jueves 19, mayo 2022
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La fiesta de los muertos ayuda a procesar el dolor de la violencia en México

Ciudad de México, 2 nov (Sputnik). – El ancestral ritual del culto festivo a la muerte en México, de raíz prehispánica, cobra actualidad en el Día de Muertos, y ayuda a procesar el fenómeno extendido de la violencia, dijo este martes a Sputnik Nóvosti el antropólogo Miguel Rivas Hernández.

La fiesta de origen pagano en las culturas antiguas, es desde 2008 Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, y durante dos días, el 1 y 2 de noviembre de cada año, según la cual, las almas de los parientes fallecidos regresan a casa para convivir con los familiares vivos, a nutrirse de la esencia del alimento que se les ofrece en los altares y ofrendas florales con alimentos y bebidas.

Como metáfora de un país donde la muerte terrenal tiene una presencia cotidiana abrumadora, «el culto a los muertos está en los genes ancestrales, son una herencia de un proceso sincrético, surgido ante la pregunta del más allá de las culturas que no vivieron jamás en un contexto cristiano», hasta la conquista española en el siglo XVI.

«Ante un proceso trágico de violencia y de muerte en la realidad, estas fechas permiten asumirlo como un evento lejano, a través de una mediación ritual colectiva, sin importar el desenlace de la vida, en un respeto profundo por el alma de los seres queridos», dice el experto que trabaja con comunidades afectadas por el crimen organizado.

Con base en la experiencia de trabajar durante 25 años con instituciones defensoras de víctimas de la violencia de la trata de personas, Rivas Hernández concluye que «el significado del respeto a los muertos, se muestra en las batallas silenciosas y casi invisibles para buscar y repatriar a los cuerpos de los migrantes sacrificados, a Guerrero, a Michoacán o a Jalisco», a pesar de la violencia que azota a esos estados.

Esas odiseas populares de los más pobres tienen un propósito básico: «poder velar los restos, como un acto religioso básico profundo del duelo, mediante en el cual se liberan los dolores y tensiones, de acompañar a sus familiares en el proceso de la muerte, como acto colectivo», explica el investigador, que ha asesorado en temas antropológicos a organismos civiles e instituciones policiales de investigación.

En la manera de acercarse a la muerte de las antiguas culturas, «aunque la modernidad aparentemente las sepulte, se manifiestan no obstante en cualquier momento, para salir a flote, sin las mediaciones de las jerarquías religiosas, son parte del rito popular».

En muchos países donde las religiones monoteístas son dominantes en entornos de represión y violencia, ocurre lo mismo: «Cuando hay restricción de la libertad suelen aflorar y manifestarse a la menor oportunidad y resquicio», considera Rivas.

Los rituales tienen un simbolismo antiguo: «Van más allá de la creencia sobre el más allá, pero aún así se cumplen rigurosamente», dice el experto.

Esa explicación coincide con el desaparecido poeta y premio Nobel mexicano Octavio paz, quien escribió en el «Laberinto de la soledad» que para los antiguos mexicanos «la oposición entre muerte y vida no era tan absoluta como para nosotros, la vida se prolongaba en la muerte, y a la inversa: la muerte no era el fin natural de la vida, sino fase de un ciclo infinito, estadios de un proceso cósmico, que se repetía insaciable».

LA MUERTE COTIDIANA

Otro punto notable es que en la mayoría del pueblo mexicano, «en un 75 por ciento quizá, vive la muerte de manera culturalista, apegado al rito, al proceso profundo, aunque se proclaman católicos cristianos, en las ceremonias funerarias de los difuntos emerge la cultura profunda».

El proceso más violento de todos los que confluyen en México es contra los migrantes, dice el experto, aquellos que caminan por los caminos remotos y áridos de México.

Sin embargo, en esas regiones inhóspitas, «sus familiares están más pendientes por el destino de los cuerpos allí, los buscan vivos o muertos, es una especie de culpa colectiva de no poder darles sepultura adecuada», relata el investigador que ha acompañado esos procesos.

La violencia cotidiana ha acercado más la muerte; pero para enfrentar el fenómeno «hay dos niveles, uno intelectual, que la trata de resolver mediante el poder del Estado, y otro en la gente sencilla, que la resuelve y encara, mal o bien, con esperanza y escatología religiosa sincrética», explica el investigador.

Por otra parte, «el rito de jugar a la muerte implica tenerla presente, caminar con ella, no explicarla ni discutirla, sino vivirla», puntualiza el veterano antropólogo.

«México es un país de alegría y un país de vida, con todo un arsenal de recursos colectivos y simbólicos muy importantes, que ofrece la familia extensa y nuclear, a pesar de la rupturas de la vida contemporánea dominada por la tecnología, donde aún existen lazos invisibles con los cuales la gente se acompaña en la alegría y el dolor».

En estas fechas, no hay un solo lugar de México donde no aparezcan las calacas carnavalescas, representadas en cartón, dulces, altares, adornos florales, o en la comida.

«Esas expresiones se fundan en la necesidad de recordar a la gente, muy a pesar de la violencia que exista, porque mientras más violencia azote a la vida cotidiana, hay más motivos para recordar y tener presentes a los muertos», puntualiza Rivas Hernández. (Sputnik)

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