martes 7, febrero 2023
spot_img

Venezuela y Argentina: Entretelones de una coyuntura electoral

Primera parte.

El júbilo de aquellos individuos que conforman las huestes de una derecha regional, autoritaria y encerrada en sí misma, ante la noticia de los resultados electorales que le otorgan a estas fuerzas reaccionarias y enemigas de la democracia, una cierta ventaja en los casos de Argentina y Venezuela, dos países en los que tuvieron lugar recientemente consultas electorales a la población, resulta ser la exteriorización de un hecho sociopolítico muy complejo cuya captación siempre teñida de odio y de ligereza los conduce desde ahora, a perder  de nuevo la perspectiva acerca de lo que de verdad ha venido ocurriendo en esta parte del mundo, al menos durante el tiempo transcurrido desde que se produjo el cambio de siglo. Su meta inocultable es la reconstrucción de la hegemonía estadounidense sobre esta área continental, acabando con los proyectos de integración regional e impulsando las políticas neoliberales, pero es precisamente esto lo que terminará por ponerlos en curso de colisión con los potentes movimientos populares de esta parte del mundo, algo que está muy lejos de ser la recuperación de estos territorios para la geopolítica imperial.

Obsesionados, por volver al statu quo que habían logrado mantener durante casi todo el siglo anterior, han echado a volar las campanas ante el triunfo electoral que condujo al conservador/ neoliberal Mauricio Macri a la presidencia de la República Argentina, como también frente a la derrota electoral sufrida por el Partido Socialista Unificado de Venezuela(PSUV) y sus aliados durante las recientes elecciones parlamentarias, la que condujo a los bolivarianos chavistas a perder, por primera vez desde que se conformó la V república de Venezuela, la mayoría parlamentaria. Estos resultados electorales, sobre todo en el caso del de Venezuela, conducirán a los distintos actores políticos y sociales hacia la concreción de experiencias y actuaciones inéditas, dada la singularidad misma de los hechos a que dará lugar la nueva correlación de fuerzas en el parlamento venezolano y permitirá determinar in situ sí la derecha podrá resolver sus problemas de legitimación planteados desde la primera victoria electoral de  Hugo Chávez Frías, en diciembre de 1998, dadas las sucesivas derrotas electorales que experimentaron desde entonces o si, a partir de la forma en que administre su victoria termine más bien por agravarlos, de muy diversas maneras. Para el gobierno bolivariano y sus representantes parlamentarios la experiencia también pondrá en tensión todas las posibilidades que ofrece la institucionalidad y el marco jurídico creado dentro del proceso de la llamada revolución bolivariana, cuya legitimidad reside en los vínculos sociales y políticos que mantiene con una amplia base popular, caracterizada por su permanente movilización en defensa de los derechos y conquistas alcanzados durante los últimos 16 años.

La heterogénea coalición opositora venezolana, agrupada bajo el nombre de Mesa de la Unidad Opositora (MUD), acaba de obtener los dos tercios de los diputados o representantes que conforman la Asamblea Nacional de Venezuela, lo que le permite en términos formales y dentro del marco constitucional vigente entrar a dictar políticas y en cierta forma cogobernar o coexistir con el Poder Ejecutivo, encabezado por el presidente Nicolás Maduro Moros. Ahora bien, las formas que asumirá este proceso van mucho más allá del proceso de negociación entre cúpulas que tendrá lugar, desde ahora en adelante o dentro de pocas semanas, una vez que la nueva mayoría parlamentaria comience su período, a partir del 5 del mes de enero entrante.

