sábado 4, diciembre 2021
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No olvidaremos, señor Obama

Nadie puede negar, en su sano juicio, que el presidente actual de los Estados Unidos, Barack Obama, ha producido durante sus dos períodos de gobierno, cambios en la política interna y externa de dicho país. Sin embargo, existen ciertos elementos que no han cambiado porque el gobierno o las clases dominantes de ese país se ilustrasen o decidiesen hacer una política más generosa en materia de reparto de los beneficios del progreso tecnológico, (porque en lo económico vienen dando tumbos como consecuencia de las políticas de desregulación neoliberal que se impulsaron desde el gobierno de Reagan), sino como consecuencia de luchas sociales, a lo interno, y por el crecimiento del antinorteamericanismo, a lo externo.

Es de todos conocido que hace decenios en los Estados Unidos los empresarios lograron el control de la política del compra y vende, y han logrado bloquear las leyes que podrían obligarles a aumentar sus costes, reconociendo mayores beneficios a los trabajadores. Entre ellos el equivalente al seguro social que conocemos, el control de la polución o las que se dirigen al control del cambio climático. Por otro lado, lograron que se rebajaran sistemáticamente los impuestos a las grandes fortunas, y crearon la cultura de tolerar las argucias legales que los ricos utilizan para no pagarlos.

Podríamos decir que con su gobierno se inició un proceso de divergencia en lo que atañe a la paz social dentro de su país, y tímidamente a nivel internacional, cuyas causas no son precisamente económicas, por la dinámica de los mercados  o por el avance de la tecnología, sino por causas políticas, a pesar de que continúan lacras como es la alta manipulación de las leyes y las reglas de conducta económica, por parte de quienes podían pagar negociadores, legisladores y abogados, para realizar el que se plasmaran sus intereses en dichas normas.

Un ejemplo de cómo actuaban es el hecho de que fueron los políticos directamente ligados a los intereses financieros los que consiguieron, durante la presidencia de Clinton, que se derogasen en los Estados Unidos las leyes que ponían freno a la especulación financiera, y llevaron de este modo a la economía a la crisis de 2007-2008. Una crisis que no fue un accidente, sino la lógica y natural consecuencia de una política dedicada a favorecer exclusivamente los intereses de los más ricos y de las grandes empresas, incluyendo la permisividad ante la especulación financiera, que llegó en muchas ocasiones a niveles delictivos, en condiciones en que se les había garantizado a los especuladores la impunidad, dada su capacidad de modificar las leyes antes de cometer el delito.

Y recordemos ahora que las consecuencias de la crisis las sufrieron tan solo los de abajo; los bancos fueron recapitalizados con dinero público, mientras muchas familias perdían sus hogares por no poder seguir pagando las hipotecas, y el paro aumentó sin control. Y ello a pesar de que, según estudios del Servicio de Investigación del Congreso de los EEUU, se había llegado a la conclusión de que había poca evidencia, en los últimos 65 años, de que los recortes de impuestos a los que tienen mayores ingresos aparezcan asociados al crecimiento del ahorro, de la inversión o de la productividad. Es decir, que favorecer a los inversionistas no significaba que habría una reactivación de la economía.

Este fue el escenario que heredó Barack Obama cuando asumió el gobierno. La irracionalidad de esa política en términos económicos había resultado evidente, ante su incapacidad para crear nuevos puestos de trabajo y reestablecer la capacidad productiva, mientras, por otra parte, favorecía el mecanismo generador de desigualdad económica y control social.

Le fue muy duro iniciar su gobierno con un Congreso adverso, en manos de los Republicanos, que representan en ese país lo más conservador del pensamiento capitalista norteamericano, al punto del ridículo y el absurdo, en algunos casos. Y le ha sido adversa durante sus dos períodos la fuerte oposición que se mantiene frente a todos sus esfuerzos de modificar el régimen injusto y hasta corrupto que prevalece en los EEUU, al menos en cuanto a este tema.

