martes 31, enero 2023
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Pizer admite que despidió a 30 directivos por pagos irregulares a médicos españoles

Madrid, 12 Abr (nogracias.eu).- El 19 de noviembre de 2015 un cataclismo sacudió la sede de Pfizer España en el parque empresarial de La Moraleja, 15 kilómetros al norte de Madrid. El primer ejecutivo de la farmacéutica en el mundo, Ian Read, había tomado las riendas de una crisis que hasta ese momento no pasaba de rumores de pasillo en las oficinas españolas.

Ese día rodaron cabezas. Una treintena de directivos y delegados comerciales empezaron a desfilar desde sus despachos con las cartas de despido, entre el pasmo general de sus compañeros y un absoluto secretismo de la dirección. Treinta salidas sin un ERE, sin negociación con los sindicatos, sin una comunicación oficial. La criba se llevó por delante a varios peces gordos.

Cayó el director de la Unidad Legal y secretario del Consejo de Administración de Pfizer España y Sur de Europa, Vicente Morales, tras 17 años en el cargo. Cayó el jefe de gestión hospitalaria, Antonio Rojo. Cayeron 22 delegados de ventas. Y tres directores regionales. Y sobre todo, cayó el director de Relaciones Institucionales de la compañía, Juan José Polledo, un viejo conocido de la Administración pública. Director general de Salud Pública del Ministerio de Sanidad entre 1991 y 2000 con los gobiernos del PSOE y del PP de entonces, también él aparecía asociado a un escándalo de malas praxis empresariales vinculadas a pagos a médicos del sistema público.

La historia venía de lejos. De un año atrás, aproximadamente, cuando un extrabajador de la compañía implicado en algunos conflictos internos y con mala fama entre parte de la plantilla, decidió tirar de la manta y denunciar directamente a la matriz en Estados Unidos a través de su línea confidencial presuntas prácticas irregulares que vulneraron el exigente código de autorregulación de la compañía.

La alerta, según las fuentes consultadas, censuraba las relaciones de varios delegados comerciales de la multinacional con médicos y gestores de hospitales públicos. Aludía a pagos supuestamente camuflados como colaboraciones científicas y prohibidos en Pfizer, que como empresa asociada a Farmaindustria está sujeta al código de buenas prácticas que impide a su personal ofrecer regalos de más de 10 euros a médicos o gestores sanitarios (60 euros, si se trata de material formativo, ya sean libros o en soporte multimedia). Pese a que la denuncia era más o menos conocida en las oficinas españolas de Pfizer, durante meses el personal hablaba de una venganza que se quedaría en nada.

La noticia de los despidos la avanzó la publicación Revista Médica el mismo 19 de octubre y se publicó sin mucho despliegue en algunos medios económicos.

Pfizer ni siquiera emitió un comunicado. A la escasa prensa que se interesó por la crisis, la multinacional le respondió que «unos compañeros habían dejado la empresa».  

Una patente a punto de caducar

Dos fuentes de Pfizer consultadas por eldiario.es, una que continúa en la compañía y uno de los empleados que ha salido, han confirmado ahora que las razones de las 30 salidas tuvieron que ver con esa denuncia sobre prácticas no toleradas por el código interno de la multinacional. Aluden a un escrito que alertaba de pagos y prebendas prohibidas por la normativa de Pfizer a médicos de la Seguridad Social para prescribir el medicamento Enbrel, justo durante los años previos a que caducase la patente –expiró en 2015– de este antirreumatoide.

La respuesta desde la cúpula de Pfizer en Estados Unidos no tuvo miramientos. Todo el que tenía pistas sobre esas prácticas en la empresa fue depurado. Bastó con estar en copia de algunos de los correos electrónicos que se intercambiaban los delegados comerciales con médicos o gestores hospitalarios. De ahí los 30 despidos.