Los resultados electorales del domingo 6 de diciembre no pueden verse, de manera aislada y como un proceso exclusivamente venezolano, hay que tener en cuenta las poderosas presiones hacia el presidente Maduro y la dirigencia del PSUV, ejercidas de una manera violenta y desembozada por parte de las fuerzas conservadoras de muchos países de la región, una corriente política y social en cuyo componente  humano principal predomina la visión de mundo, propia de una nueva derecha regional, delirante y carente de vocación democrática alguna, como también de aquellos  impulsos hegemónicos que se originan a partir de los poderosos intereses imperiales de los Estados Unidos de Norte América y sus acólitos europeos, principalmente el gobierno español y los intereses empresariales de ese país dentro de la economía venezolana. Es así como esas fuerzas movilizaron muchos millones de dólares y ejercieron una tenaz e incansable campaña mediática, para lograr que sus propósitos hegemónicos pudieran materializarse, en una derrota electoral de los gobernantes venezolanos, pero sin dejar de buscar en todo momento el derrocamiento del gobierno bolivariano, por las vías que consideren adecuadas o necesarias, a partir de las formas que asuma el despliegue de los elementos principales que configuran la presente coyuntura. Las similitudes con la contrarrevolución chilena  de 1973 que culminó con el derrocamiento de Salvador Allende y la instauración de la dictadura pinochetista aparecieron, en todo momento, dentro del horizonte político venezolano donde la National Endowment for Democracy NED y la  propia CIA volvieron a aplicar las mismas acciones criminales de aquel entonces para imponer la hegemonía estadounidense sobre toda la región, además de que los gobernantes de la Casa Blanca, sin medirse en sus propósitos agresivos, hace pocos meses declararon a Venezuela una amenaza para su país y desplegaron su IV flota del Caribe no lejos de las costas venezolanas.

Apenas se conocieron los primeros resultados, comenzaron a aflorar las contradicciones existentes dentro del bloque de fuerzas opositoras al igual que se habían venido haciendo evidentes, a lo largo de los últimos meses, la gran diversidad de posiciones y propuestas políticas, tanto para la acción inmediata o  en el mediano  y  el largo plazo, como en cuanto a las percepciones de la realidad, entorno político y propuestas políticas a expresarse como metas dentro del análisis de la presente coyuntura, existentes dentro del bloque de fuerzas bolivarianas del PSUV y sus aliados.

Un sector de la MUD se expresó de manera agresiva y profirió amenazas hacia el presidente Maduro y su entorno, dando a entender que su victoria electoral empezaba a configurar una atmósfera de fin de reino y casi de inmediato, de manera simultánea, las corporaciones empresariales  encabezadas por la poderosa FEDECAMARAS, plantearon sus exigencias a los nuevos parlamentarios opositores, en el sentido de comenzar a demoler la armazón existente entre las conquistas sociales de las clases populares y la institucionalidad que permite, de muy diversas maneras, su materialización. Por su parte, Henry Ramos Allup, parlamentario electo y secretario general del viejo partido Acción Democrática(los adecos) profirió amenazas contra los trabajadores del canal de televisión de la Asamblea Nacional y otros medios de comunicación, lo que provocó una gran cantidad de reacciones de los afectados y del gobierno bolivariano. Por esta vía, pareciera que los problemas de legitimidad que la derecha tiene todavía planteados habrán de agudizarse, sobre todo si entran en una confrontación abierta con los sectores sociales y sobre todo con las organizaciones de la clase trabajadora para atender las demandas de FEDECAMARAS y otras corporaciones empresariales.

El hecho de que casi dos millones de electores chavistas se abstuvieran de votar en estas elecciones parlamentarias, como algo que se desprende de un análisis más cuidadoso de los resultados electorales, agrava los problemas de legitimidad de una derecha que no termina de festejar casi como un regalo los términos de una victoria electoral que alcanzó unas dimensiones que jamás esperaron, sin que por ello obtuvieran el apoyo mayoritario de la población lo que la convierte en una victoria a lo pirro. Estos datos nos dicen que la sociedad venezolana continúa dividida entre dos bloques de dimensiones muy parecidas, sólo que como esta fue una victoria obtenida acudiendo al expediente del miedo, la incertidumbre y la mentira, pero sobre todo presentando una cara falsa en el sentido de que procuraron mimetizarse con el chavismo, al decir que no afectarían las conquistas sociales de las mayorías, un hecho que terminará por erosionar sus pretensiones hegemónicas, al lanzarse  ahora, en este momento de la verdad en la política, contra los derechos y conquistas sociales de las grandes mayorías nacionales, las que por única vez en la historia del país pudieron beneficiarse de la inmensa renta petrolera, hasta entonces apropiada de manera exclusiva por los sectores oligárquicos.