El daño era enorme, y se puede describir de la siguiente manera: desigualdad creciente basada en la reducción de las cargas que pagan las grandes empresas y las grandes fortunas, paralela al empobrecimiento de las clases medias, acompañada por la privatización de los servicios sociales, la limitación del derecho a la negociación colectiva de las condiciones de trabajo y los sueldos de los obreros (que había sido el mecanismo esencial de los progresos sociales), junto a una serie de restricciones a la democracia y el derecho de protesta.

Con relación a los vínculos de los Estados Unidos con los países de América Latina tampoco le fue muy bien. La tradicional dependencia ideológica, económica y política de los países latinoamericanos al imperio norteamericano había iniciado algunos espasmos de separación de esta corriente, con Venezuela, Ecuador, Argentina, Bolivia, en cierta forma Perú (no ahora, que es otra cosa totalmente y que posiblemente volverá al fujimorismo neoliberal), incluso Brasil, fue parte de la herencia recibida. Un cuadro bastante diferente a los años anteriores. Continuaban en su línea pronorteamericana los países que se acomodaban a sus intereses, cuyos ejemplos más vergonzosos han sido Colombia, Costa Rica y Chile.  Representaban excepciones dentro de la corriente continental México, por su tradición nacionalista, por un lado, y por el otro Nicaragua, por su condición particularísima, mezcla de corrupción e hipocresía ideológica, con lo cual resultaban difíciles de clasificar.

La decisión del presidente Obama de considerar a la América Latina como un importante factor de la política exterior de Estados Unidos la tomó al final de su gobierno. Este hecho debilita en mucho las importantes decisiones que ha empezado a tomar. Una de ellas, sin duda, fue la normalización de las relaciones con Cuba. El fracaso que por más de cincuenta años mostraba esa política de aislamiento al régimen castrista indicaba que era imprescindible hacerlo. No tenía sentido mantener rotas las relaciones diplomáticas y económicas con Cuba, después de haber finalizado la Guerra Fría. El viaje del presidente Obama a La Habana quedó más que justificado al ser autorizado a enviar, a través de un extraordinario discurso televisivo, un mensaje al pueblo cubano, en el cual planteó que las transformaciones de la sociedad cubana debían ser impulsadas por su propio pueblo, ratificando además la necesidad de establecer un sistema político pluralista que permitiera la discusión de distintas maneras de pensar. Sin embargo, es evidente que los que se encuentra detrás, medio oculto, pero no del todo, son los intereses comerciales de los Estados Unidos.

También es necesario considerar que ese cambio de política se origina en la convicción que se tiene en Estados Unidos de la muy poca influencia que ejerce actualmente la revolución cubana en la América Latina. Su gobierno es consciente de que la real amenaza a sus intereses está mucho más representada por los gobiernos inspirados en el Foro de Sao Paulo y, de manera general, en el populismo latinoamericano. Los gobiernos de Venezuela, Ecuador y Bolivia  son los que mantienen una permanente retórica contra el régimen norteamericano. Sin embargo, no toman en consideración quienes diseñan la política exterior norteamericana, las causas que han provocado el resentimiento generalizado de los latinoamericanos frente a las actitudes imperiales de los Estados Unidos en la región.

Por otro lado, el presidente argentino Mauricio Macri ha iniciado un gobierno inspirado en ideas neoliberales y fundamentalmente contrarias al marcado derrotero social establecido en los años de gobierno de la presidente Cristina Fernández de Kirchner y de su esposo. Respaldar decididamente el gobierno de Mauricio Macri fue la razón fundamental del viaje del presidente Obama a Argentina. Está convencido de que el éxito de las medidas tomadas por el nuevo gobierno, orientadas firmemente por ideas marcadamente neoliberales que buscan fortalecer el mercado y la iniciativa privada, debe ser el ejemplo a tomar por la América Latina. Entiende que su viaje y la efectiva negociación lograda por el gobierno argentino al cancelar los Fondos Buitre, por un monto de 6.500 millones de dólares con un descuento de 25%, abriéndole de esa manera los mercados financieros a Argentina, atraerá, con seguridad, importantes capitales extranjeros y argentinos. El reto es lograr que en los próximos meses haya una marcada disminución de la inflación y un crecimiento del empleo. Obama entiende que el éxito del gobierno del presidente Macri puede convertirse en la bandera de los sectores democráticos de la América Latina.

