viernes 2, diciembre 2022
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«Implacable y sin pausa»: la operación antiterrorista cerca de París

Por Peter Zschunke (dpa), París, 18 nov (dpa) – Cinco días después de los atentados que el pasado viernes dejaron 129 muertos en París, el horror volvió a la capital francesa. «Todo comenzó poco después de las 4:00 (3:00)» de la mañana del miércoles, cuenta Esten Tarwoz. «Nos despertó un ruido fuerte, tuve mucho miedo».

Esta ama de casa de 64 años y su marido llegaron hace décadas desde Argelia a Francia y llevan mucho tiempo viviendo en Saint Denis, un municipio al norte de París. En su barrio una mujer se hizo volar por los aires esta mañana durante la operación antiterrorista que llevó a cabo la policía francesa. Otro hombre murió durante un tiroteo con la policía y siete personas fueron detenidas.

Es difícil imaginar lo que tuvieron que aguantar los habitantes del lugar: más de 60 personas necesitaron ayuda psicológica tras la operación. «El ruido de las explosiones y disparos los perturbaron profundamente», dijo el médico de la Cruz Roja Jean-Marc Agostinucci.

Saint-Denis estuvo en estado de sitio durante la mañana. Los efectivos de las fuerzas especiales caminaban por la calle con la cara cubierta con pasamontañas, mientras la zona en torno a la esquina de la Rue de la République y la Rue du Corbillon era acordonada. Helicópteros sobrevolaban la zona, mientras llegaban las ambulancias, la Cruz Roja y los bomberos. En un pequeño cruce de calles los soldados aseguraban la plaza con fusiles de asalto.

«Es como una película», comentaba el profesor de deporte Bouboute Amrane. El hombre de 50 años salió a la calle, como otros muchos, para ver qué ocurría. «Tengo un mal presentimiento al pensar que vivo aquí en un barrio con terroristas», dijo.

Mientras tanto se sucedían los rumores: la situación era tensa, los policías parecían nerviosos y la operación no concluía. Los policías en el cruce aceleraban sus motos, luego frenaban, parecían indecisos.

Uno giraba a la izquierda, pero con un bocinazo otro le obligaba a dar la vuelta. Y junto a los precintos y vallas, los policías apartaban a aun lado a los peatones. Desde una ventana, una mujer en bata observaba los sucesos que parecían irreales.

La línea de metro 13 que lleva a Saint-Denis dejó de circular. Las carreteras de acceso a París fueron cortadas y en la Porte de la Chapelle colapsaba el tráfico en hora punta matinal. Quienes tenían que ir París a trabajar se vieron atrapados durante horas en un atasco o tuvieron que recorrer kilómetros a pie, como el joven de 21 años Naty Worku. «Estoy conmocionado y espero que pronto vuelva la normalidad», contaba el joven estudiante.

En el estadio de fútbol parisino Stade de France, en cuyos alrededores se hicieron explotar tres atacantes suicidas en la noche del viernes durante un encuentro de las selecciones francesa y alemana, la policía controlaba en tanto posibles automóviles sospechosos.

La operación de la policía tenía como objetivo a Abdelhamid Abaaoud, considerado cerebro de los atentados del viernes con 129 muertos, según dijo el fiscal general, François Molins. El belga de 28 años de origen marroquí vivía en el barrio Molenbeek de Bruselas, considerado feudo de islamistas, y se cree que luchó en Siria junto a la milicia terrorista Estado Islámico (EI).

En el Ayuntamiento, junto a la Catedral Gótica, el alcalde de Saint-Denis, Didier Pailard, ofreció un comunicado tras los atentados del viernes: el ataque de los terroristas se dirigió contra «lugares de diversidad, de juventud, de pluralidad social, de tolerancia y apertura frente a los otros», escribió en un mensaje dirigido a los más de 100 mil habitantes de la ciudad. Un mensaje de flamante actualidad: «Hoy igual que ayer es necesario un combate implacable y sin pausa contra el terrorismo».

Sanoko Abdoulaye no se sorprende de que la operación haya ocurrido en Daint-Denis. «El ambiente no es bueno. Si tuviera dinero ya me habría ido, hay mucha droga aquí», cuenta. También a él lo despertaron hoy las balas.

La sociedad multicultural no es una frase, sino una realidad cotidiana en Saint-Denis, señala Zaïa Boughilas, política de los Verdes del consejo municipal. «Miren esa vieja iglesia», dice señalando a la catedral. «Esta ciudad es maravillosa y seguirá siendo en el futuro un lugar de comunidad solidaria y fraternal».

Muchos habitantes del municipio son originarios de países africanos, de España o del Caribe. «Aquí se reúne todo el mundo y pese a los problemas nos gusta vivir aquí», dice Nashlane Karime, que también vive cerca de la casa asaltada hoy.

También Esten Tarwoz dice que siempre le gustó vivir en Saint-Denis, la gente se mantiene unida, pese a sus diferencias. «¿Dónde ha quedado nuestra vida tranquila? Todo es muy triste».

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