martes 27, septiembre 2022
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El camino que lleva a Auschwitz

Cuando los nazis invadieron Polonia dando inicio a la Segunda Guerra Mundial, nadie imaginó que Hitler y su séquito de seguidores llevaran a cabo el plan sistemático de exterminio a judíos, lo que hoy conocemos como el Holocausto. Si bien es cierto los linchamientos públicos (pogromos), las humillaciones, expropiaciones, saqueos y demás a los judíos eran la constante desde que Hitler llegó al poder y proclamó las Leyes de Nuremberg nadie imaginó que los tentáculos del odio se trasladaran hacia el este y orquestaran la masacre infligida.

Las ideas y estrategias de los nazis estribaban en tres puntos esenciales para llevar a cabo su política de exterminio, en primer lugar construyeron un mito alrededor del judío y el comunismo: el Judeo-Bolchevique, esta «creación» hitleriana fue sin duda el catalizador perfecto para aunar los mayores enemigos de la Alemania nazi , y así expandir el mito a la parte Este de Europa, donde el comunismo tenía mayor influencia debido a la ocupación soviética y los crímenes de Stalin, no podemos olvidar las hambrunas administrativas donde murieron más de 3 millones de personas por los planes quinquenales de los soviéticos, y donde se encontraba la mayor cantidad de judíos. Polonia, Lituania, Letonia, Ucrania, Rumania (en menor medida) y demás Estados impulsados por la propaganda y en ocasiones por iniciativa propia se encargaron de exterminar a más de 3 millones de judíos solo en sus campañas de limpieza del Judeo-Bolchevismo encabezadas por los Einsatzgruppen. En segundo lugar, estos Estados doblemente ocupados (una vez por los soviéticos y posteriormente por los nazis) y con sus instituciones destruidas, facilitaron y posibilitaron el Holocausto, el caos y la pérdida de la ciudadanía dejaba sin protección a los judíos, el Estado al que habían pertenecido y en el que habían depositado su seguridad había dejado de existir. Si bien es cierto los campos de exterminio como Treblinka, Chelmno y Auschwitz están arraigados en nuestra memoria colectiva como los símbolos de la Shoá, lo cierto es que la mayoría de judíos que fueron asesinados, nunca vieron un campo. Y en tercer lugar el temor al desabastecimiento, Hitler utilizó su retórica para implantar en la psique alemana el miedo a no tener recursos alimentarios y energéticos, este discurso lo facilitó la crisis de los años 30, por ende su lucha y guerra hacia el este en busca del Espacio Vital o algo que él llamaría «Lebensraum» potenció el exterminio de «la raza judía». El temor fue sin duda el combustible para que millones de Alemanes dieran su beneplácito al exterminio de judíos, ya que según ellos su gran ambición -la de los judíos- los dejaría sin alimentos.

Dicho esto ¿es posible que el camino que alguna vez llevó a Auschwitz vuelva a dirigir sus rieles hacia un exterminio sistemático similar al de los judíos contra otras minorías? O inclusive, a los mismos judíos.

Si bien es cierto ya no tenemos otro Hitler, y de cierta manera la Comunidad Internacional es más consciente de los crímenes que se cometen en el mundo -o al menos eso quiero pensar-, los miedos que sentía el Führer alemán, los fantasmas del antisemitismo, los cuales motivaron la Shoá hoy se encuentran en boga.

La población mundial aumenta a un ritmo impresionante, hoy ya somos poco más de 8 mil millones de habitantes, todos con demandas alimentarias, países como Rusia y China son incapaces de abastecer a sus poblaciones con producción propia, lo que los ha llevado a comprar alimento condicionado (en el caso de China) y a invadir países en busca de energías naturales, como es el caso de Rusia al invadir Crimea; junto a esto los débiles estados africanos y  la mayoría de naciones  del Medio Oriente se encuentran hoy dirigidos por dictadores o líderes con una suerte de profetas, fáciles de malear y controlar por Estados más fuertes y estables. Los judíos siguen siendo culpados y en cierta medida perseguidos por el simple hecho de ser eso: judíos. Este ambiente de inestabilidad alimentaria funge hoy en la agenda internacional como una preocupación de primer nivel, misma que temía Hitler.

¿Pero qué tiene que ver todo lo anterior con Hitler y Auschwitz? Mucho.

El cambio climático que en cierta medida des-estabiliza a las naciones que de por sí no pueden proveer los insumos básicos a sus pobladores, está acabando con plantaciones y tierra fértil, esto, como lo afirma Timothy Snyder, podría desatar una ola de culpables e inocentes: «Como demostró Hitler durante la Gran Depresión, los humanos son capaces de representar una ulterior crisis de forma que justifique las medidas drásticas tomadas en el presente». Y sigue diciendo «Se puede culpar a un grupo específico de seres humanos de un problema global que, por otro lado, parezca irresoluble». Y finaliza «un problema de escala verdaderamente planetaria, como lo es el Cambio Climático, requiere obviamente soluciones globales; una aparente solución es definir un enemigo global».  Snyder, 2015, Tierra Negra.

Es por ello que ante una situación de escasez (siendo está en su momento una preocupación de Hitler) pueda ser el detonante para invadir un país a nombre del «bien común» y la preservación del mundo civilizado. Rusia como justificante para invadir Crimea desarrolló todo un plan racial y étnico al mejor estilo de Hitler, afirmando (como lo hizo Hitler una vez con los Sudetes) «la mayoría de la población es rusa, de habla rusa y se siente rusa», obviando así los tratados internacionales y la soberanía fronteriza. Emulando la destrucción de los Estados y la soberanía nacional.

¿Es posible otra hecatombe como el Holocausto? Quizá, pero depende de nosotros, los que hoy poblamos este planeta, aprendamos que no hay valor más grande que la vida misma.

(*) Junior Jesús Aguirre Gorgona es Profesor Estudios Sociales y Educación Cívica

jaguirre89g@gmail.com

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