viernes 12, agosto 2022
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UCR como universidad pública estatal: retos y oportunidades

Nuestra querida institución, la Universidad de Costa Rica (UCR), celebró el año pasado el 75 aniversario de su fundación, y este próximo 7 de marzo celebra los 75 años del inicio de clases. Estas significativas fechas se dan en un contexto muy complejo y cambiante, en medio de grandes logros y desafíos.

Que precisamente este año tengamos la elección del rector y otras autoridades universitarias, hace que la coyuntura sea particularmente fértil para el análisis de lo que se ha hecho y lo que se quiere hacer, de nuestras realidades y nuestros sueños.

En este contexto, quiero comunicar a la comunidad universitaria y nacional algunas reflexiones sobre nuestra institución, sobre las tareas que tenemos y las que se nos avecinan.

La UCR es central y emblemática en la institucionalidad costarricense. Ha sido y es un pilar en la construcción del estado social de derecho del que nos enorgullecemos.

De acuerdo con encuestas efectuadas por el Centro de Investigación en Estudios Políticos (CIEP), es claramente la institución mejor valorada por nuestra población debido a su aporte continuo y significativo al desarrollo nacional y la calidad de vida de nuestro país. Este papel y esta valoración conllevan una enorme responsabilidad, tanto de las autoridades superiores de la institución como de la comunidad universitaria en general. Es esa una responsabilidad que debemos fortalecer y asegurar.

La UCR llega a su 75 aniversario en un contexto nacional e internacional no siempre favorable a sus valores y propósitos. La globalización y la imposición de una lógica mercantil asimétrica en las relaciones entre países y al interior de ellos, han generado un escenario global y nacional donde las inequidades se han incrementado y los valores de solidaridad, propósitos colectivos y sana relación con el ambiente se han debilitado sistemáticamente, pese a que importantes sectores de la población luchan con denuedo por preservar formas de vida solidarias y humanistas.

Lamentablemente, las corrientes ideológicas dominantes en numerosos círculos de poder y de toma de decisiones de nuestro país no caminan en la misma dirección que los valores esenciales de la universidad pública estatal.

El Estatuto Orgánico de la UCR nos conmina a centrar nuestro aporte académico y social alrededor de la construcción de una sociedad más justa y equitativa, donde la excelencia académica, el desarrollo pleno de todas las personas y el buen manejo de nuestro patrimonio deben ser las luces que guíen nuestro accionar.

Este ideario choca con fuertes tendencias que predominan en el escenario político e ideológico nacional. Hay quienes ven en estos valores una amenaza a sus proyectos políticos, dedicados a buscar el bienestar de una minoría y a dilapidar de manera irracional el patrimonio natural costarricense. Hay quienes pretenden debilitar a toda costa a la educación superior pública estatal, mediante campañas bien orquestadas y mal intencionadas, y una sistemática desvalorización de las instituciones públicas en la vida nacional.

Toda la comunidad universitaria debe tener claro este panorama adverso y enfrentarlo con decisión, para seguir construyendo una institución que siga los mandatos de su Estatuto Orgánico y contribuya a un desarrollo nacional, social y ecológicamente responsable, que procure el desarrollo integral de las personas y no su conversión en meros homines oeconomici al servicio de una lógica que pone lo mercantil por sobre el bien colectivo y la diversidad de lo humano. Lograr este cometido involucra una gran cantidad de tareas de muy diverso tipo y quisiera ahora mencionar algunas de ellas.

La UCR es una institución madura y consolidada, dinámica y con crecientes vínculos de todo tipo con la sociedad costarricense y el mundo. Aunque es una universidad joven, si se la compara con las más antiguas universidades del continente, su tradición es profunda y en sus venas corre una herencia noble y generosa.

De cara a los procesos que se imponen en la sociedad global, donde asistimos a una paulatina pero continua erosión de un concepto de sociedad basado en la solidaridad, en la UCR cultivamos el fin de educar y formar a las nuevas generaciones según los valores de una ciudadanía reflexiva, crítica y propositiva.

Continuamos con la búsqueda de objetivos culturales, académicos y sociales, los cuales se materializan en la docencia, la investigación y la acción social, como elementos fundamentales de la institución.