A preguntas de eldiario.es Pfizer confirmó el pasado viernes por primera vez que detectó irregularidades en la división española que le empujaron a establecer «sanciones» y despidos. En una respuesta escrita remitida a esta redacción por su departamento de Comunicación, Pzifer explica: «Como parte de nuestro programa interno de Integridad, Pfizer detectó ciertas acciones en España y la compañía finalizó los contratos con algunos empleados y sancionó a otros. La compañía siempre mantiene la privacidad cuando se trata de empleados, así que no vamos a comentar nada más sobre la situación de estos empleados. Pfizer se toma el compliance [el código de conducta] muy en serio y nuestro objetivo es asegurar que cada empleado en todo el mundo lo hace también. Es por ello que la compañía tiene procesos sólidos para ayudar a prevenir y detectar potenciales infracciones de nuestras políticas internas. Todos estos procesos se revisan regularmente para asegurar que se mantienen actuales y que cumplen con los objetivos y requerimientos de los países en los que tenemos presencia».

Durante los meses que duró la investigación interna y que, según fuentes internas, incluyó la inspección de varios servidores informáticos, Pfizer estaba preparando su fusión con otro mastodonte del sector, Allergan, el fabricante de bótox, para constituir la primera farmacéutica mundial valorada en 160.000 millones de dólares. El acuerdo que finalmente se anunció el 23 de noviembre (cinco días después de la escabechina en la sede española) se deshizo sorpresivamente el 6 de abril, a raíz de las últimas reformas fiscales de Estados Unidos.

Multa anterior de 60 millones de dólares por sobornos

En ese contexto previo al gran anuncio de fusión, Pfizer no podía permitirse el escarnio de otro pleito, como el que le obligó en 2012 a pagar 60,2 millones de dólares (unos 50 millones de euros entonces) a la Comisión del Mercado de Valores de Estados Unidos y al Departamento de Justicia para eludir la condena por cohecho que amenazaba a varias de sus filiales precisamente por sobornar a médicos e instituciones sanitarias de Europa y Asia.

En conversación con eldiario.es, uno de los empleados despedidos, que ha pedido mantener su anonimato y ni siquiera confirma si su salida de Pfizer está blindada con un contrato de confidencialidad, asegura que la denuncia por malas prácticas existió pero defiende que se trató de una «mera venganza que no tiene razón de ser y que se ha llevado demasiado lejos».

En los tribunales tampoco constan denuncias por los despidos de la multinacional. Fuentes internas de la compañía aseguran que todas las salidas fueron pactadas. El comité de empresa no atiende a periodistas y se remite a las explicaciones de la dirección. Lo que pasa en la farmacéutica se queda en la farmacéutica.

La organización No Gracias cuestiona a Pfizer

Entre tanto, sobre el tema, la Organización No Gracias, con sede en Madrid, España, integrada por profesionales y científicos investigadores y destacada por su lucha por la transparencia en la investigación y los negocios de la salud ha cuestionado a la transnacional Pfizer con el siguiente artículo en su página Web:

La multinacional Pfizer despide a gran parte de su cúpula directiva en España por haber detectado prácticas de sobornos a médicos y gestores para fomentar la utilización de sus medicamentos:

“La alerta, según las fuentes consultadas, censuraba las relaciones de varios delegados comerciales de la multinacional con médicos y gestores de hospitales públicos. Aludía a pagos supuestamente camuflados como colaboraciones científicas y prohibidos en Pfizer, que como empresa asociada a Farmaindustria está sujeta al código de buenas prácticas que impide a su personal ofrecer regalos de más de 10 euros a médicos o gestores sanitarios (60 euros, si se trata de material formativo, ya sean libros o en soporte multimedia).”

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Pfizer es la tercera compañía farmacéutica más grande del mundo con una facturación global en 2014 de 49.605.000.000.

