martes 24, mayo 2022
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Las diez claves del éxito del discurso nacional-populista de Trump

Ciudad de México, 5 nov (Sputnik).- El discurso del nacional-populismo explica el éxito del magnate Donald Trump, dijo a Sputnik Nóvosti Rubén Aguilar Valenzuela, autor del libro ‘La comunicación presidencial’, al exponer un decálogo de ese estilo mediático, practicado por líderes mundiales de derecha y de izquierda, sin distinción.

«El éxito de Trump entraña también la razón de su fracaso», dijo el académico de la jesuita Universidad Iberoamericana (UIA), profesor de ciencia política y autor del libro que analiza la comunicación política desde los años 1980 hasta la fecha.

Lo que el politólogo define como «discurso nacional-populista» del magnate, tiene un común denominador, las mismas claves de construcción en líderes de todo el espectro ideológico: «el contenido puede ser diferente, a veces se parecen en algunos tramos, pero en la forma son muy semejantes», explica el autor.

Las primeras cinco premisas de las diez que expone Aguilar Valenzuela por las que pasa la marcha la narrativa de ese inesperado líder republicano, es elegir y acotar su audiencia, parafrasear la indignación, elegir la comodidad de una postura marginal, antisistema y formularla en clave mesiánica sin preocuparse del realismo de la propuesta.

Las otras cinco tienen que ver, con una denuncia indiscriminada de la corrupción, en expresarla con lenguaje soez e insultos y con base en premisas falsas o medias verdades sin someterse a la verificación de su oferta ni al escrutinio transparente, porque la solución está en el líder mismo, quien encarna la solución y el futuro, nadie más, define el experimentado consultor político.

Con base en su experiencia en varios países de América Latina, el experto de 68 años, con una larga trayectoria política, plantea el punto de partida del nacional-populismo.

DIEZ PREMISAS

Su primera afirmación es que esa narrativa comienza por «identificar de manera clara y precisa quiénes configuran su audiencia: sectores enojados con el sistema, convencidos de que alguien les ha fallado o excluido».

Es notable que, ante el líder, ese tipo de seguidores no se comporta como clásicos correligionarios, sino «como los fieles de una iglesia, conforman una feligresía».

La segunda premisa es que esos fieles «esperan que su líder diga lo que ellos quieren oír; no importa si es cierto o no, la fuerza del líder depende de articular un discurso que responda a lo que ese grupo social de los ‘encabronados’ quiere escuchar».

La tercera clave es que el líder debe aparecer como un enemigo del sistema: «Trump se retrata a él mismo como la mayor expresión contra el sistema, lo que él llama vagamente el ‘establishment'».

El objetivo es presentarse a sí mismo como un político diferente: «No importa si el personaje es un político del sistema, casi siempre lo es, sino parecer que no lo es».

El cuarto eje discursivo parte de la idea mesiánica de que hubo un pasado glorioso, que se ha perdido y que hay que volver a él.

«El líder, el representante de los enojados, es la garantía del regreso al mundo que se fue, el proyecto es el pasado y no el futuro por conquistar», dice Valenzuela al explicar el modelo.

El quinto componente del discurso son las propuestas vacías: «El líder no ofrece propuestas, no se compromete con ellas, no dice cómo va a lograr lo que se propone.»

En realidad el líder no lo puede hacer, porque su proyecto es imposible; la oferta «no pasa por el filtro de criterios técnicos, el discurso son consignas morales», dice el autor.

SEGUNDA PARTE DEL DISEÑO

La otra mitad del modelo es la crítica a la clase política y la sexta premisa ha consistido en plantear «acusaciones comunes como la corrupción, la falta de compromiso con los más necesitados, o ser títeres de los poderosos».

Un componente notable, el séptimo, es el lenguaje soez.

«El insulto del otro, del que no está en la iglesia del mesías, es la pieza medular en la construcción del discurso nacional populista», una de la partes que más gusta, no solo a los fieles  sino a los medios.

La octava clave es la mentira o las medias verdades: los nacional-populistas como Trump simplifican la realidad: «La realidad es compleja y exige matices pero eso no gusta a los feligreses del líder».

El siguiente eje, el noveno, se construye con afirmaciones que no se le pueden cuestionar al líder, que según su feligresía encarna todas las virtudes.

«El líder no está obligado a dar prueba de la coherencia de vida, solo debe parecerse a sus seguidores –dice el analista– para unos es la austeridad y sencillez, para otros el éxito y el poder, lo importante es parecer, actuar».

Finalmente, la décima premisa proyecta al líder como la solución de los problemas: «El mesías es la garantía, no es la acción de un colectivo, porque solo él puede hacer que la grey vuelva a la tierra prometida que se ha perdido y le debe obediencia».

En ese marco, cualquier voz que cuestiona es considerado traidora: «No criticar es la condición para pertenecer a la iglesia del líder», puntualiza Aguilar Valenzuela. (Sputnik)

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