Sin embargo, si analizamos el comportamiento norteamericano hacia América Latina no es sorprendente descubrir que la política de EE UU hacia Latinoamérica haya consistido principalmente en reaccionar, responder a acontecimientos inesperados como el trágico terremoto de Haití, la crisis política de Honduras tras el golpe de Estado del 28 de junio de 2009 )de la cual todos sospechamos que fue provocada por los mismos EEUU), las críticas que suscitó en Suramérica el acuerdo sobre bases militares entre EE UU y Colombia, o los plazos impuestos por las visitas, elecciones o reuniones programadas, como la Cumbre de las Américas o la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Lo que muchos temían que sería el reto más complicado en relación con Latinoamérica, y tal vez más perjudicial para las relaciones de EE UU con la región, la crisis financiera mundial, tuvo un impacto moderado en Latinoamérica, mucho menos destructivo de lo que se temía. En la mayoría de los países, el daño económico y social se mantuvo bajo control, y el crecimiento se reanudó. Y pese al hecho de que la crisis fue básicamente made in USA, las recriminaciones contra Washington fueron escasas (incluso en México). El mérito es, en su mayoría, de los gobiernos latinoamericanos por haber mejorado de forma constante su gestión económica en los últimos años. De hecho, los países de América Latina en general han dirigido su economía mejor que EE UU.

Aun así, lo que Latinoamérica “una región de países con ingresos medios en su mayoría” más necesita de EE UU en los próximos años es acceder a su economía, de más de 14 billones de dólares, casi el cuádruple del total de las economías de la región. América Latina necesita el capital estadounidense para la inversión, los mercados estadounidenses para las exportaciones y la tecnología estadounidense para conseguir un crecimiento continuado de alrededor del cinco por cien anual.

No hay que olvidar que Estados Unidos, a partir de la década de los noventa del siglo XX, se convirtió en la potencia hegemónica, unipolar, a escala global. En su rol imperial aspira a dominar al mundo y para ese objeto ha diseñado una serie de geo estrategias que en América Latina se concretan en interminables agresiones e intrusiones, en inaceptables injerencias, en inacabables acciones de la CIA, DEA y demás servicios de inteligencia que cometen todo tipo de atropellos y crímenes en contra de nuestros pueblos, siempre, con extraordinario cinismo e ironía, en nombre de la libertad, la democracia y defensa de los derechos humanos. Valores groseramente manipulados con el propósito de proteger los sacralizados intereses económicos y políticos estadounidenses.

Para esos fines, Estados Unidos, a través de la CIA, ha intervenido directamente en los procesos electorales y democráticos de América Latina para lo que ha desarrollado planes de guerra sicológica en los medios de comunicación social e invertido millones de dólares, y así se opuso al triunfo de Salvador Allende en Chile, de Daniel Ortega en Nicaragua y lo mismo en Brasil, Honduras, El Salvador, Guatemala, por ejemplo. Para comprobar estas afirmaciones bastaría recorrer las páginas de los diarios de América Latina o recurrir a libros escritos por norteamericanos, latinoamericanos, europeos y asiáticos.

