jueves 26, mayo 2022
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Estadounidenses: ¿Por qué no protestan para cambiar el sistema de elección?

Columna Poliédrica

En lugar de protestar contra la elección de Donald Trump, los manifestantes de los últimos días deberían solicitar que se cambie el sistema de elección. En efecto, a estas alturas del siglo XXI, resulta incomprensible que los estadounidenses sigan utilizando un sistema de elección indirecto; los representantes ante los colegios electorales tenían sentido cuando la incomunicación y las largas distancias hacían necesario que existieran representantes que transmitieran la voluntad de los votantes en los centros de decisión política, sin embargo, en la actualidad ello resulta improcedente.

Lo que originó este mecanismo de representación ya no se justifica en nuestros días y atenta contra la democracia. Resulta que la mayoría de los estadounidenses con derecho a votar, lo hicieron en su mayoría por la candidata del Partido Demócrata; sin embargo, debido al sistema de voto indirecto y a la distribución de votos por Estado, incrédulos, hemos visto que el elegido ha sido el candidato del Partido Republicano.

Independientemente de las razones que tuvieron muchos estadounidenses para votar por el señor Trump, está claro que el sistema de elección en ese país tienen un defecto que deberían solucionar de una vez por todas. Lo mismo ocurrió a inicios de este siglo, cuando el candidato Al Gore obtuvo la mayoría de votos en la elección frente a George W. Bush; sin embargo, este último se convirtió en Presidente de ese país y ya todos sabemos como nos fue.

En consecuencia, las protestas de los ciudadanos de Estados Unidos no deberían estar orientadas a cuestionar la elección del millonario Trump o a plantear que no se sienten representados por él. Lo realmente importante es que soliciten una reforma de lo establecido por la Enmienda 12 que norma la forma de elegir a el Presidente y Vicepresidente de ese país; en otras palabras, no se trata de una reforma que no se pueda hacer, ya que dicha enmienda modificó en su momento lo que disponía la Sección I del Artículo II de la Constitución de los Estados Unidos.

Ahora bien, aunque una enmienda como la sugerida haría más democrático el sistema de elección estadounidense, no evitaría que se elija a personas con atestados y propuestas tan fuera de lugar como las del señor Trump. A lo largo de la historia de la humanidad, hemos visto como las mayorías han elegido, muchas veces, a los menos indicados y ello ha provocado hechos de los que la humanidad todavía no se recupera; en no pocas ocasiones, el principio de mayoría se ha vuelto contra los propios electores y los arrepentimientos se han vuelto impertinentes por aquellos que eligieron a semejantes personajes.

Por otra parte, a diferencia de lo que ocurrió con la elección de Obama, el nuevo presidente electo de los Estados Unidos va contar con mayoría republicana en el Congreso. Tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes, los ciudadanos de ese país han establecido que el Partido Republicano tenga los votos suficientes para aprobar las políticas que impulse el nuevo ocupante de la Casa Blanca; en otras palabras, al menos hasta que haya nuevas elecciones, la rama legislativa estará a disposición del Poder Ejecutivo y ello no es poca cosa.

Como si fuera poco, Donald Trump, tendrá también la posibilidad de elegir un nuevo juez que formará parte de la Suprema Corte de los Estados Unidos. Con ello, otra vez, los equilibrios entre los jueces conservadores y progresistas, van a ser modificados; en otras palabras, ello podría traer sentencias contrarias a los grupos minoritarios y favorables a legitimar, jurídicamente, las políticas que han sido esbozadas por el candidato republicano.

La razón nos hace estar pesimistas del futuro de los Estados Unidos. El pesimismo de la razón no nos permite augurar buenos tiempos, al contrario, todo parece indicar que vamos a volver a algo similar a lo ocurrido en tiempos de George W. Bush; es decir, las guerras van a catalizar, la desregulación se va incrementar y los pequeños avances en materia social vendrán a menos en ese país.

¡Qué tristeza!

(*) Andi Mirom es Filósofo

columnapoliedrica.blogspot.com

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