martes 30, noviembre 2021
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Cuando el Estado oculta información, miente

Ni la desigualdad extrema ni la pobreza son fenómenos inevitables. Son el resultado de opciones políticas que pueden corregirse con voluntad política y un marco de verdadero consenso nacional. La política fiscal, con sus dos caras de ingresos e inversión, es la política pública más potente y eficiente para lograrlo. Y es una opción de gobierno. Pero todos los países – y en especial el nuestro -, en mayor o menor medida, se encuentran con un problema común a la hora de plantear la construcción de sistemas fiscales más justos e incrementar la recaudación: el coste que supone para las arcas públicas la fuga de recursos por la evasión y elusión fiscal de las grandes empresas no se menciona en ninguna de las comunicaciones oficiales, o no se señala en los medios de comunicación masiva, que por lo general son parte del problema de la evasión. Y cuando el Estado oculta información, miente.

La evasión y elusión fiscal de las grandes empresas en nuestro país tiene un coste en vidas humanas y amenaza la capacidad del Estado a la hora de poner en marcha políticas que reduzcan la desigualdad, la lucha contra la pobreza y garanticen la dignidad de las personas. Los privilegios de unos pocos son sacrificios para el resto de la ciudadanía.

La responsabilidad de los gobiernos que pudiendo optar por cortar de raíz estas prácticas e imponer sanciones a los que intencionadamente burlan los límites de la ley, o exigir mayor esfuerzo a los que más tienen, se rinden aparentemente ante la presión que estos puedan ejercer o el temor a la movilidad del capital. Pero las empresas eligen sus prácticas y son muchas las que optan estirar al máximo los límites de la ley para pagar lo menos posible, dando la espalda a las necesidades del conjunto de la ciudadanía.

El problema reside esencialmente en las debilidades del sistema, que permiten inmensas fugas de recursos vitales para el país. Las empresas actúan dentro del marco de la legalidad, pero sus prácticas corporativas generan un efecto perjudicial para la gran mayoría del país. La inoperancia, permisividad o connivencia de los gobiernos con estas prácticas es alarmante, y deja a la intemperie y sin recursos a las personas más vulnerables.

Los ingresos fiscales son la principal fuente de financiación de cualquier país. Su diseño y su suficiencia recaudatoria condicionan el potencial redistributivo del país y su capacidad para abordar un modelo de políticas públicas que garantice los derechos y la igualdad de oportunidades. Ampliar al máximo la capacidad fiscal es una precondición para plantear un modelo de progreso económico compartido y un marco para el desarrollo sostenible. Y es fundamental lograrlo con mayor equidad, para que el esfuerzo no recaiga de manera injusta y desproporcionada sobre quienes menos tienen.

Cuando en nuestro país se habla de déficit fiscal, en la más auténtica retorica neoliberal, se señala el gasto como su principal causa, lo cual no es del todo cierto. El Estado está ocultando la verdadera causa del problema: la alusión o la evasión fiscal de las grandes empresas. Todo el sistema se encuentra se encuentra podrido. Y cuando el Estado oculta información, miente.

Pero no se trata solo de algunas manzanas podridas. Es todo un sistema el que está enfermo, y los tratamientos son todavía insuficientes. Es fundamental una fuerte voluntad política (que no vemos por ninguna parte y que de manera ilusa esperábamos del Partido Acción Ciudadana) que corrija las disfunciones del sistema, haciendo frente a un gran fraude que afecta sobre todo a las personas más pobres que más necesitan de las políticas públicas para mejorar sus condiciones de vida.

La ocultación de grandes capitales por parte de figuras públicas, o las estratagemas de algunas grandes empresas para eludir (o sencillamente  no realizar) el pago de impuestos, tienen un efecto negativo y directo sobre la pobreza. Además, en el contexto actual de crisis, estas prácticas generan una inmensa frustración social. La ciudadanía no entiende que mientras se recortan derechos o se exige mayor esfuerzo a los que menos tienen, los gobiernos no sean implacables a la hora de frenar las fugas injustas y desleales de recursos. Los escándalos mediáticos que rodean usualmente las medidas gubernamentales para reducir el gasto están provocando encendidos discursos de algunos que se oponen a las actuaciones del gobierno, líderes políticos, pero tibias soluciones aún.

Y repito, cuando el Estado oculta información, como lo hace al no dar a conocer a los grandes evasores fiscales del país, miente.

Una de las definiciones que podríamos dar de la mentira es la siguiente: “No comunicar un asunto a una persona que tiene el derecho de saberlo“. Se trata simplemente de no comunicar lo que uno sabe. Por lo general, la persona que no quiere que los demás sepan la verdad utilizará el método de “ocultar la verdad”, ya que esto es relativamente fácil y tiene algunas ventajas; por ejemplo, la persona que oculta la verdad no tiene que crear historias ni datos falsos, por consiguiente, no tiene que tener cuidado en recordar los datos inventados para poder comunicarlos de nuevo en el futuro. Esta forma de mentir algunas personas no la consideran tan moralmente incorrecta como el falseamiento, ya que no se distorsiona la verdad ni se comunica datos falsos, y lo argumentan diciendo: “si solo comunico cosas que son ciertas y no digo nada falso, no estoy haciendo nada malo“.

En cambio, cuando se falsea la realidad las características son diferentes. Esta forma de la mentira se utiliza cuando no es suficiente ocultar la verdad, o cuando hay que complementar el ocultamiento para que una persona no llegue a la conclusión de que se le oculta algo. El falseamiento va un paso más allá que el ocultar, ya que en este caso sí hay que inventar o distorsionar la realidad para hacer creer a otra persona algo que no es cierto, e implica ciertas responsabilidades, como por ejemplo retener los datos ficticios en la memoria para volver a contarlos cada vez que alguien requiera esa información o el hecho de que se descubra por otras fuentes una verdad que contradiga lo que se falsea.