Estas son las conclusiones fundamentales a las que llegan numerosos estudios, ensayos, análisis, revistas, medios de comunicación social y obras realizados por diversos centros de documentación, universidades norteamericanas, europeas y latinoamericanas. Intelectuales de todo el mundo, profesores y académicos, politólogos, cientistas sociales, organizaciones de la sociedad civil de distintas ideologías, e inclusive ex agentes de la CIA y personalidades de las administraciones estadounidenses, inexorablemente, critican con dureza las actividades imperiales y, en particular, las operaciones clandestinas y encubiertas desarrolladas por agentes de los servicios de inteligencia a las órdenes de la Casa Blanca y del poder político y económico en todo el mundo, especialmente en América Latina, considerada como el «patio trasero» de Estados Unidos.

Parece una interminable historia de horror y muerte. Hombres y mujeres considerados «peligrosos» para los intereses del Imperio han pagado con sus vidas el atrevimiento de denunciar los crímenes, vejámenes y humillaciones nacidos en las mentes prepotentes y expansionistas de la Casa Blanca, Departamento de Estado, Pentágono, o en las lujosas oficinas gerenciales de las poderosas empresas norteamericanas con pretensiones de dominación mundial, por medio del dólar y de las diversas formas de depredación de los recursos naturales de nuestros pueblos.

La política del garrote y de las zanahorias, del dólar y la corrupción, del engaño y la mentira, de las cañoneras y las agresiones militares, de la Seguridad Nacional de Estados Unidos, de la defensa de los sacrosantos intereses de las transnacionales, de la descarada injerencia en los asuntos internos de nuestros países, del chantaje y el soborno o repartición de coimas a gobiernos y vende patrias, han sido algunas de las estrategias de dominación imperial, que se reforzaron después de la II Guerra Mundial cuando en 1947, los expertos en espionaje y seguridad nacional, en invasiones militares y geopolítica de dominación, decidieron crear la Agencia Central de Inteligencia, CIA, que fue un engendro de la Ley de Seguridad Nacional de Estados Unidos de Norteamérica.

La CIA se ha convertido en todo el mundo y, en particular en nuestra América Latina, en Agencia Internacional del Crimen. Fue dotada de facultades extraordinarias y violatorias de la misma Constitución Política de Estados Unidos. Tiene licencia para matar, conspirar, desestabilizar gobiernos, dar golpes de Estado, destruir la economía de las naciones, enseñar sofisticados métodos de tortura, encarcelar, perseguir, desaparecer personas. Tiene expertos en guerra sicológica, en armas de destrucción masiva, en sabotajes y terrorismo, en tráfico de armas y drogas estupefacientes y psicotrópicas.

Tiene un presupuesto de millones de dólares al año para destruir gobiernos, apoyar huelgas y paros, colocar bombas de alto poder explosivo, comprar conciencias, colocar agentes nacionales y extranjeros en puestos clave de los gobiernos, comprar espacios en medios de comunicación para manipular informaciones y hechos, para tergiversar y mentir. Carece de moral y no tiene ningún escrúpulo en el momento de liquidar a sus «enemigos». La CIA es el brazo clandestino del Imperio que «trabaja» en todo el mundo por medio de las tristemente célebres operaciones encubiertas. La CIA es una organización tétrica que siembra muerte y destrucción. En suma, es una organización de espionaje experta en violación de derechos humanos y libertades.

No hay un solo país latinoamericano que no haya sido víctima de algún tipo de agresión por parte de Estados Unidos de Norteamérica, en una cifra superior a las cien agresiones.

Durante las décadas de los 70 y 80, Estados Unidos, a través de la CIA, organizó golpes de Estado en la mayoría de países de América del Sur, su excusa era combatir al comunismo aun cuando los gobiernos eran elegidos democráticamente. En lugar de estos colocaba a dictadores que seguían sus reglas, algunos de los peores tiranos de la historia latina son fruto de esta intervención, ni hablar de las nefastas consecuencias que trajo a la población: explotación, violación de derechos humanos, tortura, cárcel, persecución a opositores, entrega de recursos a transnacionales norteamericanas.

