lunes 3, octubre 2022
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Simplezas o chambonadas

De cal y de arena

Sobrio y no escandaloso; legalista y no arbitrario; claro y no confuso; congruente y no contradictorio; así fue el pronunciamiento del gobierno de El Salvador ante las convulsiones de la política brasileña. Salvador Sánchez Cerén, el primer mandatario vecino, acogió  una institución asentada en los pliegues del Derecho Internacional y optó por llamar a consultas a su embajador en Brasilia; así expresó su repudio.

Nuestro gobierno, en cambio, se metió en un berenjenal sin precedentes en la historia de nuestro ministerio de Relaciones Exteriores, no por la naturaleza y los contenidos de la decisión que adoptó para externar su repudio a los acontecimientos políticos brasileños sino por el zarzal de contradicciones, incongruencias e improvisaciones en que cayó para justificar el abandono de la sala de reuniones de la Asamblea General de las Naciones Unidas momentos antes de que pronunciase su discurso el presidente de Brasil, con lo que dieron fundamento a la convicción de que don Luis Guillermo Solís y don Manuel Sáenz estaban atropellando las reglas de la pertinencia, la claridad y la compatibilidad con el interés nacional que deben inspirar invariablemente las decisiones de gobierno, atinentes -en este caso- a la política exterior.

Si nuestro presidente y nuestro ministro de exteriores estaban convencidos de la necesidad ineludible de expresar su disgusto por los acontecimientos políticos en Brasil, en particular las violaciones a los derechos humanos que saltaron tras el ascenso al poder de Temer, el Derecho Internacional provee instrumentos apropiados para materializar la expresión de la inconformidad –las notas diplomáticas y el retiro del embajador para consultas, entre otras-. Pero aquel abandono no sólo tuvo todo el ropaje de una imprudente improvisación parida al calor de un error de cálculo a la hora de medir un resultado que en lugar de provocar aplauso, desató un incendio de críticas que no se apaga todavía.

Y si lo que se quería era “tensar las relaciones con Brasil” –que fue la razón exhibida por el inefable ministro de Comunicaciones, Mauricio Herrera, en una nota a los diputados de gobierno que nunca fue desautorizada ni por Solís ni por González- la pifia fue descomunal, al grado de que ninguno de esos jerarcas ha podido explicar el por qué y el para qué  provocar tensión en las relaciones con un importantísimo socio del continente que en nada nos ha ofendido.

No me espanto porque el presidente y el canciller tengan sentimientos adversos a Temer y a la ruta que se siguió para montarlo en Planalto. Tampoco me espanta que se haga acompañar por representaciones de países del grupo ALBA. Lo que me espanta es semejante expresión de torpeza en la conducción de este capítulo de nuestras relaciones exteriores, que ha servido para montar una cacería mediática hacia ambos.

¡Quién los tiene metiendo la pata hasta la rodilla!

Es evidente que la nave va a la deriva y que para un buque en mar picado y con Escila y Caribdis al frente, navegar 18 meses más con esta  tripulación es muy peligroso.

(*) Álvaro Madrigal es Abogado y Periodista

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3 COMENTARIOS

  1. Mi apoyo total a Don Luis Guillermo y Don Manuel. El «gobierno» de Brasil hoy es una vergüenza mundial. Vilma Roussef fue objeto de un infame y cobarde golpe de estado «suave» tomado del quión golpista paraguayo. COBARDE e INFAME. No cabe otro nombre.

    • Me parece que RCB no leyo el argumento de don Alvaro,el cual fue muy claro.
      Si Brasil es una «verguenza mundial » y Dilma fue objeto de un «golpe suave»;la forma de protestar fue una pifia en todo sentido.Ese es el meollo del asunto.Pone de ejemplo a Sanchez Ceren nada menos que del Farabundo Marti,y como protesta dentro de los canales diplomaticos a los que Costa Rica se adhiere.
      La actuacion y el hoy dia «secreto de estado»lo que hizo o logro mas que su cometido inicial fue quedar mal no solo con Brasil,sino a lo interno con la poblacion costarricense y con el Alba a quienes le zafaron la tabla.

  2. Estoy de acuerdo con el presidente Solis, pero debió haber más claridad para justificar el acto y no querer quedarle bien a Dios y al diablo.
    Lo del escándalo mediático no me extraña, la prensa hace escándalos por cualquier cosa, a tal punto que el ciudadano común tiene la percepción de que el país se va al abismo y no es cierto. Si bien tenemos un gobierno un tanto errático y dudoso en términos generales el país va bien. Pero la prensa en este y en el anterior gobierno ha tomado un papel de desprestigiar todo lo que haga el presidente, creando una inseguridad y un descrédito exagerado al desenvolvimiento político.

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