jueves 1, diciembre 2022
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Hungría deja salir a miles de refugiados hacia Occidente

Inmigrantes hacen cola para comprar sus billetes con destino a Múnich, Alemania en la estación de Keleti en Budapest, Hungría, hoy 31 de agosto de 2015, después de que se anunciara que los inmigrantes con documentos de identidad podrán abandonar el país. La estación se ha convertido desde hace semanas en una zona de tránsito para cientos de refugiados que, después de entrar en Hungría desde Serbia, quieren seguir hacia países más ricos de Europa, principalmente Alemania. EFE/Tamas Kovacs

Budapest/Múnich, 31 ago (dpa) – Nadie lo esperaba: como por arte de magia el lunes por la mañana desapareció la policía de la estación del Este de Budapest. Durante días, las fuerzas de seguridad húngaras habían impedido a los refugiados ascender a los trenes en dirección a Viena y Múnich.

La noticia se extendió como reguero de pólvora entre los hasta 2.000 inmigrantes que estaban varados en esa estación de tren y en otras, donde se habían instalado «zonas de tránsito» para los refugiados.

El trato de Hungría hacia las personas que huyen de la guerra y la miseria en Oriente Medio y África no es bueno. El sábado, el Ministerio de Defensa húngaro anunció la terminación de la valla de alambre de púa de 175 kilómetros, que separa la frontera con Serbia y con la que se espera impedir el paso de los refugiados.

Con el control de la estación de tren en Budapest la policía húngara cumplía con la legislación de la Unión Europea (UE). Según el Acuerdo de Schengen, que permite el libre movimiento de ciudadanos que hayan entrado oficialmente por una frontera exterior o residan en uno de los países que integran el tratado, Hungría no debía permitir el traslado a Austria o Alemania de personas que no tengan el visado para estar en el bloque.

Por el momento no está claro qué fue lo que motivó a las autoridades húngaras a cambiar de actitud. «La señora Merkel intervino y habló con (el primer ministro húngaro) Viktor Orban para que podamos seguir», afirmó un refugiado sirio. Pero no hay indicios de que así fuera.

Tampoco resultaron ciertos los mensajes de Twitter que hablaban del envío de trenes especiales de Alemania para recoger a los refugiados en Budapest.

La eliminación del control en la estación del Este en Budapest desató una gran euforia entre los miles de refugiados hacinados allí. Frente a las boleterías se formaron filas interminables. Algunos disturbios más pequeños fueron inevitables mientras la gente se amontonaba en los andenes donde estaba prevista la salida de los trenes. El «Railjet» (tren rápido), que tenía que partir a las 11:10 horas, salió de la capital húngara con más de dos horas de retraso.

Con el correr de las horas se hacía cada vez más evidente que las autoridades húngaras no habían acordado con sus colegas austriacos.

En la estación fronteriza húngara de Hegyeshalom se paró un tren repleto de refugiados. Los Ferrocarriles Federales Austríacos (ÖBB) rechazaron asumir el control debido a la sobrecarga. No es posible realizar una operación segura bajo estas circunstancias, comunicaron.

Además, oficiales austriacos subieron al tren para controlar a los cerca de 150 refugiados a bordo, según confirmó un portavoz de la policía en Viena. Quien ya solicitó asilo en Hungría no puede entrar en Austria, señaló. El resto fue llevado a Viena en un tren regional.

Las personas que reaccionaron rápidamente y tomaron el primer «Railjet» tuvieron más suerte. En el tren que llegó a la tarde a la estación central de Múnich procedente de Budapest se encontraban unos 30 refugiados, sobre todo hombres jóvenes, pero también algunas familias con niños pequeños.

Uno de ellos es Mohammed, quien huyó de Afganistán hace dos meses. «A veces he caminado, a veces me ha llevado un auto, a veces tuve que tomar un barco», cuenta. Su huida a través de la llamada ruta de los Balcanes lo llevó a través de Turquía, Bulgaria, Serbia y Hungría hasta Múnich.

El joven, de 23 años, huyó de Afganistán tras recibir varias amenazas de muerte de los talibanes. En su país trabajaba como mecánico para la tropa internacional ISAF, motivo por el cual recibía las amenazas. «Tres veces me advirtieron de que me iban a matar pronto», dijo.

La mayoría de los otros refugiados provienen de la guerra civil en Siria. Solo muy pocos hablan apenas unas palabras de inglés. La peor experiencia en su largo viaje la hizo en Hungría, relató una refugiada de Irak. Durante cinco días casi no tuvo nada para comer, señaló.

Otro recién llegado muestra en un video tomado en su celular las protestas registradas en la estación de Budapest cuando los inmigrantes exigían poder trasladarse a Alemania.

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