viernes 30, septiembre 2022
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La paja en el ojo ajeno…

Al finalizar esta inusualmente calurosa época seca en nuestro país y para aumentar aún más la temperatura, se ha presentado la primera de una serie de denuncias que los grupos que defienden el respeto a la diversidad sexual habían anunciado que realizarían, si la iglesia católica continuaba con sus ataques, anatemas e influenciando a políticos endebles y acomodaticios en contra del reconocimiento de los derechos humanos de los ciudadanos sexualmente diversos.

Las denuncias tienen que ver con el comportamiento de sacerdotes que practican relaciones homosexuales, producto de la lujuria que naturalmente se exacerba cuando se está sometido a la continencia, y a las tensiones con que el cuerpo manifiesta sus necesidades cuando le negamos una manifestación natural.

Se ha iniciado el proceso de denuncias con la realizada en contra de uno de los voceros de la curia harto conocido por sus posiciones virulentas en contra de los homosexuales, cuando, al parecer, desde hace muchos años, dicho personaje ha mantenido relaciones con personas de su propio sexo, de lo cual, según esta organizaciones, tienen pruebas y testimonios.

Ello viene a ser como una manifestación más ante la oleada de puritanismo moral y religioso que asola el mundo occidental y particularmente a Costa Rica, en donde se pide a los demás un comportamiento que quien hace la denuncia no practica.

En el pasado el escándalo llegó a manchar, incluso, a máximo jerarca de la Iglesia Católica, el Papa Benedicto XVI durante su pontificado, por sus actuaciones de encubrimiento cuando era cardenal, arzobispo y máxima cabeza de la “inquisición” moderna de esta agrupación.

No se mencionan, sin embargo, en los medios de comunicación costarricenses, los escándalos similares sucedidos en las iglesias anglicanas y protestantes (llamadas localmente cristianas, aunque de las enseñanzas de Cristo tengan bien poco, porque se centran en el antiguo testamento más que en los evangelios). Y algo que no se menciona explícitamente en todas estas denuncias –o lo dan por hecho- es que la mayoría de estas actuaciones han sido homosexuales. Sobre todo cuando un cura o una monja se aprovechaba de la indefensión de un niño o niña, o de un adolescente.

Por otro lado, con los escándalos de comportamiento sexual comprobados en la persona de su fundador (de quien se habló, incluso, de elevar al culto en los altares) y la aceptación de la congregación religiosa denominada como “Los Legionarios de Cristo” de hechos indiscutibles, queda una vez más en evidencia la vinculación de agrupaciones religiosas fanáticas, además de la búsqueda del poder y la riqueza material, la manipulación por parte de las jerarquías religiosas (en este caso la católica), y las prácticas sexuales ocultas. Esto ha sido así siempre, a través de los siglos.

Conocer la historia es imprescindible para enfrentarnos a la realidad porque la perspectiva histórica nos da la posibilidad de comprender que las cosas no son irremediables, que no siempre han sido tal y como hoy las conocemos y, sobre todo, que pueden cambiar. Y que las relaciones homosexuales han acompañado desde siempre al celibato sacerdotal católico, y en no pocos casos a pastores protestantes no célibes.

Por ejemplo, Carlomagno en el siglo IX se lamentaba de que en su reino hubiera monjes sodomitas, pero se limitaba a pedir a los obispos que lo prohibieran y lo erradicaran, pero no proponía ningún tipo de jurisprudencia que lo castigara. La Regla de San Benito, que era el reglamento según el cual se organizaban la mayoría de las órdenes religiosas de la Edad Media, daba unas indicaciones para evitar que este tipo de actos se extendieran en los monasterios entre los monjes jóvenes, pero nada de hogueras. Lo que la Regla ordenaba hacer era que los monjes durmieran todos en un dormitorio común con la cama del abad en el centro para evitar visitas a otras camas, que se dejara la luz encendida toda la noche y que los monjes durmieran los jóvenes al lado de los viejos para evitar las tentaciones. Así mismo, en esa época hasta el siglo XII floreció una literatura en forma de cartas de amor y poemas que los monjes se escribían unos a otros y que han llegado hasta nuestros días. El amor florecía en los monasterios, reductos masculinos, sin que los monjes fueran castigados por ello. Pero en el siglo XIII todo cambia bruscamente.

En Europa se comienzan a promulgar leyes que sancionan con la castración, el descuartizamiento o la hoguera para los actos de sodomía. Según el historiador norteamericano, John Boswell, que fue catedrático de historia en una de las universidades más prestigiosas del mundo, la de Harvard, son varios los factores que propician este cambio. Fundamentalmente que la sociedad de la época se encuentra con una serie de enemigos ante los que es conveniente alentar el odio: el Islam, los judíos, los herejes…  Como ocurriría muchos siglos después con el fascismo y los judíos por ejemplo, pues cuando se quiere movilizar al pueblo lo mejor es dirigir su odio contra alguien y ese alguien eran moros y judíos a los que se acusaba de cualquier cosa: de sodomía también.