Su historial es ciertamente truculento:

– 2004: 430 millones de dólares de multa en EE.UU en relación con la responsabilidad criminal y civil en lo que respecta a la promoción de la gabapentina para usos no aprobados por la FDA

– 2009: 1300 millones por promover la venta de Bextra (Valdecoxib para la artrosis), Geodon (Ziprasidona para la psicosis), Zyvox (Linezolid, un antibiótico) y Lyrica (pregabalina, un antiepiléptico) para usos y dosificación no aprobados por la FDA (el medicamento fue retirado del mercado por su peligrosidad en el año 2006)

– 2012: paga 60.200.000 a la Comisión del Mercado de Valores de EE.UU (SEC) y al Departamento de Justicia para eludir los cargos de cohecho que pesaban sobre varias de sus filiales por sobornar a médicos e instituciones sanitarias de Europa y Asia

– 2012: acusada de practicar “una conducta delictiva” y “financiar un oscuro sistema de coimas y sobornos a los médicos en el marco de la cadena de comercialización de los medicamentos” en el sistema de salud argentino

– 2013: pago de 490.900.000 para resolver su responsabilidad criminal y civil resultante del mercadeo ilegal de Rapamune (Sirolimus) para usos no aprobados como seguros y efectivos por la FDA

La decisión de Pfizer de depurar a su cúpula directiva en España parece más una estrategia de control de daños que un repentino ataque de ética.

Pfizer no tiene credibilidad.

No solo porque las sentencias por prácticas corruptas se repiten (como hemos descrito) sino porque, como cuenta Peter Gøtzsche en su libro “Medicamentos que matan y crimen organizado: cómo las grandes farmacéuticas has corrompido el sistema de salud”, cada vez que la multinacional es condenada por sobornos o publicidad engañosa se le obliga a firmar un Acuerdo de Integridad Corporativa con el Departamento de Sanidad norteamericano comprometiéndose a ¡actuar correctamente durante los cinco siguientes años!

Así que Pfizer es una mentirosa compulsiva: mientras promete buen comportamiento, ya está cometiendo la siguiente ilegalidad (aunque lo de pactar no cometer ilegalidades durante un periodo concreto no deja de ser llamativo)

Por tanto, es muy poco creíble que Pfizer se haya transformado en una compañía ética de un día para otro.

Farmaindustria tampoco tiene credibilidad.

El Código Ético de Buenas Prácticas prohibe los regalos a los médicos desde hace muchos años y, a pesar de ello, estos regalos siguen produciéndose.

En el Código de Framaindistria del año 2002  ya podía leerse:

“10.1. No podrán otorgarse, ofrecerse o prometerse obsequios, ventajas pecuniarias o en especie a los profesionales sanitarios implicados en el ciclo de prescripción, dispensación y administración o al personal administrativo para incentivar la prescripción, dispensación, suministro y administración de medicamentos, salvo que se trate de obsequios de poco valor y relacionados con la práctica de la medicina o la farmacia. Por lo tanto, es admisible la entrega de obsequios tales como utensilios de uso profesional en la práctica médica o farmacéutica o utensilios de despacho de valor insignificante.

10.2. Se considerará que el obsequio es de poco valor cuando no supere los 19 euros. Esta cantidad se actualizará periódicamente atendiendo a criterios de mercado.

10.3. Se exceptúa la entrega de objetos como libros o material en soporte óptico, magnético, electrónico o similar, bajo el patrocinio de la compañía, sobre temas de medicina o farmacia, siempre que cumplan los requisitos legales establecidos.

10.4. No será admisible la entrega de regalos de mayor valor o de naturaleza distinta a la científico-técnica.”

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http://sociedad.elpais.com/sociedad/2006/06/14/actualidad/1150236007_850215.html

 

Cada nuevo Código era anunciado a bombo y platillo como más estricto que el anterior

Diapositiva69Sin embargo, a pesar de los sucesivos “estrictos” Códigos éticos, las empresas farmacéuticas han seguido realizando pagos y regalos a los médicos.

En un estudio publicado en el año 2012 en Gaceta Sanitaria, el 55,2% de los médicos de atención primaria y el 53,1% de los médicos del hospital reconocían haber recibido regalos, no relacionados con la formación, por parte de la industria en el último año (incluyendo invitaciones a comidas y eventos deportivos o culturales).

