domingo 5, febrero 2023
spot_img

«Salario»

«Salario en el capitalismo: expresión monetaria del valor (del precio) de la fuerza de trabajo vendida por el obrero asalariado al capitalista. Es un exponente de las relaciones de explotación a que los capitalistas someten a los obreros.»…»Lo que se paga en forma de salario no es toda la jornada sino únicamente la parte en  la que se reproduce la fuerza de trabajo; durante la otra parte no pagada de la jornada de trabajo, el proletariado crea la plusvalía, de la que se apropia el capitalista…»         Diccionario marxista de economía política. Tercera reimpresión, julio de 1979. Ediciones de Cultura Popular S.A. México.
La cita es más extensa y sumamente interesante pero  por razones obvias de espacio, únicamente reproducimos estos textos que, en principio, nos ayudarán a entender el por qué se ha desatado este ataque tan frontal y vigoroso por, parte de un grupo de diputados de nuestra Asamblea Legislativa, de los economistas del stablishment y los más importantes medios de «comunicación» del país, contra los salarios, anualidades, dedicación exclusiva, pensiones, etc., de nuestros empleados públicos y, como esperamos dejar claro, en particular contra los salarios y semejantes expectativas de las y los trabajadores privados.
Nótese que en la definición se hace referencia a los salarios «en el capitalismo», lo que nos obliga a recordar que «la explotación del hombre por el hombre» ha pasado por varias etapas -esclavista, feudal y ahora capitalista- cuyo desarrollo empezó con un gran robo- que hoy con más vigor e impunidad se mantiene plenamente vigente- de los medios más importantes de producción como la tierra y sus recursos, los instrumentos de trabajo, vehículos, edificaciones, etc., por parte de grupos sociales muy pequeños que emplearon, como motivación original, su preponderancia en la división natural de trabajo por sexo, fuerza y demás particularidades fisiológicas y que precedió, generándola, a la división social del trabajo que separó, por ejemplo, a los amos de los esclavos, a los feudales de los ciervos y hoy, a la burguesía capitalista neoliberal -que posee abundantemente los evolucionados medios de producción- del proletariado y de todos los demás trabajadores -obreros, profesionales públicos y privados,etc.- que se ven obligados a venderles, a cambio del salario de marras, su fuerza de trabajo.
La rebelión de los desposeídos y explotados no se hizo esperar y pronto empezaron las consecuente luchas y posteriores guerras. La argolla dominante organizó la defensa de sus ilegítimos privilegios desarrollando dos recursos fundamentales, a saber, la fuerza bruta mediante la creación y empleo de cada día más mortíferas armas, y la persuasión -manipulación, domesticación- de las mentes de sus vasallos convenciéndoles, a base de rudimentarias formas de educación y de la predica religiosa de sacerdotes secuaces, que ellos eran los elegidos y protegidos por los dioses para gobernarles a su antojo. Por cierto, estos recursos han ido evolucionando y hoy día la primera constituye los aparatos represivos del Estado (ARE) como el gobierno mismo, la administración, el ejército, la policía, los tribunales, las prisiones, etc, y, la segunda, se manifiesta en los aparatos ideológicos del Estado (AIE) como los religiosos, el escolar, el familiar, el jurídico, el político, las cámaras patronales, el cultural oficial, y el de «información»: prensa, radio, televisión, etc. Pese a todo este poderoso arsenal material e ideológico, las y los explotados se han revelado constantemente y, aunque los han convertido a través de la historia en esclavos, ciervos, y trabajadores proletarios, a finales del Siglo XIX lograron tales avances que, apoyados ideológicamente por las teorías socialistas, tanto utópicas como las científicas, propuestas estas últimas por Marx y Engels, que predican la socialización de los medios de producción y de las ganancias que generan, han obligado a los capitalistas -y a su Iglesia- a fundar las doctrinas reformistas, que proponen cambios graduales hacia una sociedad igualitaria tan lentos, que jamás se alcanza, como la Socialdemocracia y el Socialcristianismo, que estuvieron de moda en el mundo occidental hasta la desaparición de la URSS -1990-91-, primer Estado Socialista alcanzado por el proletariado, que se derrumbó, a nuestro entender por falta de una aplicación más rigurosa de la Dictadura del Proletarido, que sabiamente predicó Marx, en contraposición con la vigente dictadura burguesa.
La desaparición de la URSS envalentonó al capitalismo que se desató, como Neoliberalismo, con tal energía y violencia contra el sector laboral, que sistemáticamente ha logrado arrebatarle al Pueblo trabajador muchas de sus conquistas, vía dictaduras tipo Pinochet en chile o, como en nuestra Patria, vía contrarreformismo neoliberal.Acá en Costa Rica. a partir de nuestra independencia de España y, como bien lo documenta Samuel Stone en su obra clásica «La Dinastía de de los Conquistadores», una élite, originalmente cafetalera, se apoderó de los medios de producción más importantes de la época, instaurando así su hegemonía económica, política, social e ideológica sobre la gran mayoría restante de nuestra población y en detrimento de sus legítimos Derechos Humanos, situación que, luego de haber transitado, durante el pasado siglo, por diferentes formas de enfretantamiento entre ricos y pobres, se decantó, ante la presión de las luchas del sector laboral, en la década de los cuarenta, hacia el reformismo, tendencia que se mantuvo desde entonces, en los dos  partidos con mayor vigencia el PLN -socialdemócrata- y el PUSC -socialcristiano- transformados, al igual que sus pares del resto del mundo, a partir de la debacle del socialismo soviético, en feroces neoliberales, a los que se han unido los del partido Libertario, un reducido sector del PAC y los oportunistas pseudocristianos, decididos a arrebatarles todas las conquistas alcanzadas en la época reformista por nuestro pueblo trabajador.Así la cosas, la arremetida que las y los representantes de estos partidos neoliberales en «nuestra» Asamblea Legislativa, apalancados, tanto por las cámaras que reunen a los grandes empresarios, como por sus AIE, en particular la gran prensa, radio y televisión, contra los salarios y demás legítimas reivindicaciones supra señaladas, tiene, entre otros, los siguientes propósitos: primero, arrebatarle estas conquistas que el sector laboral estatal ha obtenido mediante inumerables luchas, huelgas y todo tipo de sacrificios y emplear este criminal despojo como argumento -creo que este es uno de sus principales fines- para mantener reprimidos, y de ser posible rebajar, los salarios de los trabajadores del sector privado, arrebatándoles también cualquier legítima expectativa de firmar convencioes colectivas y adquirir los demás derechos, que han conquistado sus pares del sector público; segundo, provocar una injustificada lucha entre trabajadores públicos y sus hermanos privados para, divididos, vencerlos y mantenerlos cada día más oprimidos y explotados. Tercero, liberar a las grandes empresas nacionales y transnacionales, que evaden y eluden una cantidad enorme de impuestos que equivale, según cálculos conservadores, a catorce puntos del PIB -cuyo déficit es de seis puntos- de cualquier auténtica reforma tributaria que haga valer aquella legítima aspiración del expresidente Alfredo González Flores «..que el rico pague como rico y el pobre como pobre…»; cuarto, debilitar presupuestariamente al Estado costarricense para reducirlo, vieja aspiración por cierto del liberalismo económico, al papel de su policía protector y privatizador, a favor de la argolla económicamente gobernante, de las obras públicas que un Estado socialmente responsable debe suplir a su pueblo: salud, educación, energía, telecomunicaciones, vías de comunicación, vivenda, etc, y, cuarto, prolongar y hacer más humillante, explotadora e ilimitada la dictadura de la burguesía sobre el proletariado.