Pero según muchos historiadores la puntilla a la tolerancia medieval la puso el proceso contra la orden de los Templarios a instancias de Felipe IV de Francia. Esta orden, que nació en 1119 para proteger a los peregrinos que iban a tierra santa, había acumulado una gran cantidad de riquezas con los años. Tantas que el rey de Francia las quería para sí. La ley decía que cuando alguien era acusado de un crimen y ajusticiado, el rey se quedaba con su riqueza. Felipe IV acusó a los templarios de dedicarse a prácticas de sodomía. En Francia en una noche se detuvo a todos los templarios a los que la tortura les hizo confesar que así era. Entonces no fue difícil ordenar que todos ellos fueran quemados y sus riquezas expropiadas para la corona. Desde entonces, siempre que no se ha sabido de qué acusar a un enemigo con el que quiere acabarse se le ha acusado de dedicarse a la homosexualidad.  Pero en todo caso ahí están las cartas que unos monjes enamorados dirigían a otros.

A lo largo de la historia los seres humanos han otorgado a la sexualidad una importancia mayor que la de la simple reproducción o el placer personal, el acto sexual y los órganos sexuales, especialmente el pene, han tenido una significación mística y religiosa en miles de culturas de todo el mundo, en su sentido más amplio, los cultos sexuales son tan antiguos como la propia religión. Las sacerdotisas del templo de Babilonia, así como en Grecia y Roma participaban en un sexo ritual, en ocasiones como un rito de fertilidad; los adoradores del dios griego Dionisio celebraban desenfrenadas orgías y borracheras en su honor, en la Europa medieval las sectas cristianas fanáticas, como los Bogomil y los Fraticelli de Italia, escandalizaban a la iglesia practicando la promiscuidad y el sexo grupal para mayor gloria de Dios.  Los cultos sexuales en la actualidad tienen  muchos ancestros en los cuales reflejarse.

Algunos cultos sexuales admiten abiertamente que su principal objetivo es permitir a sus miembros explorar ampliamente las actividades sexuales, otros sin embargo se oponen a que se los denominen cultos sexuales La gente naranja que sigue al gurú Rajneeh diríase que están interesados en cuestiones espirituales y que el seguimiento que hacen los medios de comunicación de sus actividades sexuales son exclusivamente sensacionalistas. Algunas de las comunidades alternativas idealistas fundadas en los años 60 y 70 en EE.UU. y Europa no fueron creadas simplemente para ofrecer a sus miembros las posibilidad de entregarse al sexo libre, sin embargo muchos de estos grupos otorgan mucha importancia al sexo o actividades sexuales específicas, ya sea como un fin en sí mismo o como un medio para alcanzar un fin superior. En un extremo de la escala al culto sexual están los grupos terapéuticos religiosos, los idealistas, los psicosexuales, los que enfatizan la importancia de la libre expresión sexual, en el otro lado están los clubes y los cultos que se especializan en el sexo, los sadomasoquistas o bien la sexualidad grupal ritual.

Los experimentos y los excesos sexuales del pasado reciente, han declinado casi con la misma rapidez con la que surgieron el sexo en grupo, las relaciones sexuales casuales y fugaces, siempre han comportado el riego de contraer una enfermedad de trasmisión sexual, aunque en su mayor parte estos deben ser considerados simples inconvenientes que responden a un tratamiento específico al cabo de algunas semanas. Tanto para los homosexuales como para los heterosexuales el incremento en los casos de SIDA ha cambiado el panorama, ahora se trata de un juego mortal y las sectas y clubes sexuales casi han desaparecido, los que prefieren el sexo en grupo deben limitarse a grupos muy reducidos en los que puedan confiar.

Del mismo modo, el interés por la exploración religiosa y espiritual también parece haber menguado, el mundo occidental ha entrado en una nueva era de castidad y conservadurismo, tal vez dentro de 20 años las sectas sexuales vuelvan a ponerse de moda, pero quizá se ha producido un cambio mucho más importante, las personas pueden ahora sentirse más relajadas y lo bastante abiertas como para disfrutar plenamente de la sexualidad en sus relaciones cotidianas.

Al parecer, detrás de todos estos enredos sexuales al interior de la iglesia católica se encuentra la nefasta práctica del celibato sacerdotal. Desde la Edad Media, la Iglesia Católica ha requerido formalmente que los sacerdotes y obispos sean célibes. Sin embargo, el celibato no es una práctica y una disciplina cuyos inicios se remontan a los orígenes de la Iglesia, cuando previamente no se requería de todos aquellos ordenados como sacerdotes. En este contexto, el celibato no es sinónimo de abstención sexual; el celibato significa que alguien no está casado; implícitamente significa que el célibe practica la abstinencia sexual ya que la doctrina eclesiástica condena las relaciones sexuales fuera del matrimonio.

