martes 6, diciembre 2022
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«Hand in hand», una escuela para árabes y judíos en Israel

Jerusalén, 8 sep (EFE).- En seis escuelas de Israel 1.350 niños árabes y judíos comparten aula, aprenden la lengua del otro, juegan juntos, hablan de la historia de sus familias y construyen codo con codo («Hand in hand») comunidades integradoras en una sociedad resquebrajada.

Cuando Fadi Suidan se mudó a Jerusalén con su familia, buscó una alternativa en un sistema de escuela pública que separa a los niños y perpetúa un modelo de sociedad donde los menores judíos y árabes no tienen apenas espacios de encuentro.

Ahora su hija de ocho años, árabe, estudia en uno de los seis centros que la red de escuelas «Hand in hand» ha creado desde 1998 con financiación pública, ayuda extranjera y una cuota anual de 1.300 dólares, similar a la de algunas escuelas especializadas.

«En esta escuela, especialmente en los momentos más duros como en la guerra de Gaza del año pasado, hemos salido a decir que, pase lo que pase fuera de estos muros, queremos estar juntos», explica Suidan a Efe en una de las aulas del centro que la red tiene en Jerusalén.

En esa aula se vivió el pasado diciembre el capítulo más duro de la historia de estas escuelas: tres jóvenes judíos de una organización radical quemaron una de las aulas después de irrumpir en el centro aprovechando que estaba vacío y tras dejar pintadas racistas contra los árabes y contra la convivencia.

«En ese momento fue cuando más nos dimos cuenta de que éramos un objetivo. De que hay algo en el mero hecho de estar juntos que es muy ofensivo para alguna gente», cuenta a Efe Noa Yammer, una joven judía de Estados Unidos que vive desde los 18 años en Israel y coordina la comunicación de esta red de escuelas.

«El año pasado fuimos objetivo de varios ataques, la mayoría por parte de extremistas judíos, fundamentalmente con pintadas racistas contra los árabes. (…) Tenemos mucha gente que nos apoya, pero hay muchas otras personas que no están interesadas en esto», añade.

Ese ataque fue para «Hand in hand» un recordatorio de lo arriesgada que es su propuesta en una sociedad partida por el conflicto israelí-palestino, pero también les sirvió para comprobar que muchos ven en su modelo integrador el único futuro posible.

Al día siguiente del suceso, centenares de personas se acercaron al centro en solidaridad con la escuela y una semana después ya eran más de 2.000 los que se manifestaban en defensa de su modelo.

El ataque puso a la escuela bajo los focos y por ella desfilaron numerosos políticos y líderes comunitarios, tanto árabes como judíos.

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, recibió a los niños del centro en su casa, y el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, invitó a dos de ellos a la Casa Blanca.

La comunidad de «Hand in hand», que aglutina a más de 3.000 personas, salió fortalecida tras un ataque que subrayó lo necesario de su misión integradora, y continúa determinada a seguir creciendo: el objetivo es llegar a los 15 centros en los próximos años.

Ahora la red tiene a 1.350 alumnos repartidos en seis centros de Jerusalén, Galilea, Wadi Ara, Tel Aviv, Yafo y Tira, donde no sólo se educa a los niños en la tolerancia sino que se involucra a sus familias con programas comunitarios que van desde el deporte hasta la recaudación de fondos para las víctimas del conflicto.

En estas escuelas los niños no sólo aprenden la lengua del otro sino también una narrativa diferente a la que escuchan en casa: los libros de historia incluyen tanto el relato israelí como el palestino.

En esa asignatura, la más delicada, un profesor árabe y un profesor israelí les presentan los hechos históricos junto a las dos versiones para inculcarles tolerancia y enseñarles que lo importante no es estar de acuerdo sino estar dispuesto a escuchar al otro.

Esta red de escuelas tiene también su propio calendario escolar: todos los niños celebran con normalidad los festivos judíos, cristianos y musulmanes.

Más complejo es el momento de abordar las festividades nacionales del Estado de Israel, como el día que conmemora la declaración de independencia del 14 de mayo de 1948.

«Para los judíos ese día es ese momento milagroso en el que, después de años de persecución y del Holocausto, tienen su tierra. Pero los palestinos recuerdan ese día como una catástrofe nacional, el momento en el que sus familiares fueron expulsados de sus casas, se convirtieron en refugiados, el momento en que se perdieron muchas vidas y propiedades», relata a Efe Yammer.

«En la escuela no hemos encontrado la solución perfecta, pero damos la posibilidad a los niños de que hablen de sus propias historias, de cuál es el punto de vista en su casa, de lo que vivieron sus familiares», explica la joven judía.

Esa es la misma filosofía que aplican para abordar los momentos más duros del conflicto hoy en día, como la guerra en Gaza del año pasado.

«Entonces los padres nos reunimos en la biblioteca y lloramos juntos por la situación que había fuera de la escuela. Un judío le decía a un árabe que esperaba que sus familiares en Gaza no resultaran heridos y el árabe le contestaba que deseaba que su hijo (soldado) volviera sano y salvo de Gaza», cuenta a Efe Suidan.

«Este es el único lugar de Israel donde puedes ver algo así», concluye Suidan, uno de los miles de padres determinados a que sus hijos desarrollen su identidad en una escuela diversa, como semilla de una sociedad más integradora. EFE

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