Para que esta sobreactuación de Pfizer fuese creíble, debería dar todas las explicaciones públicas necesarias.

Pero eso no va a pasar.

Para que la auto-regulación de Farmaindustria fuese creíble, la Unidad de Supervisión Deontológica o la Comisión Deontológica de la Industria Farmacéutica, órganos responsables del control del cumplimiento del Código, deberían abrir un expediente para conocer el exacto alcance de las irregularidades y garantizar a la sociedad española que la empresa ha tomado todas las medidas necesarias.

Pero eso no va a pasar.

Pero lo que sí parece necesario es que la fiscalía abra una investigación a una empresa que reconoce que sus empleados han cometido un delito de soborno:

¿A quién se ha sobornado?

¿Qué consecuencias han tenido esos sobornos sobre los fondos públicos?

Y más importante ¿Qué consecuencias han podido tener esos sobornos sobre la salud de los pacientes?

Las responsabilidades públicas no se pueden dirimir solo con “depuraciones privadas”.

Fuente:  http://www.nogracias.eu/2016/04/12/ni-pfizer-ni-farmaindustria-tienen-ninguna-credibilidad-la-fiscalia-debe-investigar/#sthash.9FJHPjlj.dpuf

 

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1 COMENTARIO

  1. «Lo que más me llama la atención es el narcisismo de la nota informativa de Pfizer, que llega a tal punto que olvida lo principal: los pacientes perjudicados y el robo y expolio de lo público. Efectivamente, Pfizer comunica este delito sin la más mínima señal de arrepentimiento, como si no le hubiera robado al Estado (es decir a todos los ciudadanos), como si estos empleados le hubieran robado a la propia compañía: «La compañía siempre mantiene la privacidad cuando se trata de empleados». ¿Protegen a ladrones? ¿Y lo anuncian a los cuatro vientos? Esto es un delito. Quizá son tan arrogantes que ni se les había ocurrido.
    «Pfizer se toma el… código de conducta muy en serio» ¿Tan en serio que va a indemnizar a los pacientes perjudicados? ¿Al Estado español por el robo cometido? ¿Va a denunciar a sus cómplices, médicos «y gestores» del sistema de salud? «Pfizer no podía permitirse el escarnio de otro pleito, como el que le obligó en 2012 a pagar 60,2 millones de dólares… a la Comisión del Mercado de Valores de Estados Unidos y al Departamento de Justicia para eludir la condena por cohecho que amenazaba a varias de sus filiales precisamente por sobornar a médicos e instituciones sanitarias de Europa y Asia» ¿Hemos entendido bien? ¿Pfizer puede ser sancionada en EEUU por un delito cometido en España, pero en España no? ¿Las autoridades españolas no tienen intención de sancionar un comportamiento no sólo ilegal sino abiertamente delictivo reconocido de manera explícita por la compañía? ¿Ni tan sólo se molestarán en llevarla a los tribunales? Desde luego, este país es el paraíso de las farmacéuticas.
    Pocos días después de que saltara el escándalo pudimos ver a un sonriente ministro de Sanidad en un acto público, sentado junto a la (nueva) directora general de Pfizer. ¿Fue un encuentro casual? ¿Hablaron de que Pfizer va a identificar resarcir a los pacientes afectados y al sistema de salud? ¿Acordaron que Pfizer entregará la lista de sus cómplices médicos y gestores?
    Los ciudadanos de este país no merecen, no hemos merecido, los sucesivos gobiernos que se han limitado a leer en los periódicos las estafas, expolios, robos y otras actividades delictivas cometidas por las compañías farmacéuticas. Estos gobiernos no han reclamado compensaciones por daños, no han aplicado sanciones, y hacen ver que no se enteran de que tienen un sistema de salud lleno de ladrones.
    Los despidos de Pfizer .
    Tribuna abaierta
    Por Joan-Ramon Laporte y nmurcia
    nogracias.eu

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