La evasión y elusión fiscal es una auténtica sangría para los países en desarrollo. La Comisión Europea y la consultora PriceWaterhouseCoopers estiman que los países en desarrollo podrían incrementar su recaudación fiscal sobre los beneficios empresariales en un 40% en cinco años si se pusiera fin a los abusos en los precios de transferencia de las grandes empresas.

Que las grandes empresas no paguen lo que les corresponde en los países en desarrollo es aún más problemático porque su recaudación fiscal depende en mayor medida de los ingresos tributarios sobre los beneficios empresariales, comparado con el resto de economías, donde el peso de la tributación recae principalmente en los impuestos sobre la renta personal del trabajo y sobre el consumo.

La obligación del Estado de informarnos a todos los ciudadanos sobre los grandes evasores fiscales no se cumple como debiera, lo cual demuestra que los poderes económicos controlan al poder político, y ello es mentirle al pueblo, Sobre todo cuando se presta al juego de endilgarle al gasto la responsabilidad de la crisis fiscal. La crisis no está allí, está en la evasión, el contrabando y  – sobre todo – en el ocultamiento del Estado de estas realidades para evitar que todos los ciudadanos presionemos fuertemente para que se corrija este sistema perverso.

Si el partido político en el gobierno no se ha dado cuenta que las manifestaciones públicas de los gremios son el anuncio de que ya los ciudadanos están hartos de las prácticas corruptas implementadas desde hace decenios, para favorecer los poderes económicos que sostienen a las agrupaciones políticas, están realmente despistados.

Aceptamos que en las agrupaciones laborales del Poder Judicial, la Asamblea Legislativa y las Instituciones autónomas del Poder Ejecutivo existen regímenes de personal perversos, absolutamente injustos y desproporcionados. Pero no aceptamos que sea esa la causa única del déficit fiscal. El deficit existe porque no se pagan los impuestos, sobre todo por las grandes empresas, y en especial aquellas vinculadas con los jerarcas de los partidos políticos tradicionales. Y no decir la verdad es mentir. Y cuando el Estado oculta información, miente.

(*) Alfonso J. Palacios Echeverría

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6 COMENTARIOS

  1. Seria bueno que se establecieran ejemplos y las cantidades que segun Alfonso,
    dejan de pagar dichas empresas.
    Lo que sorprende es pedir transparencia e informacion al estado,algo que la izquierda considera no se debe dar.

  2. Despues de sentir la administracion Solis el apoyo que este periodico ha dado al supuesto cambio durante un año y medio ,tratando de hacernos ver que todo lo malo proviene ya no de la derecha local , ni de la derecha de los EU. sino que obedece a una estrategia mundial , para cambiar el sistema monetario y propagar el fin del capitalismo.
    Que le va a importar a los cortoplacistas de turno dar una version real de esta fiesta . Lo peor de todo es que despues de esta borrachera , nos toca escuchar las bondades de la administracion y del cambio , por el analista politico Don Victor Ramirez, quien seguramente ya habra enpezado a ahorrar para comprar su yate como directivo del BNCR.

  3. “Aceptamos que en las agrupaciones laborales del Poder Judicial, la Asamblea Legislativa y las Instituciones autónomas del Poder Ejecutivo existen regímenes de personal perversos, absolutamente injustos y desproporcionados. Pero no aceptamos que sea esa la causa única del déficit fiscal. El déficit existe porque no se pagan los impuestos, sobre todo por las grandes empresas, y en especial aquellas vinculadas con los jerarcas de los partidos políticos tradicionales” Totalmente de acuerdo. Coincidentemente dos grandes evasores han sido quienes han lanzado una cortina de humo, para ocultar sus matráfulas, pretendiendo culpar a los empleados públicos del déficit fiscal; uno de ellos es un poderoso grupo de poder con inversiones en muchos campos, pero reconocido por el nombre de uno de los más emblemáticos medios escritos del país. El otro, un canal televisivo propiedad de una familia con mucho poder económico y por lo tanto también político. Para ese canal labora un periodista, de oriundo de Cartago, muy conocido por su aparente acucisosidad y ensañamiento cuando de denunciar e investigar irregularidades se trata. Por supuesto, al ser increpado por la ciudadanía en el caso de su patrono, el silencio ha sido su respuesta.

    • La evasion y elusion de impuestos existe.En CR son ,de acuerdo al Ministerio de Hacienda,467 empresas que contribuyen con el 70% de los ingresos del estado.
      Son empresas de vieja data.Tributacion las conoce de arriba abajo.Sabe lo que venden,saben los costos y saben cuanto ha de ganarse,basado en el producto, la economia del momento etc.Sabe ademas cuanto le debe pagar.
      Elusion y evasion existen en esas empresas,que todos conocemos,que tienen oficinas,funcionarios,automoviles,telefonos, equipo de trabajo,pagan patente de trabajo,pero oiga bien 0,si 0 en impuestos de la renta.
      Como le hacen , sepa ud ? de donde vienen los ingresos y con que fin, se pagan todos esos gastos.Es ahi donde tiene que caer Tributacion.

  4. En Panamá, no solo la ocultan, sino que la desaparecen. Después de la Invasión del 20 de diciembre de 1989, los norteamericanos encontraron cientos de cajas de información de todo el mundo.

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