viernes 30, septiembre 2022
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La infancia se vive entre la pobreza y la violencia en México

Ciudad de México, 8 abr (Sputnik).- Los niños, niñas y adolescentes de México son las víctimas más afectadas por la pobreza y la violencia del crimen organizado, dijo este viernes a Sputnik Nóvosti Luis Barquera, presidente de Odisea AC, organismo civil dedicado al estudio y prevención de ese problema.

El experto indica que «un hallazgo dramático de nuestras investigaciones es que la proporción de niños pobres es más alta con respecto a la población en general en pobreza».

Esta conclusión, basada en cifras del gubernamental Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) de 2012, que este año debe presentar su nuevo examen de la situación, ha sido confirmada esta semana por la Unicef.

En México, 21 millones de menores viven en pobreza, 5 millones en pobreza extrema, y 1,5 padecen desnutrición, más de la mitad de la población infantil del país latinoamericano, de acuerdo con el informe anual 2015, presentado la víspera por Unicef-México.

Y la violencia destruye miles de vidas infantiles: 36 de cada mil niños y adolescentes de entre 10 y 17 han sido víctimas de violencia, indica el documento de Unicef Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) para México, citado por el experto.

Un examen de la cifras revela que «la vulnerabilidad de los menores está en las calles y las escuelas del país, porque un 42 por ciento de las agresiones han sido perpetradas en la vía pública; el 40 por ciento en la escuela; y solo 10 por ciento en el hogar», apunta Barquera.

Es el resultado –prosigue el especialista- de que «los recortes al presupuesto afecta más al gasto público destinado a la infancia, y se desarrolla de manera inercial, como si la realidad no fuera más dramática».

Según las nuevas cifras de Unesco, mucho más de la mitad de niños y niñas sufren pobreza, eso revela que proporcionalmente son más afectados que el resto de la población: en todo el país 53,3 millones son pobres, 47,5 de toda la población, menos de la mitad, pero más de la mitad de las y los menores de edad, 54 por ciento, sufren pobreza.

REPETICIÓN DE FRACASOS

Los políticas sociales hacia la infancia y adolescencia «solo repiten lo mismo que ha fallado en tres décadas, no se dirigen a sus problemas específicos, ni distinguen entre niños de la calle en ciudades, las carencias de los indígenas o los niños trabajadores».

Esta realidad se repite y es mayor en estados con predominio de comunidades indígenas, como Chiapas, Oaxaca y Guerrero.

Pero también en Veracruz, un estado petrolero, con puertos en el Golfo de México: el 52 por ciento de la población vive en pobreza, pero la marginalidad afecta a 60 por ciento de los niños, ilustra el experto.

En los últimos años, la violencia criminal se ha ensañado con los infantes: «es un fenómeno muy complejo que los ha tomado desprotegidos y sobreexpuestos, en completa desventaja, no solo psicológica, porque son abusados, explotados, y enrolados en actividades criminales u de corrupción».

Además, los más pobres «son estigmatizados, y criminalizados, en la calle y en algunos medios son retratados como delincuentes potenciales, usados o comprados por menos de 100 dólares para cometer un delito, pero se omite o se banaliza que siempre detrás de un niño que infringe la ley está un adulto corruptor de menores».

Las condenas de los corruptores de menores para cometer delitos no aparecen en las estadísticas y hay una impunidad específica –reprocha-; «se necesitan procesos y condenas severas que apunten a los delincuentes que utilizan a niños en el crimen organizado, y los adolescentes no tienen oportunidades educativas y laborales necesarias para una vida digna».

El Estado mexicano «no tiene políticas públicas específicas para incorporarlos a otras actividades, y son presa fácil para traficantes, mafias de trata de personas, y existe un vacío de información especializada».

TRADICIÓN CLIENTELAR

Tradicionalmente, desde su fundación hace casi 30 años el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia, (SNDIF) conocido simplemente como DIF, ideado en 1977 por Carmen Romano, esposa del presidente José López Portillo, ha estado en manos de las Primeras Damas, esposas de presidentes, gobernadores y presidentes municipales del más remoto pueblo.

Este enfoque del poder patriarcal real, «no ha servido, porque tiene un enfoque clientelar», dice el experto, quien ha evaluado los programas sociales en los últimos 20 años.

El uso político de las campañas contra la pobreza como la Cruzada contra el Hambre «no ha funcionado porque no existe una coordinación interinstitucional eficaz, por el uso patrimonialista de los recursos públicos, y por el clientelismo político», enfatiza.

Finalmente, en el marco de América Latina, México aparece con un retraso importante en su manera de entender los fenómenos: en 30 años de programas sociales desde Solidaridad de finales de los años 1980, y sus sucesores Progresa, Oportunidades, rebautizado ahora como Prospera «los avances han sido mínimos».

La cifra de pobres lo dice: aumentó 16 por ciento en números absolutos en dos décadas, subió de 46 millones en 1990 a 53,3 millones en 2012. (Sputnik)

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