jueves 6, octubre 2022
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Agua para combatir el calor y calmar emociones en la misa papal en Guayaquil

Guayaquil, 6 jul (EFE).- Mucho calor tuvieron que soportar hoy los miles de fieles que se congregaron en el Parque Samanes de Guayaquil para presenciar la misa oficiada por el papa Francisco, un acto que desató grandes emociones entre muchas familias, pues el papa dedicó buena parte de su homilía a este elemento nuclear de la sociedad.

Los gritos de júbilo estallaron cuando Francisco abordó el papa móvil para recorrer el área donde se celebró la misa multitudinaria, seguida por cientos de miles de personas, según las estimaciones de las autoridades.

Los miles de católicos presentes dieron la bienvenida a Francisco con banderas y pañuelos a su paso por los 32 bloques en que fue dividido el lugar para acoger al público, un trayecto que duró unos quince minutos.

A pesar de la alta temperatura de la mañana en esta ciudad costera del suroeste ecuatoriano, los fieles se agolpaban junto a las vallas de protección para ver al papa y darle las gracias por visitar el país. Al paso del vehículo papal podían leerse pancartas con rimas y expresiones de cariño.

Uno de los asistentes fue Fabián Villavicencio, colaborador de una parroquia en el suroeste de la ciudad hace más de diez años, quien destacó la importancia del momento.

«Que venga el papa a Ecuador y más aún a Guayaquil, es un evento que no pasa todos los días. Tenía que venir para orar y participar en la santa misa», dijo a Efe este católico, quien llegó de madrugada al Parque Samanes y esperó más de ocho horas la ceremonia eucarística.

Un tiempo similar tuvo que esperar Lolita Serrano, una sicóloga clínica de 50 años de edad que aguardaba al pontífice con la cabeza cubierta con una gorra para protegerse del intenso sol.

«Hace 30 años yo estuve aquí cuando vino el papa Juan Pablo II, ahora tengo la oportunidad de estar en la visita de Francisco; y si Dios me permitiera ver muchos papas más yo estaría gustosa», aseguró a Efe la profesional guayaquileña.

Serrano afirmó que aprovecharía la misa para pedir por su salud, una de las principales peticiones de los católicos presentes en la ceremonia, algunos de ellos llegados en sillas de ruedas a causa de enfermedades.

Cuando el papa culminó el recorrido y entró a la sacristía para prepararse para oficiar la ceremonia, el Parque Samanes quedó en silencio y la gente comenzó a acercarse a las pantallas gigantes para poder observar los pormenores de la eucaristía.

Durante toda la misa, los fieles tuvieron que soportar el intenso calor con la ayuda de voluntarios que entregaban fundas con agua, mientras miembros del Cuerpo de Bomberos les rociaban con el líquido elemento para refrescarlos.

Sin embargo, la alta temperatura afectó a varias personas y solo en el cuadrante B5, desde las 06.00 hasta la mitad de la misa, voluntarios Cruz Roja y del Ministerio de Salud atendieron a 31 personas por deshidratación e insolación, según se informó.

«Cuando la persona llega a la carpa de atención, lo primero que hacemos es tomarle los signos vitales y tratar de estabilizarla para detectar el cuadro que tiene y evitar más complicaciones», explicó Gonzalo Jadán, coordinador de Gestión de Riesgo que estaba en este cuadrante.

La parte de la misa que más atención captó del público fue la homilía del papa, que se centró en la familia, lo que hizo que varias personas que llegaron en grupo al parque se abrazaran y hasta se tomaran de las manos durante varios minutos.

Al final, la bendición del Papa y su frase: «recen por mí» desató aplausos, sonrisas y otras expresiones de alegría de muchos de los católicos, que después abandonaron el Parque Samanes en diferentes direcciones.

Mientras, el papa Francisco bajó del templete y se dirigió al vehículo con el que se trasladó hasta el Colegio Javier para asistir a un almuerzo y a una reunión con miembros de la iglesia local. EFE

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