La integración de estas tres actividades sustantivas, tarea que realizan las unidades académicas y quienes allí trabajan, no es nada sencillo, por el contrario, se requieren esfuerzos sistemáticos y programas coordinados para que nuestros jóvenes reciban conocimientos actualizados, aprendan procesos avanzados de investigación y, a la vez, junto con sus profesores pongan ese conocimiento al servicio de la sociedad.

Ninguna universidad que se dedique solo a la docencia puede tener idea de la complejidad de este propósito, complejidad que se vuelve aún más grande si tomamos en cuenta la diversidad de los sectores sociales involucrados y la rapidez con que evoluciona el conocimiento en todas las áreas y disciplinas.

Es por ello que toda universidad debe poner especial énfasis en la calidad de sus docentes y estudiantes. A este fin sirve la planificación del relevo generacional y la depuración de los procesos y mecanismos de contratación de personal académico, a lo cual debe agregarse la formación continua del personal académico y administrativo.

Como parte de este proceso se requiere fortalecer los programas de posgrado de la institución y dirigir las políticas académicas hacia un sistema de méritos con salarios competitivos en el marco nacional e internacional. La apertura próxima de posdoctorados abrirá nuevas oportunidades a docentes y estudiantes de todas las latitudes, y sentará las bases de un renovado liderazgo académico de la UCR.

Las universidades, como instituciones de alta cultura, ciencia y tecnología, desarrollan su quehacer en el contexto de una amplia internacionalidad en la cual predomina la transmisión cruzada de conocimientos y experiencias compartidas. El conocimiento se encuentra ahora más distribuido en el mundo que nunca antes, las universidades avanzadas son aquellas abiertas a la movilidad multidireccional de docentes y estudiantes, quienes realizan proyectos compartidos de alto nivel, abordan conjuntamente temas de gran complejidad, y se nutren de la diversidad cultural en relaciones de respeto y beneficio mutuo.

Ante los cambios acelerados del conocimiento se requieren acciones que contribuyan a una mayor flexibilidad y versatilidad curricular, con la generación de nuevos programas, integración de áreas diversas y movilidad de estudiantes entre diferentes disciplinas. La UCR ha creado ya la posibilidad de abrir cursos que trasciendan las fronteras disciplinarias e impulsa un novedoso concepto propio de docencia multiversa que fortalece el rol del docente. Esto abarca a todas las sedes de la UCR, las cuales han venido combinando de manera creciente las fortalezas del sistema tradicional, con un nuevo modelo más horizontal de regionalización que articula la pertinencia regional de las carreras desconcentradas con la relevancia nacional de las carreras propias, esto en concordancia con las necesidades del país y de las regiones en particular, así como de la ciencia, la tecnología, el arte y las humanidades.

En el contexto de una internacionalidad basada en la solidaridad y el respeto, y en contraste con una globalización que excluye y desintegra, una universidad completa como la nuestra debe consolidar su posición en ese escenario académico, ahora más extenso que nunca antes, dando énfasis a alianzas académicas mediante formación de redes amplias y flexibles que permitan a los grupos universitarios ubicarse en el escenario de la ciencia y la tecnología, así como del arte y las humanidades a escalas regionales y mundiales.

Hasta no hace mucho tiempo las mejores universidades del mundo estaban ubicadas en Europa y Norteamérica, sin embargo hoy existen excelentes universidades en prácticamente todos los continentes. Si Costa Rica como país pretende jugar un papel digno y próspero en el concierto de las naciones del mundo, sea en el campo económico, cultural, científico o sociopolítico, debe disponer de universidades dinámicas y creativas que cumplan los más altos estándares de calidad y estén insertas en el contexto internacional.

La Costa Rica actual es la más desigual que las generaciones jóvenes han conocido. La universidad pública estatal ha sido la vía regia de la movilidad social, un medio de fortalecimiento de la equidad en Costa Rica, del combate contra la pobreza y a favor de la generación de oportunidades.

La universidad pública estatal contribuye al desarrollo de capacidades en los distintos sectores del país y pone un particular énfasis en sectores sociales vulnerables. La transferencia del conocimiento, como se le ha llamado a lo largo de los años, debe contribuir al desarrollo de una producción social de beneficio colectivo que fomente el bienestar de grupos y comunidades.

