jueves 26, mayo 2022
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Miedo y asco en la UE tras el «tsunami» Trump

Madrid. – La incredulidad y la preocupación han inundado las cancillerías europeas. La mayoría de los representantes políticos de la Unión Europea no dan crédito a las noticias procedentes del otro lado del océano. ¡Donald Trump ha ganado las elecciones! El temor que sienten es razonablemente comprensible. El arribo del histriónico candidato republicano a la Presidencia de Estados Unidos a partir del 20 de enero supone una clara amenaza para el futuro de las relaciones transatlánticas. El triunfo del millonario neoyorquino implica una nueva etapa de incertidumbre internacional que pone en solfa el multilateralismo y da alas al proteccionismo comercial.

Algunos diplomáticos del Viejo Continente sienten miedo ante el nuevo panorama inestable que se ha generado tras el 8 de noviembre. Y publican ese temor presa de la indiscreción. Así lo hizo el embajador de Francia ante Estados Unidos, Gerard Araud, al escribir en su cuenta de Twitter el siguiente texto: «Después del Bréxit y estas elecciones, todo es posible. El mundo está colapsando ante nuestros ojos. Vértigo». El contundente mensaje fue borrado posteriormente porque contenía demasiada carga política y no era apropiada su difusión.

Nervios aparte –y son muchos los que hay–, lo que no cabe duda es que la votación norteamericana subraya el fin de toda una era, la del neoliberalismo. El problema es que nadie sabe qué vendrá detrás. Eso es una gran incógnita. Algunos gurús economistas como el socialdemócrata Paul Krugman ya pronostican una «depresión global», pero su análisis de urgencia parece víctima del estupor y de la desesperanza. Krugman incluso se atreve a hablar de la posibilidad de que EEUU sea un Estado fallido. Suena precipitado.

El shock ha entrado en los despachos de los funcionarios comunitarios que se ocupan de las relaciones con Washington. Ven que se ha abierto paso una política proteccionista que penalizará las importaciones baratas, aumentará los aranceles comerciales y frenará el libre comercio.

La alarma también se ha apoderado del cuartel general de la OTAN situado en el municipio de Evere, en el nordeste de Bruselas. El secretario general de la Alianza Atlántica, el noruego Jens Stoltenberg, está muy inquieto. Ya ha invitado a Trump a una pronta reunión para que clarifique su posición. Lo más probable es que el ansiado encuentro se celebre en la primera mitad del año, presumiblemente en mayo, con motivo de una cumbre extraordinaria convocada con la excusa de la inauguración de las nuevas instalaciones atlantistas que han costado 1.000 millones de euros. Y es que el presidente electo considera a la OTAN una organización «obsoleta» y cara. «Nos cuesta demasiado», dijo en una entrevista mantenida en marzo con el periódico The New York Times. «Francamente, [otros Estados aliados] tienen que poner más dinero. Estamos pagando de forma desproporcionada. Es demasiado. Y francamente vivimos en un mundo diferente al de entonces cuando se concibió la idea original». En este último punto Trump tiene toda la razón. El Pacto de Varsovia y la Unión Soviética ya no existen y desde entonces la Alianza se ha buscado otras amenazas más o menos reales, como Rusia e Irán, para sobrevivir en un contexto distinto y cambiante como el actual. El presidente electo parece dispuesto a crear una nueva institución internacional destinada a combatir el terrorismo –que es una indiscutible amenaza mundial–, pero eso difiere radicalmente de las razones que motivaron la creación de la OTAN.

Trump ha sugerido que, a la hora de ayudar a un país aliado atacado por Rusia, primero mirará si ese Estado europeo se encuentra al corriente de sus contribuciones con la OTAN. «Si ellos cumplen los compromisos con nosotros, la respuesta es sí», declaró también a The New York Times en julio, antes de la Convención Republicana de Cleveland donde fue nominado como candidato. Para la Alianza Atlántica es cuestión de vida o muerte que EEUU mantenga el compromiso recogido en el artículo 5 del Tratado de Washington firmado en 1949, que señala que un ataque armado contra un miembro de la organización militar se entiende como un ataque contra todos y que cada uno debe asistir a la parte atacada «con las medidas que juzgue necesarias, incluso el empleo de la fuerza».

