martes 7, febrero 2023
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Cristina Fernández y el peronismo afrontan su «travesía del desierto»

Buenos Aires, 7 dic (EFE).- El final del mandato de Cristina Fernández cierra la era «K» en Argentina y abre paso a la «travesía del desierto» de la propia Fernández y del peronismo que, derrotado y dividido, busca un líder para recuperar el poder.

«Estén tranquilos. No me voy a ir» fueron las palabras de Fernández tras doce años de kirchnerismo y ocho en la Presidencia, que alimentan las versiones que apuntan a que seguirá en la política activa y dará la pelea por el liderazgo de un peronismo sumido en una guerra interna con final abierto.

Aunque la presidenta no ha adelantado sus planes, su promesa a los militantes -«No me voy a ir»- y sus últimos movimientos no señalan a una retirada.

La pasada semana recibió en la Casa Rosada, sede del Ejecutivo argentino, a los gobernadores peronistas en un encuentro que terminó en reproches por la derrota electoral y con una presidenta dispuesta a no ceder terreno que logró imponer al titular de la Auditoría General de la Nación y al portavoz kirchnerista en el Parlamento.

Su actitud frente a su sucesor, Mauricio Macri, es otra de las señales de que Fernández aspira a liderar la oposición, coinciden analistas locales.

Tras las elecciones, la presidenta le recibió a solas en la residencia de Olivos apenas durante 20 minutos, en un encuentro que, en palabras de Macri, «no valió la pena».

Fue el preludio de una confrontación que ha empañado la transición por su rechazo a permitir que su sucesor decida dónde quiere recibir el bastón y la banda presidencial el próximo jueves.

La presidenta «en vez salir por la puerta grande, sigue marcando que quiere salir por la puerta chica», ha denunciado Macri.

Fernández le ha acusado de «maltratarla» y ha sembrado dudas sobre su papel en la ceremonia de traspaso de poderes.

«Los líderes políticos cambian de acuerdo a las ideologías, a momentos circunstanciales, pero lo que no cambia es su personalidad. Solo la afirmación de Fernández de que espera que el que gobierne ahora lo haga bien porque si no va a volver a presentarse, lo dice todo», afirma el analista Rosendo Fraga, de Nueva Mayoría.

Pocos se atreven a pronosticar el futuro de Fernández, pero «no se la ve tan débil dentro del Partido Justicialista», apunta Celia Kleiman, de Polldata.

Aunque ahora dividido, el peronismo aspira a recomponerse y revalidar su mayoría parlamentaria en las elecciones legislativas de 2017.

«Habrá que ver las alianzas. En el peronismo siempre hay una tendencia a acompañar al que tiene más fuerza, al que tiene más poder», continúa Kleiman.

Para Rosendo Fraga, «Cristina quiere seguir controlando el peronismo, vamos a ver si lo consigue sin la herramienta del poder».

Si Fernández quiere pelear por el liderazgo del peronismo no lo tendrá fácil.

Cuenta con una imagen positiva que consultores locales cifran en más de un 30 % y con las bases de la Cámpora, la organización juvenil que lidera su hijo Máximo, pero ha perdido el instrumento fundamental del poder en Argentina: la «caja».

En cabeza de la pelea peronista hay ya varios nombres: El renovador Sergio Massa -que logró un 21 % de votos en las más recientes elecciones-, el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, que aparece como una figura de consenso, y el derrotado candidato kirchnerista, Daniel Scioli, con una suerte incierta porque, históricamente, el peronismo no perdona derrotados.

La guerra interna peronista ya ha hecho saltar chispas.

«Vamos a trabajar incansablemente para construir un peronismo competitivo que en cuatro años vuelva al gobierno, pero la forma de hacerlo no es haciendo que le vaya mal a Macri. Y me parece que alguna gente entiende esto», dijo Urtubey en medio del enfrentamiento entre Fernández y su sucesor.

«No perdió el peronismo, perdieron los usurpadores», sostuvo el gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, enfrentado con el kirchnerismo.

Gustavo Marangoni, estrecho colaborador de Scioli, ha advertido que el papel de Fernández será «el que le den los peronistas» y el liderazgo del partido debe ser «validado por la gente».

Mientras Cristina Fernández asimila el fin de la era «K», los kirchneristas rescatan uno de sus últimos mensajes: «El 10 de diciembre dejo de ser presidenta, pero sepan que siempre voy a estar junto al pueblo. ¿Y saben por qué? Porque para estar junto al pueblo no hay que estar sentado en el sillón presidencial sino en el corazón de cada uno de ustedes». EFE

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