La disciplina del celibato no se considera como uno de los dogmas infalibles e inmutables, no obstante, la doctrina católica sí indica que tanto la virginidad como el celibato, que se viven como abstinencia sexual, son dones y sacrificios más altos que el matrimonio, de acuerdo con lo que se lee en las Cartas de Pablo de Tarso y confirmado esto por el dogma en el Concilio de Trento. Por ejemplo, en algunos casos un ministro protestante casado o uno anglicano que se convierta al catolicismo puede ser ordenado sacerdote. En las Iglesias orientales católicas, hombres casados son a menudo ordenados como sacerdotes pero nunca al episcopado. De acuerdo con los Evangelios, San Pedro estuvo casado. San Pedro fundó la comunidad católica en Roma y se convirtió en su obispo.

El celibato sacerdotal incumbe directamente a los sacerdotes diocesanos y no a los sacerdotes religiosos que siguen el celibato monacal (cumplimiento del voto de castidad), que es mucho más antiguo. La historia del celibato sacerdotal obligatorio se encuentra dentro de la Historia de la Iglesia Católica o Iglesia Latina. Por su parte, la Iglesia oriental incluye el celibato sacerdotal como una opción que el presbítero hizo antes de recibir el orden diaconal, incluso en aquellos grupos de iglesias orientales en fraternidad con Roma. Algunas leyes empezaron a exigir el celibato sacerdotal entre diócesis de rito latino en tiempos tan tempranos como el siglo V y se hizo manifiesta en el Concilio de Letrán en 1123, aunque dicha regulación no fue seguida de manera estricta. Fue solamente hasta el siglo XVI, en el Concilio de Trento (15451563), que se estableció de manera definitiva el celibato sacerdotal obligatorio como se le conoce en la actualidad, en respuesta a la Reforma protestante que permitía, e incluso promovía, el matrimonio de los sacerdotes, al tiempo que suprimía las órdenes religiosas y sus votos.

Muchas razones se argumentan para que la Iglesia Latina llegase a optar por sacerdotes no casados. Destaca una relajación en los hábitos sexuales de los sacerdotes que intentaron regularse en los concilios de Maguncia y Augsburgo, así como se asegura que durante el Concilio de Constanza 700 mujeres públicas asistieron para atender sexualmente a los obispos participantes.[] Es posible que dicho desorden causara una decisión de este tipo con el fin de presentar en la figura del sacerdote a un pastor irreprochable. Otra razón que suele argumentarse es la de problemas de propiedad con sacerdotes casados cuyos hijos reclamaban todos los haberes de sus padres al morir estos, lo que incluía la parroquia.

En época reciente, la postura oficial del pontificado sobre el celibato se ha pronunciado en varias ocasiones, como respuesta a algunos movimientos católicos de renovación en torno al Concilio Vaticano II, y que plantean el celibato opcional, a veces con el desafío directo mediante la petición de secularización o la exhibición pública de curas casados o conviviendo con sus parejas. Sacerdotalis Caelibatus fue la sexta encíclica el papa Pablo VI (24 de junio de 1967). En el mismo sentido se han pronunciado los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI. Sin embargo, a lo largo de la historia del papado se registran, varios casos conocidos de papas que, bien antes de ser elegidos o incluso durante sus respectivos periodos en el papado, tuvieron hijos, estuvieron casados o mantuvieron relaciones de índole sexual (heterosexual u homosexual) y conocimiento notorio.

Así pues, la exposición pública de los escándalos de hoy busca algo más que acabar con el celibato, creo yo. Se hace como una retaliación a la hipocresía de la jerarquía católica en nuestro país y a las predicas de sacerdotes homosexuales en contra de la diversidad sexual y el respeto de los derechos humanos que tiene estas personas. Las prácticas sexuales en los seminarios o los conventos han sido cosa de todos los días, los curas pederastas (auténticos enfermos mentales, pues abusar de un niño es una patología clínica) deben distinguirse de los curas con mujer (o mujeres) conocida e hijos producto de sus relaciones.

Desde la edad media se conocen los esfuerzos que una parte de la iglesia católica realizaba para erradicar los “enamoramientos monacales”, como se mencionó arriba, y en la actualidad, como se comenta en voz baja y sin mencionar nombres, las prácticas sexuales en los seminarios y los conventos, que son de todos conocidas. No es el celibato, repito, lo que está en juego, pues si Usted decide practicarlo como una decisión personal, de la misma forma que decidiera no comer carne de cerdo o no vestirse de rojo, es asunto suyo.

Lo que está en juego en este tira y jala es la hipocresía, la mentira, la doble moral. Lo que sucede es que existe una nueva postura orientada a hacer que las figuras públicas cumplan con las normas que se suponen rigen su comportamiento y que aceptaron como tales libremente. Y ello no solamente incluye a los curas y monjas, sino también a políticos, gobernantes y cualquier otro tipo.

(*) Alfonso J. Palacios Echeverría

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1 COMENTARIO

  1. Además de las prácticas lesbianas en los conventos de monjas. Qué se ha dicho sobre los innumerables abortos practicados dentro de sus muros ? Poco o nada, pero se rasgan las vestiduras ante una ley pública que regule dicha práctica.

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