Por tanto, mucho dependerá de quién sea el próximo secretario de Estado y de quién dirija los designios del Pentágono. Entre quienes suenan para entrar en el nuevo gobierno destacan dos viejos «halcones» republicanos: el exalcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, o el expresidente de la Cámara de Representantes, Newt Gingrich.

El mejor escenario para el «establishment» de Europa sería que Trump se rodeara de figuras destacadas del Partido Republicano que continuasen la política exterior norteamericana sin provocar cambios muy traumáticos a propósito de la OTAN, Rusia y la Unión Europea. Pero incluso ese escenario «favorable» significará firmar el acta de defunción de las negociaciones sobre libre comercio entre Estados Unidos y la UE. El TTIP, que ya estaba en coma, puede darse por muerto y enterrado. También corre mucho peligro el acuerdo de París sobre el cambio climático porque Trump ha anunciado que cancelará los pagos de su país al programa de reducción de emisiones de gases con efecto invernadero.

Un escenario insospechado sería la decisión de EEUU de retirarse de la OTAN, acabando así con 70 años de asociación militar estratégica occidental. En Bruselas no se toman muy en serio esa posibilidad pero eso forma parte de la arriesgada autocomplacencia de Europa.

Además, el «tsunami» Trump ha puesto en una situación incomodísima a algunos políticos europeos de primer nivel que durante la campaña electoral no midieron sus palabras y criticaron con extrema dureza los exabruptos de Trump. Sin ir más lejos, el presidente francés, François Hollande, declaró que esos «excesos» le daban «ganas de vomitar».

Y, finalmente pero no menos importante, queda por ver la onda de choque que ocasionará este terremoto político en las elecciones previstas para 2017 en Francia y Alemania, donde Hollande y la canciller Angela Merkel se juegan su futuro y el de muchos. La victoria de Trump puede derivar en un fuerte giro a la derecha en Europa en plan efecto contagio y eso beneficiaría especialmente a Marine Le Pen, la líder del partido Frente Nacional francés, eufórica por el veredicto de las urnas.

Con todo esto y el Bréxit, a este paso el lema de la UE «Unida en la diversidad» va a tener que llamarse «Unida en la adversidad». (Sputnik)

(*) Francisco Herranz ha desarrollado su carrera profesional en el diario El Mundo, España, donde ha sido corresponsal en Moscú (1991-1996), redactor jefe de Internacional y de Edición y editorialista, Especialista en Europa del Este y colaborador en varias publicaciones especializadas, desde 2010 es profesor en el Máster en Periodismo-El Mundo de la Universidad San Pablo-CEU.

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3 COMENTARIOS

  1. Lo contradictorio de todo es que Trump, a atacado poses derechistas añejos, entonces hasta qué punto es de derecha dura. Grandes neoliberales de EU están en shock, los más progresistas están en shock obviamente, entonces esos derechistas no debieran estar tan confiados, Trump quizá los apoye si eso no significan dólares, pero entonces quién financiará el expansionismo, la globalización, y el poderío militar.

    • El problema acá es su forma falaz y ridícula de pensar. «Derechista», por favor, esa dicotomía de blanco y negro no existe más allá de los discursos populistas.

  2. me sabe tan rico ver que algunos de esos vividores del estatus quo estan preocupados…me sabe delicioso saber que estan sufriendo…no es excitante ese sentimiento? Saber que la lacra de la argolla mundial tiene algo por que ponerse a llorar (o que al menos asi lo esten sintiendo ellos ahora) me llena de una alegria inmensa…

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