viernes 9, diciembre 2022
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El colmo de la desvergüenza

La vergüenza es el sentimiento en que se refleja la verificación de que uno no se ha sabido controlar racionalmente. Por eso la vergüenza se puede dar al dejarse llevar por un impulso, por ejemplo el deseo de notoriedad, y sabemos de sobra que los impulsos pueden llevarnos hacia el triste camino del ridículo, por irracionales.

A veces la vergüenza está relacionada con el afán de éxito, o con la conciencia del propio valor (aunque no se posea). Por eso, aunque con la edad la vergüenza parece disminuir, sin embargo hay viejos que se avergüenzan de serlo. El vanidoso tiene temor a fracasar, a fallar, a hacer el ridículo, a que no le hagan caso o no le aprecien. Algunas ceremonias sociales tienen que ver con el prestigio. En general, son los ritos iniciativos, tan frecuentes en todas las antiguas culturas, cuyo sentido es bastante claro: garantizan que la persona es aceptada por los miembros maduros, por los más activos. Uno de estos ritos absurdos tiene que ver con la aparición en eventos políticos en calidad de disertante, como acaba de suceder.

La vergüenza tiene que ver con el peligro de no ser aceptado. Por lo tanto, la vergüenza se refiere a los demás. Su carácter social es patente. En esta línea puede desembocar en lo contrario del pudor. El vanidoso, cuando fracasa siente vergüenza, pero el motivo de la vanidad es superficial y por lo tanto está expuesto, precisamente, al fracaso a que no lo tomen serio. El vanidoso pretende que se le aprecie pero en su pretensión hay un factor irracional: al enfatizar un desvalor se suele provocar una reacción contraria, Por ejemplo la burla.

El deseo frenético de ser visto – y de obtener notoriedad al precio que sea, incluso si significa hacer algo que antes era considerado vergonzoso – ¿brota de la pérdida de la vergüenza, o es lo opuesto? ¿Se ha perdido el sentido de la vergüenza porque actualmente es más importante ser visto, aunque eso signifique caer en desgracia? Me inclino hacia la segunda hipótesis. Es tanto el valor que se da a ser visto, y en convertirse en tema de conversación, que la gente está dispuesta a abandonar lo que antes era llamado decencia (no digamos ya la protección de la propia privacidad).

Hace pocos días un triste personaje de nuestra historia reciente, que no vale la pena mencionarlo porque sería darle importancia, bajo cuya administración del gobierno nacional se sucedieron toda clase de escándalos descarados de latrocinio, tráfico de influencias, favoritismos impúdicos que permitieron a personajes cercanos a su persona enriquecerse desmesuradamente, pago de coimas y comisiones, fracasos rotundos, carencia de dignidad y muchísimas cosas más, se permitió menospreciar al único gobierno que, en decenios, no se ha visto rodeado del escándalo producido por las actuaciones propias de los miembros de un partido político que, cuando ha sido gobierno, se ha caracterizado por la falta de ética en la función pública, al cual pertenece este personaje.

Esto es lo que llamaríamos el colmo de la desvergüenza. Pues cuando uno tiene en su pasado múltiples razones por las cuales avergonzarse, sobre todo cuando pesan sobre ellas sospechas de deshonestidad, aunque no fueran comprobadas, debe por prudencia mantenerse callado, pues puede que la reacción en su contra sea más fuerte que el beneficio esperado por su desdichada participación. Sin embargo, no puede pedirse a quien no tuvo vergüenza al amparar la corrupción, que la tenga ahora al querer pontificar estupideces propias de un fanático o de quien desea recuperar un prestigio que no supo ganarse cuando tuvo la oportunidad de hacerlo.

Pero este es nuestro país, el del realismo mágico en el peor sentido del concepto.

(*) Alfonso J. Palacios Echeverría

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7 COMENTARIOS

  1. Me parece que estos individios, les envuelve el temor de que la gente se de cuenta que ya no los necesitan. Que son desechables y que eventualmente van a desaparecer. Es por eso que tratan de desviar la atención con ese tipo declaraciones. Verdaderamente me parece que son una especie en peligro de extinción desesperadamente aferrandose a su último aliento.

    Excelente artículo.

    • Tengo la vaga sospecha de que el articulista,digno de mi mas profundo respeto,se refiere a una señora,no creen ustedes???, ella le debe tooodoo alPLN,su vida no tendria razon de ser sin ese su partido, sin el cual seria mas o menos el equivalente a la nada absoluto, termino cuantico.

  2. Desgraciadamente, hay muchos desvergonzados en la politica nacional e internacional. Utilizan la politica para enriquecerse.
    Excelente articulo.

  3. El comentario, podría aplicarse a varios desvergonzados personajes que han causado mucho daño a Costa Rica; pero en este caso va para el de «La trocha fronteriza». Totalmente de acuerdo.

  4. sucede que estos oscuros personajes a los que se refiere don Alfonso, tienen patente de corso, pueden hacer lo que les de la regalada gana, y siempre caen parados como los gatos, por la sencilla razón que la «justicia» de nuestro país, a estas gentuzas les alcahuetea TODO.

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