lunes 16, mayo 2022
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Activista ambiental Sánchez:»Luchamos hasta por los que no lo están haciendo»

Guatemala, 7 oct (EFE).- Al jurado que iba a decidir su futuro, la activista ambiental salvadoreña Sonia Sánchez le preguntó: «¿Pueden vivir ustedes sin agua? ¿Pueden vivir ustedes sin aire? Claro que no. Por eso luchamos los que estamos en esto, luchamos hasta por los que no lo están haciendo».

Su alegato surtió efecto y Sánchez fue absuelta por unanimidad: la lucha por la defensa de los bienes naturales había vencido a los intereses y las corruptelas de la multinacional que pretendía acallar una voz más en Centroamérica. Como hicieron este mismo año con la hondureña Berta Cáceres.

Pese a su victoria judicial, Sonia Sánchez y sus compañeras del Movimiento de mujeres de Santo Tomás y de la Colectiva de mujeres jóvenes feministas no tienen demasiado que celebrar: el bosque por el que se enfrentaron a la empresa transnacional Inversiones Robles ya fue destruido para levantar 416 viviendas de lujo.

Las motosierras llegaron el 3 de marzo de 2015, «a las 7.00 de la mañana ya estaban sonando», y se llevaron por delante 1.311 árboles centenarios, algunos en peligro de extinción, y 24.000 arbustos: un vergel de cedros, ceibas, caoba, pinos y especies frutales al que acudían los vecinos de Santo Tomás, una localidad próxima a la capital de El Salvador.

Lo peor, apunta Sánchez en una entrevista con Efe en Guatemala, es que «destruyeron un ecosistema»: dos de los 24 pozos artesanales de los que se abastecían los residentes se han secado y el resto han bajado su nivel.

Además, para garantizar el suministro a la urbanización, colocaron una pequeña presa en uno de los riachuelos que alimentan el río Tiguapa, impidiendo que el agua llegase a los cultivos de mora, espinaca o rábano que jalonan la cuenca baja de la corriente.

Las protestas, al principio minoritarias, comenzaron a hacerse oír: caminatas por el centro histórico de Santo Tomas, piquetes informativos en las procesiones de Semana Santa, plantones… hasta que montaron un campamento frente a una de las entradas de la urbanización.

Entonces la empresa logró dividir a la comunidad, les ofrecía «paquetes alimenticios, de fríjol y arroz, y bicicletas a los niños», asegura Sánchez. Como algunos no se callaron, la tensión continuó creciendo: «Han amenazado a los líderes de la comunidad», golpeado a «mujeres y hombres jóvenes» y perseguido física y judicialmente a los activistas, según Sánchez.

«Nos seguían empleados de la municipalidad, de la empresa. El 20 de mayo me llamaron y me dijeron: «nos están ofreciendo 3.000 dólares por desaparecerte a ti o a alguien de tu familia», relata, impasible, Sánchez: «Pídeles más porque te están ofreciendo muy poquito», respondió.

Desde entonces, ella y sus cuatro hijas tratan de autoprotegerse: nunca entran a la misma hora, cambian de ruta y procuran ir siempre acompañadas. Pese a todo, son habituales las amenazas y las visitas de los pandilleros merodeando su vivienda: «La empresa privada se refuerza con la violencia social».

«Sabemos que los ataques son a los defensores», asegura Sánchez, quien cuenta ahora con el respaldo de una mayoría social, la misma que colapsó con cartas en su defensa antes de la última sentencia interpuesta contra su persona por difamación y calumnias a la multinacional.

«Tuvieron que desconectar el fax porque las cartas no dejaban de llegar», subraya orgullosa. Finalmente, y pese a las presiones de la empresa, Sánchez fue absuelta.

Pese a todo, la convivencia en Santo Tomás, un municipio donde el 92 por ciento del territorio está en riesgo de deslizamiento, sigue sin ser fácil: si antes había agua de 17:00 a 04:00 de la mañana, «ahora hay racionamiento de agua» para que la zona residencial, cuyas viviendas oscilan entre los 80.000 y los 92.000 dólares, tenga abastecimiento las 24 horas, explicó.

El servicio de recogida de basura en las comunidades más pobres también se ha visto afectado: «Le están dando prioridad a las 416 viviendas», sentencia Sánchez.

Aunque en el cantón El Porvenir, donde se levantó la urbanización, ya poco hay que se pueda hacer, las mujeres de Santo Tomás, pues son ellas «la más afectadas al destruirse los bienes naturales», no piensan abandonar un solo metro más del territorio y han ideado comités comunales en una decena de zonas del municipio «donde hay todavía recursos naturales que proteger y cuidar».

«No es el futuro, es el presente. No hay que luchar para mañana, hay que luchar para hoy (…). Defender los bienes naturales es defender la vida. Es tarea de todos», afirma Sánchez, quien participa hoy en Guatemala en el foro «¿Dar la libertad y la vida por la tierra?».

«Estamos incentivando a los jóvenes para que se metan a defender». Sólo así se puede vencer a una multinacional. EFE

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