domingo 25, septiembre 2022
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México sufre sacudida política y moral por fuga del jefe narco «El Chapo»

La titular de la Procuraduría General de la República (PGR), Arely Gómez, muestra una fotografía del narcotraficante Joaquín «El Chapo Guzmán«

México, 14 Jul (Sputniknews.com).- México ha sufrido una sacudida política y moral tras la espectacular fuga del mayor jefe narcotraficante del continente, Joaquín El Chapo Guzmán, quien escapó de la principal prisión de máxima seguridad, el fin de semana, coinciden este lunes expertos en seguridad e inteligencia.

En el centro del torbellino está la credibilidad y la confianza en el gobierno del presidente Enrique Peña, quien iniciaba una histórica visita de Estado a Francia, desde la cual manifestó —entre expresiones de «indignación» y «consternación»- que se trata de «una afrenta contra el Estado mexicano», pero no canceló la gira, como le exige la oposición.

El mandatario mexicano «está obligado a hacer cambios relevantes en su Gabinete, alguien debe hacerse responsable de la fuga, si el Presidente no actúa de esa manera el costo político será enorme para él», dijo a Sputnik Nóvosti el politólogo Rubén Aguilar Valenzuela, autor de dos libros críticos sobre el fracaso de la guerra contra las drogas impulsada por EEUU en el mundo.

Ante la desconfianza de la ciudadanía, cuando El Chapo fue apresado en febrero del año pasado 2014, con apoyo de inteligencia de Washington, tras su primera fuga en 2001, el periodista León Krauze preguntó por TV en vivo al mandatario si era conveniente extraditarlo a EEUU.

La repuesta fue tajante: «El Chapo no podrá escaparse una segunda vez, sería imperdonable», dijo entonces Peña.

El Presidente había empeñado su palabra y encomendó esa delicada tarea al principal responsable de la política Interior, el secretario de Gobernación, Angel Osorio Chong.

«Y no la ha cumplido, por lo tanto el Presidente tiene que hacer valer sus palabras», enfatiza el autor de «La Guerra Fallida», y de «Los Saldos del Narco», en coautoría con el excanciller Jorge G. Castañeda.

Un ambiente de desolación y desesperanza se ha extendido en todos los medios de la opinión pública mexicana por la fuga del enemigo público número uno, sin contar con el ácido humor negro mexicano a la hora de las tragedias.

La orden dada al secretario Osorio Chong para que regresara de Francia a encabezar la persecución no ha calmado los ánimos sombríos.

«Para la sociedad mexicana que ve en El Chapo a un criminal que ha cobrado muchas vidas, es muy difícil creer en la investigación si es puesta en manos de las autoridades de inteligencia, seguridad nacional y procuración de justicia que ya fallaron, y son los primeros responsables», dice Aguilar Valenzuela.

El capo líder exportador de cocaína a EEUU, que ha sido el numero uno de la lista de delincuentes más buscados por EEUU, tras ser abatido Osama Bin Laden, no sólo ha mostrado su inmensa capacidad corruptora.

«Ha planteado un desafío del tamaño del espectacular poder de vulnerar el más sofisticado mecanismo del principal presido del Estado, que había sido impenetrable, es un golpe político brutal», remata el autor.

El presidente ausente

En días de la fiesta nacional de Francia, Peña aparece ante el mundo desafiado por la endémica corrupción que corroe al Estado mexicano, de un aparato de seguridad ineficiente, sin profesionalismo de sus máximos operadores, lo cual avergüenza a los mexicanos, como se desprende de la ola negativa de desencanto en los medios.

En pleno viaje hacia París, en una escala en Canadá, «la llamada para avisar de la fuga abrió la más profunda y grave crisis política que ha vivido Peña, no es una crisis coyuntural ni siquiera de seguridad», opina Carlos Fernández Menéndez, autor del libro «Las FARC de Colombia en México», basado en informes de inteligencia.

El desafío no es sólo buscar funcionarios responsables, «sino realizar los cambios profundos que se requieren en la seguridad del país y que no se efectuaron después de la primera fuga de El Chapo y tampoco en los años posteriores», considera Fernández Menéndez.

Esos cambios han sido demorados «por desidia, por falta de apoyo político, porque se quiere enmascarar la situación que vive el país con medidas cosméticas que no van al fondo de la enfermedad: la base de la pirámide está endeble o simplemente podrida», afirma el autor.

El capo, a quien la revista Forbes le llegó atribuir una riqueza de 1.000 millones de dólares, esta vez no se fue en un carro con ropa sucia de la lavandería por la puerta del penal, sino utilizando un túnel de 1.500 metros de largo hasta su regadera, a 10 metros de profundidad, desde una casa en la periferia, entre cultivos de maíz para el cual debieron extraerse unos 400 camiones de volteo, según expertos.

El tema de la seguridad nacional no estuvo presente en el plan de reformas estratégicas del Pacto por México impulsado en el Congreso por Peña (2012-2018), concentrado en una reforma económica, fiscal, energética y sobre todo petrolera.

La segunda fuga representa «la crisis del aparato de gobierno que él destruyó por su autoritarismo; y la crisis del sistema de justicia, de seguridad, y del aparato de inteligencia», dijo a la revista Proceso, el general Jorge Carrillo Olea, creador del Centro de Investigaciones de Seguridad Nacional (CISEN).

Carrillo olea fue la primera autoridad mexicana que atrapó al Chapo hace más de 20 años, cuando le fue entregado por quien ahora es el presidente de Guatemala, Otto Pérez: «Es el reflejo de una crisis de liderazgo personal de Peña Nieto, de un exceso de autoritarismo y de una enorme cantidad de desplantes».

Otro exdirector de la Inteligencia de México, Guillermo Valdés, considera que la fuga «es producto de un servicio de inteligencia fallido y causará altos costos para el Estado, es una tragedia porque revela la debilidad de las instituciones y de las penitenciarías; y es más vergonzoso que sabiendo que El Chapo era el señor de los túneles».

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