viernes 9, diciembre 2022
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De un periodismo social a uno mercantilizado y subordinado al poder

El periodismo a lo largo  de la historia ha sido el relato del acontecer cotidiano, así como el medio para trasmitir edictos, avisos, información o interpretaciones sobre aspectos particulares a quienes se supone están interesados e implicados en un contexto determinado. Se podría decir que el periodismo surge para atender las necesidades de tener conocimientos sobre aspectos particulares de la realidad, a la vez que permite establecer nexos entre las personas en un ámbito socialmente interrelacionado.

El periodismo era dependiente del interés informativo de una colectividad determinada y se constituía en el medio necesario para la integración y la comunicación, más allá del espacio de la interacción personal cotidiana. En sociedades o colectividades donde se relativizaban o cuestionaban los modos autocráticos en el ejercicio político y estatal, el periodismo se constituía en una forma para articular poblaciones que se encontraban desintegradas. Es por ello que la prensa, comprometida con lo público y lo nacional, fue y es atacada y reprimida en regímenes totalitarios y terroristas, como un modo de acallar, distorsionar y desinformar a la población y de este modo limitar una oposición unitaria y organizada contra la dominación. La unidad de criterio entre el interés ciudadano con el ejercicio periodístico posibilitaba la conformación de identidades, que en determinados contextos se constituían en medios para la organicidad, la acción colectiva y la democracia.

La relación simbiótica del periodismo con la colectividad, se plasmaba en la denominación del periodismo como un medio de opinión pública. Sin embargo, habría que anotar que no es una relación automática ni válida para el periodismo en general ni es consustancial a su ejercicio profesional cotidiano, porque no es el periodismo el que crea opinión pública, como tampoco necesariamente representa ni crea el interés ciudadano. Lo público no es objeto de decisiones privadas ni profesionales; es el resultado de formas de conciencia, pensamiento y actuación colectiva común, que podrían ser recogidas y difundidas por el periodismo. No obstante, su ejercicio profesional en la globalidad del presente y de la sociedad costarricense, los medios privados se han convertido -con algunas honrosas excepciones-, en formas de expresión de sus propietarios, o con quienes compartiendo intereses comunes, centralizan y concentran el poder económico y los negocios mediáticos. De este modo, el periodismo como manifestación de la opinión pública se transforma en publicaciones de opiniones privadas de sus fuentes de trabajo. Así, se distorsiona, falsifica y manipula interesadamente las realidades y acontecimientos para desintegrar e impedir la organicidad ciudadana en la defensa de lo público y nacional.

Todo quehacer profesional periodístico, como cualquier trabajo, supone e implica una ética. El ejercicio laboral no es indiferente ni exime a sus protagonistas del respeto de los valores, cultura y el bien común de un pueblo, porque forma parte de su propia vida, de su pasado y presente. La privatización del pensamiento es quizás la más funesta y cruel forma de supeditar el trabajo de los periodistas en los medios privados. Se violenta la moralidad profesional y social, falsificando la información y las realidades en favor de los propietarios de los negocios. Son inmorales también los empleadores que, violando la libertad de pensamiento y el ejercicio profesional, chantajean con el trabajo remunerado a cambio de la difusión del cinismo, la calumnia y la mentira. La inteligencia y moral de los periodistas es cubierta y sustituida por la infamia intelectual e inmoralidad de sus empleadores. Hoy la buena noticia social, política o económica nacional no es noticia, porque no sirve a los intereses que representan los medios.

Es una lástima individual, social y jurídica, que la obtención y conservación del trabajo remunerado se haga a expensas de la esclavitud y alienación del pensamiento contra la verdad, la libertad y la democracia de una sociedad. Es una necesidad denunciar la infamia de los que se imaginan dueños del país, de quienes creen que todo lo que se haga en la sociedad debe contar con su aprobación, beneficio y condicionamiento. Eso es totalitarismo, nunca democracia ni bien común.

El periodismo costarricense está empañado por una imagen inventada, por la estupidez y el rating mercantil mediático. No interesa el periodismo investigativo ni comprometido con la sociedad y la verdad, solo interesa vender mentiras, pornografía, actos delincuenciales y fanatismos futbolísticos. La mantención de la ignorancia es un recurso político tiránico de pocos contra todos. El predominio de estas formas mediáticas son contrarias a la comunicación porque son unilaterales y arbitrarias que impiden y no requieren del diálogo. Pero, también habría que decir que esa prensa constituye una paradoja de nuestra democracia porque se permite y legaliza. La inmunidad y la impunidad mediática no son ejemplos de democracia, lo son del totalitarismo contra la inteligencia, la libertad y la cultura.

(*) Juan Huaylupo Alcázar es Catedrático, Universidad de Costa Rica.

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2 COMENTARIOS

  1. Es una queja existente y que siempre existira.
    Cualquiera o cualquier grupo tiene la libertad de establecer su propio medio de comunicacion a traves del cual difundir sus ideas o las que a su criterio son las mejores para la sociedad.Pero hay que rascarse la bolsa, y ante todo tener audiencia que le permita contratar a los mejores y publicar su ideal.
    Veamos el caso del Semanario Universidad,un medio subsidiado por los costarricenses,donde no importa cuanto se gaste ,ni si tiene lectores.Lo que importa es dar a conocer la ideologia y pensamiento de los academicos.

  2. Acertado su artículo don Juan. Las parrillas informativas no tienen nada de interés público. No es posible que nos hagan creer que lo que informan interesa. Se descarta ad portas una sociedad en desarrollo que lucha por salir adelante, y, por el contrario, jalan mecates para hundir esperanzas. Exponer esta realidad es imprescindible y así como se exige rendición de cuentas y transparencia a todos, exijamos a los medios mejores contenidos. Sabemos que la mayoría son empresas privadas donde prima lo superfluo.

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