Por ello, le decimos al señor Obama que, muy a su pesar y de la simpatía que personalmente despierta, América Latina no olvida, ni olvidará nunca el intervencionismo norteamericano, los crímenes y violaciones cometidos en nombre de una supuesta democracia y de una libertad que nadie entiende. Y que somos conscientes que sus hermosos y llenos de significado gestos realizados en Cuba y Argentina, los dos extremos de la balanza latinoamericana, tienen propósitos que van más allá de lo que expresan los discursos. Que existen otros poderes que están por encima de su propio cargo que son los que realmente deciden cómo manejar las relaciones internacionales de los EEUU.

(*) Alfonso J. Palacios Echeverría

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10 COMENTARIOS

  1. Un artículo que pone las cosas en su lugar, sin ofender a nadie y diciendo la verdad, dibujando la realidad. Ninguna visita ni tampoco ningún discurso hermoso cambiará la realidad de la historia de las relaciones de los EEUU con América Latina. Me llamó la atenci{ón el que calificara a Costa Rica entre loschupamedias del imperio,pero reflexionando un poco vi que tenía razón. Acá adoramos todo lo que se encuentran en inglés. Ahora hasta los colegios privados tienen nomnres en inglés. Por ello es cierto lo que decía un amigo hace un tiempo, que todas las muestras de patriotismo y de amor a Costa Rica es pura paja, estamos como siempre de rodillas ante el Imperio.

  2. El viaje de Obama a Cuba y Argentina demostró que EEUU pretende mantener su rol hegemónico en el Hemisferio, sea en cuestiones de seguridad o en aspectos económicos, que son inseparables en la definición oficial de “seguridad nacional” estadounidense. A pesar de su decadencia a nivel mundial –o precisamente por eso– el gobierno estadounidense –más allá de lo que establece su agenda oficial– sigue siendo potencia hemisférica. Sólo eso explica que Obama pueda darse el lujo de hablar en Cuba sobre democracia y Derechos Humanos, cuando no logró cerrar la polémica cárcel estadounidense localizada en la base militar de Guantánamo –que por cierto, parece que seguirá siendo territorio de EEUU a pesar de las insistentes demandas cubanas; cuando son armas estadounidenses (en manos de narcos, militares o paramilitares) las que se han cobrado las vidas de miles de personas desde Colombia hasta México en el marco de la “guerra contra el narco-terrorismo”; cuando su propia democracia está en duda, al permitir campañas electorales millonarias financiadas por una minoría rica que es la que parece colocar gobernantes a su gusto

    • Preferimos que venga Obama a la Argentina y no Maduro. Obama no es una persona de enfrentamientos…lo demostró.
      En cambio Maduro y Chávez siempre lo fueron…nos quieren poner enfrentados a los EE.UU, hay que saber primero. Argentina no lo sabe…la muestra que dejó >Obama ES OPTIMA…
      LO QUE NOS DA MADURO CUANDO HABLA…»ES ARENGAR TODO EN CONTRA Y ASI NOS VA…ARGENTINA POR EL PISO….PIENSO QUE HEMOS VOTADO BIEN. MACRI LO ESTA DEMOSTRANDO»…NO PODEMOS PEDIR QUE EN MENOS DE 4 MESES DE GOBIERNO…CAMBIE LA DESTRUCCIÓN QUE DEJARON LOS OTROS TRAS 12 AÑOS DE MAL GOBIERNO».

  3. Excelente comentario. Existe una parte que indudablemente, siempre existirá en mi mente. «Le decimos al señor Obama que, muy a su pesar y de la simpatía que despierta, América Latina no olvida, ni olvidará nunca el intervencionismo norteamericano, los crímenes y violaciones cometidos en nombre de una supuesta democracia y de una libertad que nadie entiende». La democracia y libertad que solo conviene a EEUU y exporta a todo el mundo; pero como dice Don Alfonso, son dos conceptos que no existen en la realidad.

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