No se puede desconocer la magnitud de la guerra económica llevada a cabo por las fuerzas reaccionarias de la oposición y el agresivo lobby empresarial en una sociedad que no tiene nada de socialista como un factor que contribuyó al descontento entre las bases chavistas, la que significó en los hechos una escalada agresiva y un chantaje sostenido hacia las condiciones de la vida  cotidiana de la población, basada en el ocultamiento de grandes cantidades de productos esenciales, la especulación en el mercado y el agravamiento del fenómeno de las colas en los supermercados. Estos hechos tan violentos y la incapacidad para combatirlos terminaron por irritar a una clase media que, más bien se había fortalecido y crecido con el proceso bolivariano y también a la misma clase obrera que se sintió defraudada por la corrupción de algunos funcionarios gubernamentales, lo que vino a convertirse en una arma a favor del bloque de poder de la derecha.

Para el PSUV y el gobierno del presidente Nicolás Maduro esta masiva abstención de las bases chavistas representa también un gran desafío, sobre todo teniendo en cuenta que sólo la profundización del proceso de transformaciones sociales y el combate resuelto a la corrupción e ineficacia del aparato estatal, el que después de 16 años sigue siendo manejado por viejos adecos y copeyanos enemigos de cualquier cambio revolucionario en la sociedad, será el factor que traiga de nuevo a esas bases populares a las filas del Gran Polo Patriótico y de las fuerzas sociales que se enfrentan al proyecto neoliberal de FEDECAMARAS y otros poderes fácticos, a los que habrá que combatir, de manera resuelta, si lo que se busca es llevar a cabo una verdadera revolución, profundizando la democracia y buscando caminos creadores hacia una verdadera construcción socialista. Si en el pasado hubo que crear las misiones para poder contrarrestar la ineficacia, la corrupción y el cinismo de los burócratas del aparato gubernamental, ahora sólo queda dar el salto hacia adelante para salvar la revolución del ahogo de la corrupción, antes de que esta plaga tan enraizada en la vida política venezolana termine por devorarlo todo. Un entendimiento de cúpulas, dejando por fuera a las bases del proceso bolivariano, podría ser mortal para las grandes esperanzas que suscitó, desde sus inicios, este período histórico de la llamada revolución bolivariana cuando la renta petrolera se empleó para beneficiar a todo un pueblo y no  sólo a unos cuantos oligarcas, dentro de un proceso revolucionario cuya hegemonía resulta preciso reconstruir profundizándolo para fortalecer, en términos de los restantes países de la región que se sienten respaldados desde Venezuela, los procesos de integración iniciados al margen del dominio imperial.

En la segunda parte de este texto esperamos retomar el caso argentino y concluir, de una manera detallada, el análisis de las consecuencias de esta ofensiva conservadora de la derecha totalitaria en todos los países de la región.

(*) Rogelio Cedeño Castro, sociólogo y catedrático de la Universidad Nacional de Costa Rica(UNA).

(*)

Más noticias

6 COMENTARIOS

  1. Los argentinos y venezolanos estaban hastiados de la ineptitud,vulgaridad ,prepotencia y sobretodo corrupcion de los lideres del llamado socialismo.
    Todos los verdaderos democratas del mundo estamos alegres de que estos paises que se equivocaron en su rumbo regresan al concierto de las naciones.
    No hay mal que dure, ni cuerpo que lo resista.

  2. «El voto a favor de la MUD no es un voto a favor de una alternativa neoliberal y de derecha, es el aborrecimiento generalizado que cualquiera de este pueblo sentimos ante una de las burocracias mas corruptas y mentirosas que han pasado por el poder de Estado. Bien estúpido puede ser aquel que todavía está creyendo que este pueblo se dejó envilecer por el imperialismo y su manipulación chantajeado por la “guerra económica”.» Roland Denis, antiguo funcionario del chavismo.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Últimas Noticias