentar salarios y mantener y fortalecer el empleo con sus derechos laborales garantizados y ampliados, arruinan al Gobierno, a los demás patrones y al país en general, lo real es que el adecuado reparto de las ganancias, que ahora se quedan en pocas manos nacionales y transnacionales, al posibilitar el gasto, reactiva al comercio y la recolección -que debe ser rigurosa y justa- de impuestos que le permiten al Gobierno, que debe ser participativo y por ende, gracias al aumento de controles populares, mas honrado, devolverle a su Pueblo más y mejores bienes y servicios. Finalmente en este rubro debemos tener presente que, como plantea Salvador López Amal en el mismo título de su artículo: «Otorgar un buen puesto de trabajo a todo aquel que lo desee es una cuestión política, no técnica, y como tal, es absolutamente realizable» («Rebelión» del 12/06/16), un gobierno realmente al servicio de su Pueblo, puede fácilmente generar puestos de trabajo dignos y, a la vez, propiciar los incentivos necesarios para que el sector patronal privado pueda hacer lo mismo con lo que, el pleno empleo dejaría de ser una utopía y se convertiría en dignificante realidad ¡Léan ese trabajo por favor!
Quienes nos manipulan ideológicamente han alentado constantemente otro mito nefasto que es la vigencia en nuestra sociedad costarricense de la «justicia pronta y cumplida para todos y todas en igualdad de condiciones». Está matráfula se cae cuando fácilmente comprobamos el tiempo real que va, desde la puesta de la denuncia, al momento en que se dicta la sentencia definitiva y, respecto a las ventajas de que ésta sea favorable para la parte que, en un juicio, sea asesorada por un abogado cuyos servicios están lejos del alcance del 90% de los bolsillos de nuestro Pueblo. ¿Justicia pronta y cumplida? ¡Para nada!, simplemente prostituída al servicio de quien más caro la pueda comprar.
Muy ligado a lo anterior está otro tremendo mito que es el que nos hace proclamar como idiotas que en nuestro país reina la más absoluta paz. Recordemos, para empezar a liberarnos de esta artimaña que paraliza cualquier sana rebeldía que nos lleve al urgente cambio, que la paz no es la simple ausencia de guerra que, por cierto en nuestra Patria es una constante manifestada en nuestras carreteras y en nuestra altísima criminalidad que, en un par de años, nos dejan tantos muertos como los generados en nuestra guerra civil de 1948. A lo anterior debemos agregar que la difícil situación económica, el desempleo y la inseguridad ciudadana en medio de la cual habita nuestra población nacional, conspiran contra nuestra paz y si, como complemento a esta intranquilizante situación agregamos los pleitos judiciales que aumentan cada año -que ya alcanzan las 600.000-, nuestras deudas con las fatales tarjetas de crédito, hipotecas, cuotas de préstamos,,etc, etc, indudablemente nuestra cacareada paz, sólo se explica por la casi total inconciencia respecto a nuestra realidad real (valga el pleonasmo si lo hay) de la que deberemos liberarnos para dejar de ser «siervos menguados»
El último mito que citaré hoy -por desagracia nuestra comunidad nacional se traga diariamente muchos más- es el que constantemente nos gritan nuestros educadores domesticadores, líderes politiqueros, religiosos, deportivos, etc, afirmando categóricamente -tan categóricos como falsos- que en nuestro país se viven y disfrutan cotidianamente y en todas sus generaciones  los Derechos Humanos. La verdad, que se descubre muy fácilmente contrastando analíticamente nuestra realidad nacional con los mandatos concretos que constituyen los textos que integran esta Declaración Universal, es que la misma no se cumple, siquiera mínimamente, en nuestro territorio nacional, tanto porque las condiciones económicas, políticas, sociales y culturales que vivimos y constitutivas del sistema capitalista neoliberal que hoy nos azota, son esencialmente contrarias a la vigencia plena de un sólo de estos derechos, como porque a nuestras grandes mayorías populares, valga la redundancia, les han imposibilitado, mediante todo tipo de distractores, analizarlos, valorarlos en su real significado y, en muchos casos, siquiera conocerlos. ¡Deprimente pero real esta lamentable situación!
¡Descubramos toda la mitología que nos enajena¡ ¡Despertemos! ¡Liberémonos de estas falsas creencias que nos atan de pies y manos dejándonos indefensos a merced de las argollas que nos explotan y humillan y, recuperemos nuestra esencia humana libre, solidaria, digna, integralmente saludable y construyamos nuestro mundo de bienestar pleno en respetuosa convivencia con nuestro medio ambiente natural!
«La calidad de vida de la mayoría se degrada para que una minoría mantenga sus privilegios»    Declaración del Partido Comunista de España.
(*) Luis Ángel Salazar Oses es profesor jubilado de Filosofía en la Universidad de Costa Rica

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