lunes 26, septiembre 2022
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Nuevos avances sobre la corrupción en FIFA Nostra y más allá

Columna “Pensamiento Crítico”

El escenario de la presente coyuntura

Conforme avanzan los enjuiciamientos a la FIFA-mafia en varios países de modo simultáneo, y Eduardo Li sigue detenido en Nueva York, va quedando en claro el carácter generalizado y sistémico de la corrupción, el fraude y la ilegitimidad total del rufianesco Vaticano del deporte rey y sus sucursales, incluida nuestra mini-FIFA: la Fedefútbol Nostra.

Ahora bien, no debe sorprendernos la estrecha asociación entre fútbol y delincuencia organizada al estilo de la Cosa Nostra o la Camorra; ya que no es la primera vez que hay mafias interesadas en un deporte lucrativo. Solo baste recordar la relación entre boxeo y gansterismo gringo de Chicago en la primera mitad del siglo XX.

En la FIFA Nostra de los grandes capos, lo que viene acaeciendo no son puros líos personales que tocan a la organización, la Cosa Nostra, sino indicaciones de una auténtica trama multinacional de vastas y oscuras proporciones, de un supra-sistema institucional de corrupción perfectamente organizada y planificada según un patrón consistente e irreversible. Reformar este aparato pútrido y el campo de fuerzas donde opera y se extiende, es una tarea casi imposible.

Especialmente lo es cuando la corrupción en sus muy variadas formas deja de ser hormiga, epidemial o de poca monta, se propaga y se hace tan habitual que genera sus propios incentivos auto-perpetuadores, tornándose entonces endémica y en parte integral y generalizada de la cultura establecida y de una arraigada ecología social.
Si hablamos de una sociedad, a partir de este punto (que es el de “donde todo se vale”) ésta corre el riesgo (como Costa Rica) de tornarse una sociedad institucionalmente corrupta y éticamente naufragada; máxime si el mal y sus efectos colaterales perversos no se atajan y reversan desde sus mismas raíces mientras sus efectos son atacados implacable y sostenidamente con una visión y metodología sistémicas de mediano-largo plazo, donde el factor educativo y la reconstrucción de la cultura institucional pasen a un primer plano continuado ojalá sin altibajos.

Tal esa sería la clave estratégica, racional y alcanzable sin dejar de lado aspectos subjetivos de motivación humana, que ayuden a desmontar los incentivos reproductores de la pudrición moral y el clima delincuencial. En la base del esfuerzo idealmente estaría una comprensión científica y cabal del fenómeno a partir de sus leyes o regularidades observables en la realidad empírica, la de los duros hechos, y no en la suave quimera de las ilusiones y vanas fantasías de un psicologismo y un exceso de legalismo subjetivos que por ende a nada conducen.

¿Estamos acaso en un punto de no retorno?

Desafortunadamente, si hemos ingresado a un escenario donde se produce la funesta transición de una corrupción esporádica y fortuita del “tipo hormiga”, a otra sistémica y organizada bajo esquemas de delincuencia profesional de cuello blanco burocrático del “tipo elefante”, lo que en consecuencia sigue en el horizonte de la práctica política y jurídica correctiva, pasa a tener un pronóstico reservado; aunque no debe caerse en el desánimo y el pesimismo total ya que se alentaría así, todavía más, la perpetuación del perjuicio y el fracaso de las indispensable arremetidas de la justicia.

Comencemos diciendo que la razón subyacente del clima de frustración, desencanto y sobre todo del relativo (justificado) pesimismo acerca del posible éxito del combate contra la corrupción institucionalizada parte de la fatídica tendencia de la opinión pública a ver las corruptelas como un fenómeno natural y normal, como una propiedad inerradicable, imbatible de la naturaleza humana y el mundo social y político.

Más aún, es posible que allí también, en ese sentimiento, esté trabajando la intuición de que todo puede obedecer a leyes sociales determinadas e inalterable, lo que es cierto como veremos próximamente.

Retornaremos para tratar este último punto la semana entrante.

(*) José Luis Vega Carballo es Catedrático de Sociología Política de la UCR

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