miércoles 28, septiembre 2022
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Ayunar o no ayunar, una disyuntiva en el frente de guerra sirio

Beirut, 10 jul (EFE).- Ayunar o no ayunar es el dilema al que se enfrentan estos días muchos combatientes en Siria, donde la batalla no da un respiro ni siquiera en pleno mes sagrado de ramadán y cada cual se las apaña como puede para cumplir con este precepto del islam.

En la actualidad, hay cientos de frentes abiertos en este país y ofensivas en pleno desarrollo, en las que son necesarias todas las fuerzas posibles para rendir al máximo en los combates.

El Ejército sirio da libertad a sus soldados, mientras que las facciones opositoras siguen diversos criterios.

«Nosotros recomendamos a nuestros hombres que no ayunen en las grandes batallas, porque necesitan todas las energías», explica en declaraciones a Efe por teléfono el portavoz del rebelde Frente Sureño, Esam al Rayes.

Esta organización, vinculada al moderado Ejército Libre Sirio (ELS), inició este mes un ataque contra las zonas bajo el control de las fuerzas leales al presidente Bachar al Asad en la ciudad meridional de Deraa.

Al Rayes matiza que el Frente Sureño «aconseja pero no ordena» a sus milicianos no ayunar. De hecho, «hay muchos que no nos hace caso y lo hacen», agrega.

Esto supone que algunos guerrilleros se pasen largas horas sin comer, beber o fumar, porque «la batalla no se detiene a la hora del ‘iftar», comida con la que se rompe el ayuno diurno a la caída del sol.

Al atardecer, «los que ayunan intentan beber agua lo antes posible para no deshidratarse y comen cuando pueden», detalla el portavoz.

El Frente Sureño proporciona normalmente a sus fuerzas la comida, que consiste en pan y alimentos enlatados como atún, y ocasionalmente, mermelada.

Esta dieta tampoco se ve alterada durante el Ramadán, con lo que el «iftar» de quienes lo siguen durante la lucha es frecuentemente un bocadillo de atún, a diferencia de los festines que se celebraban en tiempos de preguerra, antes de marzo de 2011.

Otros han optado por saltarse el ayuno este mes y lo recuperarán más adelante, cuando lo permitan las circunstancias.

Así lo hacen los combatientes del Frente Islámico, uno de las principales alianzas armadas islamistas del norte de Siria, que en los últimos meses ha conquistado casi toda la provincia septentrional de Idleb junto a otras facciones.

Su portavoz, Islam Alush, afirma a Efe por internet que «si hay enfrentamientos o un trabajo duro (los guerrilleros) comen y beben, pero deben ayunar después», porque, subraya, el islam lo ha establecido así.

A este respecto, la Organización Sham (Levante) Islámico, vinculada a la oposición, ha emitido una fetua o edicto religioso, que estipula que está permitido no cumplir el ayuno si los combatientes viajan o no están establecidos siempre en el mismo sitio.

Aquí, se aplicaría la misma regla que a los viajeros en general, es decir, que pueden comer y beber mientras estén fuera de sus casas y recuperar el ayuno después.

En el caso de los guerrilleros que permanecen en un lugar, los ulemas (expertos religiosos) advierten de que tienen que ayunar si no les supone un gran esfuerzo y no combaten.

Sin embargo, «si luchan durante el día y, especialmente, con el calor del verano» pueden tomar agua y alimentos.

Los ulemas justifican esta decisión en base a textos religiosos que sostienen que la yihad o guerra santa es una obligación más fuerte que el Ramadán, y que el ayuno debe practicarse siempre y cuando no cause perjuicio a la persona.

El líder de la brigada Yusef al Ozma, Basam Hayi Mustafa, está de acuerdo con este punto de vista porque «ayunar afecta a la batalla».

Por ello, «la mayoría de los que luchan no lo cumplen», indica a Efe por internet Mustafa, cuyo grupo, vinculado al ELS, está inmerso en la ofensiva de los rebeldes contra el régimen en el oeste de Alepo, la mayor ciudad del norte de Siria.

No obstante, «los que optan por almorzar con normalidad se esconden y comen lejos de las miradas del resto», apunta.

Mustafa coincide con Al Rayes en que la guerra no entiende de horarios para comer, con lo que los enfrentamientos no suelen detenerse a la hora del «iftar» para aquellos que ayunan.

Aun así, «hay quienes se sientan, comen y se toman un descanso, si pueden», dice el dirigente rebelde.

Lejos queda la época en que el Ramadán en Siria era un período de espiritualidad, recogimiento y banquetes con la familia y vecinos.

Y es que poco hay que celebrar en un país, resquebrajado por la guerra y donde muchos no tienen ni un mendrugo de pan para llevarse a la boca. EFE

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