De nuevo debemos plantearnos la pregunta ¿qué hacer?, que hemos de contestar con toda seriedad y rigurosidad, pues de esta respuesta depende el futuro del Pueblo trabajador, honesto, responsable con sus deberes sociales, solidario, amante de la justicia, la paz y el bienestar integral para todas y todos, respetuoso de la Madre Naturaleza que tanto destruye, por cierto, la expoliación capitalista. Solamente para inspirar mejores respuestas planteamos las siguientes: primera: buscar la información integral más objetiva posible sobre este ataque que hoy sufre nuestra clase trabajadora; segundo, avisar, informar y ante todo, alertar, al sector laboral sobre este terrible problema, sus causas, sus posibles soluciones y lo fundamental de su total participación en las actividades necesarias para resolverlo; tercero, unir monolíticamente al sector laboral, superando las viejas rencillas internas con mutua e inteligente tolerancia; cuarto, establecer y fortalecer alianzas estratégicas con los sectores políticos que honestamente defienden las banderas de nuestro Pueblo trabajador, como la del Frente Amplio con los sectores progresistas del PAC y la coalición sindical Patria Justa; cuarto, buscar Alianzas con las micro, pequeñas y medianas -mipimes- empresas que, asfixiadas y muchas veces arruinadas por estos grandes y voraces consorcios industriales y comerciales nacionales y transnacionales, verán muy mermados sus ingresos pues sus clientes provienen, sobre todo, de la clase trabajadora nacional.Nuestra quinta respuesta sugerida es la de entender claramente que, tanto el orígen del proceso de despojo que hoy sufrimos como Pueblo trabajador, como el de las ancestrales pobrezas, miserias y humillaciones que en  tal carácter hemos padecido y hoy amenazan con aumentar, está en la fraudulenta apropiación de los medios de producción por parte de las argollas usurpadoras que, validas del poder que les ha dado esta posesión, procedieron a privatizar las ganancias, que vía plusvalía robada obtienen, y a socializar el trabajo y las pérdidas eventuales, entre la mayoría restante de las la humanidad. De esta manera, quedaron ellos como parásitos vagabundos -grandes propietarios directos y accionistas de las grandes compañías nacionales y tansnacionales- y a salvo de cualquier ruina mientras que, en cruel contraste, las y los pobres del mundo quedamos condenados «a ganar nuestro pan con el sudor de nuestras frentes» y a reembolsarles cualquier pérdida, como hoy lo hacen los pueblos cuyos gobiernos se han sometido a los dictados del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el Banco Central Europeo y la misma Unión Europea. Consecuentes con lo anterior, la sexta recomendación es que constituyamos un gran frente amplio nacional e internacional que obligue -por la razón y por la fuerza- a las oligarquías nacionales y transnacionales, a devolver lo robado, procediendo el Pueblo de inmediato a socializar, ahora sí, los medios de producción, las ganancias y el trabajo que, en adelante realizaremos con tanto gusto y solidaridad, que construiremos un nuevo mundo de solidaridad y bienestar integral para todas y todos en armonía con la Naturaleza. No es un sueño, todo lo podemos realizar porque unidos somos infinitamente más y más fuertes.
(*) Luis Ángel Salazar Oses es profesor jubilado de la UCR.

Más noticias

2 COMENTARIOS

  1. Hace rato que no leia un manifiesto como este.Que tiempones aquellos de la Universidad,protestas,huelgas,debates ideologicos.
    Algunos amigos se mantuvieron de estudiantes eternos y otros hasta pasaron a la facultad o bien diputados o embajadores.
    Tuve hijos muy joven,y las obligaciones y la realidad me hicieron buscar trabajo y alinearme.Ser pragmatico y esceptico.
    Juventud divino Tesoro, te vas para no volver…..

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Últimas Noticias