martes 7, febrero 2023
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La nueva India de Modi sigue de moda en el exterior pero no tanto en casa

Nueva Delhi, 18 dic (EFE).- La India de Narendra Modi sigue de moda en el mundo y levanta grandes expectativas por la crisis en China y las perspectivas para los negocios en el país, aunque en el ámbito interno el Gobierno recibió dos fuertes reveses electorales y fue acusado de alimentar el extremismo religioso.

El primer ministro Narendra Modi se entrevistó este año dos veces con el presidente estadounidense, Barack Obama; fue a China, Francia, Alemania y Reino Unido, donde fue recibido por todo lo alto; fue la estrella en Silicon Valley y ha tenido tiempo incluso de encabezar el récord Guinness de personas haciendo yoga al mismo tiempo.

Lo hizo en Nueva Delhi y junto a 35.985 personas en el primer día internacional del yoga, que adoptó la ONU a iniciativa del propio Modi, en uno más de los grandes actos de respaldo internacional que ha tenido.

Todos hablan bien fuera de la India, desde la canciller alemana, Ángela Merkel, que llegó a Delhi para firmar una alianza estratégica entre el sector tecnológico indio y el industrial alemán, a Obama, que encabezó el Día de la República en Nueva Delhi, postulando a Estados Unidos para ser el mejor aliado del país asiático.

India ha dado razones para alimentar las buenas perspectivas internacionales con un comportamiento macroeconómico que deja una inflación en el 5% hasta octubre (cerró por encima del 6% el año pasado) y una expectativa de crecimiento por encima del 7% para este año fiscal.

Su programa «Make in India» (Fabrica en la India), que facilita el ingreso en el país de empresas extranjeras que quieren producir localmente, hizo que gigantes como los chinos Xiaomi o Lenovo, dueño de Motorola, o la taiwanesa Foxconn, el mayor fabricante tecnológico del mundo, con clientes como los Iphone de Apple o los Kindle de Amazon, anunciaran la apertura de plantas.

Sin embargo, su candidatura para suceder a China aún parece lejos de ser real. Los dos gigantes tienen una población de más de 1.000 millones de habitantes, pero el PIB indio es una quinta parte del chino: 10,3 billones frente a 2 billones de dólares (hace nueve años era tres veces).

Además, Fitch advirtió recientemente del riesgo para la deuda india si no ajustan las metas de déficit.

En el ámbito interno Modi afrontó un año lleno de críticas por lo que la oposición consideró como «permisividad» con los sectores radicales de su partido, el nacionalista hinduista BJP.

El Gobierno de Modi ha seguido avanzando en sus programas de asistencia social con importantes inversiones y campañas como la lanzada para capacitar a gente de escasos recursos para incorporarlos al mercado laboral, para dotar de saneamiento a quienes carecen de él o bancarizar la economía de aquellos con menos recursos.

Modi celebró su primer aniversario en el poder en mayo subrayando que su gestión ha estado exenta de escándalos de corrupción y volcada hacia los más pobres.

Sin embargo sus grandes reformas: la unificación del IVA (GTS) o la Ley de Tierras, que agilice la adquisición de suelo para uso industrial, chocaron de frente con la mayoría opositora en el Senado.

Peor le fue en las urnas. En abril, Modi encajó una derrota histórica en Delhi, donde Arvind Kejriwal, líder del movimiento indignado indio, se quedó con la práctica totalidad de la representación infligiendo además un duro castigo al BJP.

Siete meses después, la derrota para el partido de Modi fue en Bihar, el tercer estado más poblado de la India y que el BJP contaba con recuperar en medio de una campaña de polarización en el que no faltaron menciones al enemigo Pakistán o al hinduismo frente al islamismo.

La derrota llegó en medio de duras críticas por la supuesta tolerancia del Gobierno con movimientos hinduistas radicales y por haber guardado silencio tras el homicidio de un musulmán a manos de una turba de radicales hinduistas por supuestamente tener carne de vaca en casa.

Ese capítulo de intolerancia religiosa se sumó al asesinato de un escritor crítico con el extremismo y a varias agresiones del ultraderechista partido Shiv Shena (aliado del BJP en algunos estados) contra artistas paquistaníes en la India.

Docenas de escritores y artistas han devuelto sus premios nacionales por lo que consideran un «crecimiento de la intolerancia religiosa» y hasta actores de Hollywood han denunciado esa radicalización.

Incluso el dalai lama llegó a decir que la derrota del BJP en Bihar era una demostración de que «una gran parte de la comunidad hindú todavía cree en la paz y la armonía».EFE

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