La universidad pública estatal debe estimular y aprovechar las sinergias e interacciones con otras instituciones nacionales y así cimentar políticas eficaces para que se maximice esa transferencia del conocimiento a la sociedad. El saber generado en nuestras casas de estudios superiores debe permear toda la sociedad y cubrir todo el país, pero esa permeabilidad debe ser recíproca: la universidad pública estatal debe aprender de los saberes colectivos de todos los agentes sociales.

Una excelente universidad requiere de excelentes estudiantes provenientes de todos los estratos sociales. El programa +Equidad de la UCR comprende un proyecto de desarrollo de habilidades para la vida que se lleva a cabo en comunidades de Sarapiquí y Nicoya, las tutorías en territorios indígenas, y la admisión diferida.

Todos ellos son proyectos dirigidos a mejorar la equidad en el acceso a la educación superior, pero debemos poner en ejecución otras medidas adicionales que permitan el acceso cada vez mayor a la UCR de jóvenes de sectores sociales vulnerables de todo el país.

El sistema de becas no solo beneficia a la población estudiantil que disfruta sus beneficios, a sus familias y al país en general, también es un componente decisivo para mantener e incrementar la calidad académica de nuestra institución, pues la excelencia académica de una universidad no solo depende de su personal académico, sino también de sus estudiantes. La UCR escoge su población estudiantil con base en su excelencia académica, no en su capacidad de pago, y una vez escogida les otorga beca a las personas que la necesitan. Un sistema cuyos principios básicos los compartimos con universidades como Harvard.

Una posibilidad extraordinaria para ampliar la cobertura de la UCR la constituyen las sedes universitarias, tanto en matrícula como en lo que respecta a acción social e investigación, de manera que se fortalezca el concepto de democratización concebido hace ya casi medio siglo y nuestra Alma Mater también vea fortalecidos sus lazos con la comunidad nacional.

Al profundizar una gestión institucional horizontal cada vez más descentralizada hacia las sedes universitarias en todos los niveles operativos, se fortalecerá un concepto institucional sistémico, unitario, integral y eficiente. Esta articulación orgánica de las líneas de desarrollo académico de las distintas sedes universitarias con las políticas y las acciones estratégicas institucionales contribuirá asertivamente a la inclusión social de sectores de las zonas de influencia ubicados bajo la línea de pobreza.

La humanización del espacio físico que ha emprendido la UCR y los aportes a la construcción de un espacio urbano que interactúa con la ciudad circundante, han provocado resonancia en la ciudadanía y se han vuelto parte del discurso político nacional. A ello se suma, en una dimensión diferente, la búsqueda de la sostenibilidad financiera de la institución con acciones a lo interno que apuntan hacia un régimen de administración de salarios que reconozca la productividad académica y la creatividad artística, mientras que a lo externo luchan por una adecuada financiación de la educación superior pública por parte del Estado.

La UCR allega recursos adicionales como los que provienen de servicios y otras formas de vinculación remunerada, pero ello nunca debe ocurrir en detrimento de la adecuada financiación pública de la educación superior y manteniendo incólume la autonomía universitaria.

Estos son algunos de los retos que nos plantea el futuro, todos ellos deben verse en el contexto de una realidad nacional, regional y global compleja y contradictoria.

El liderazgo institucional que la UCR ha forjado a lo largo de su historia nos conduce a promover una fuerte interacción con sectores sociales y políticos externos, en procesos permanentes de diálogo y negociación para garantizar presupuestos adecuados y justos para la institución, y fortalecer vínculos de diverso tipo con instituciones, sectores y regiones.

Una actitud dialógica y crítica nos beneficiará como una institución que es forjadora de ciudadanía y constructora de nación. La UCR debe continuar siendo la institución esencial que es.

(*) Henning Jensen Pennington
Rector UCR

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1 COMENTARIO

  1. Excelente escrito, entre otros aspectos por cuanto evidencia la necesidad de hacer prevalecer los fines y propósitos institucionales en un contexto en que la urgencia es mayor, porque se precisa la naturaleza estatal a la vez que pública del Alma Mater, pero también por que quedan evidentes tanto logros como retos. Según mi entender, suponer que la UCR es exclusivamente pública conlleva una ambigüedad que podría incluso confundirnos con lo privado que, radicalmente, también es de dominio público y nada escapa como perteneciente al soberano.

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