domingo 2, octubre 2022
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La cosmovisión geométrica del pueblo Ngäbe encierra a un mundo incomprendido

Panamá, 2 abr (EFE).- Desde tiempos ancestrales los indígenas panameños de la etnia Ngäbe describen a través de figuras geométricas como triángulos y líneas el reflejo de un mundo incomprensible pero perfectamente conjugado, un simbolismo autóctono en su cultura.

Vestidos, collares, bolsos, sombreros y artesanías de madera de la etnia Ngäbe son distinguidos por sus elaborados y conocidos diseños de figuras geométricas que encierran un significado que va más allá de la comprensión occidental.

Mientras mostraba un collar de chaquiras o ngünka que asemejaba a la figura de un sol compuesto por rayos triangulares, el representante de la Fundación Ngäbe-Buglé Carlos Montero dijo a Efe que aquellos elementos abarcan aspectos que involucran también a la naturaleza y la filosofía.

«El hombre ngäbe expresa a través de figuras geométricas sencillas su visión del cosmo de un mundo complicado y perfectamente conjugado que refleja a través de bellezas», detalló.

«Si miras una chaquira ves que cada triángulo está justamente en el lugar que corresponde, ninguno está desalineado, así es el mundo; el hombre es el que agrega o altera, y para recordar que debemos mantener la armonía llevamos con nosotros ese tipo de elementos».

Un total de 260.058 indígenas de este pueblo, según los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos de Panamá, habitan en la Comarca Ngäbe-Buglé, que une a dos etnias, antes llamadas Guaymíes, naturales de las provincias occidentales de Bocas del Toro, Chiriquí y Veraguas, diferenciados solo por la lengua indígena.

Además de detallar la composición de figuras, Montero también resalta el uso de los vestidos que usan las mujeres indígenas de la etnia, llamados «nawas» o naguas, un modesto atuendo similar a una bata con colores llamativos y adornos geométricos en los hombros, escote, cintura y parte inferior.

«Ahora se usan telas sintéticas, sin embargo el vestido ancestral era de fibra natural de un árbol llamado «No Watä», afirmó.

Otra artesanía que evoca a la geometría es la llamada «krä» o chacara, que consiste en un bolso hecho de fibras vegetales de pita, cuyas figuras son pintadas con colorantes.

La prenda fue creada por la cultura Ngäbe y su uso se extendió por el territorio panameño, debido a que los indígenas transmitieron su conocimiento a campesinos occidentales descendientes de españoles.

«En la provincia de Los Santos hacen chacaras, pero el nivel de confección es totalmente distinto. Ellos hacen un estilo básico, muchas veces tejido con hilo sintético, mientras que nosotros utilizamos fibras naturales y su uso depende de un nivel jerárquico».

«Antes solo lo utilizaban los «Sukia» o jefes espirituales al igual que las chaquiras, ahora lo emplean los que tienen poder económico para denotar su poder. Los que no tienen dinero utilizan diseños más asequibles», explicó.

Montero reconoció la figura de las mujeres y ancianos indígenas porque la mayoría domina el arte de confeccionar artesanías, aunque unos con más destreza que otros.

«Las abuelas enseñan el arte de elaborar a sus nietas las chacaras y chaquiras, y los abuelos los sombreros; siempre habrá un nieto que sea más hábil para un talento que otro, nuestros ancianos solo se encargan de pulir al más ágil».

Entre su culturalidad amplia y ancestral, el joven también señaló el uso de instrumentos proveídos por la naturaleza como el «dru» o caracol, el caparazón de tortuga y el cuerno proveniente del búfalo.

Mencionó que mucho de esos instrumentos se utilizan en la «Balsería», festividad deportiva regional de los Ngäbe, donde los hombres demuestran su fortaleza al golpearse en las pantorrillas con unas maderas redondas, llamadas «balsa».

Montero advirtió su descontento porque muchas palabras gnäberes son interpretadas por otros, sin una consulta previa al pueblo de su traducción, por lo que para evitar controversias les dejan el nombre en español.

El representante explicó que los congresos que componen la comarca, de 6.814 kilómetros cuadrados, deciden qué hacer en cada región, y que en solo uno de los siete distritos que la componen el turismo es permitido, lo que él ve positivo porque cada zona tiene su «utilidad» ya sea para el comercio o la exportación.

Añadió que el pensamiento autóctono de los Ngäbe tiene una filosofía de amar y respetar la naturaleza, es por eso que se le pide permiso a ella antes de actuar.

«Vivimos en un mundo complejo, en que cada pieza debe estar en el lugar que le corresponde. Si movemos una pieza, puede haber un desequilibrio, de esos somos conscientes», advirtió. EFE

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