miércoles 18, mayo 2022
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¿Qué es lo mínimo que se le puede pedir al futbolista costarricense?

Columna Poliédrica

El deporte es una actividad que está relacionada, nos guste o no, con lo que acontece en las diferentes sociedades del planeta tierra. Pareciera que se ha convertido en una forma civilizada de canalizar lo que antes, en tiempos todavía no idos, se resolvía por medio del enfrentamiento violento entre los seres humanos.

Entre todos los deportes, el fútbol ha logrado homologar globalmente, lo que antes se daba en los campos de batalla. En efecto, sobre todo cuando se enfrentan las selecciones de los diferentes países, este juego logra aglutinar las más diferentes pasiones a favor de unos y en contra de otros; en otras palabras, se trata de una especie de mimetismo en el que el juego es como una guerra y los jugadores los soldados de cada país.

Pues bien, en esa especie de analogía, podríamos sintetizar tres condiciones mínimas que se espera de cualquier seleccionado nacional. La primera sería el ideal y tiene relación con el deseo que juegue bien al fútbol, es decir, que su accionar sea agradable a los ojos del espectador; la segunda condición es que el fútbol que desarrolle en la cancha sea ordenado, o sea, que se vea la función que cumple en la cancha dentro el orden táctico y la estrategia del equipo en el terreno de juego; la tercera condición, está relacionada con la actitud del jugador, el amor que muestra por la camiseta nacional, las ganas que pone para que la representación nacional salga adelante.

Ahora bien, de las tres condiciones mínimas señaladas, la población de un país no soporta la ausencia de la última. Para que nos entendamos, se puede entender que una selección nacional de fútbol no juegue bonito o que lo haga de manera desordenada; sin embargo, lo que es inadmisible para los nacionales de un país, es que los jugadores no defiendan los colores patrios hasta la última gota de sudor.

El costarricense en concreto, no tolera a los jugadores vagabundos que no se “matan” en la cancha por representar dignamente a nuestro país. En la jerga futbolera se habla de aquellos que “no meten pata” o como lo manifestaba en su tiempo el “Chunche Montero”: “no se chollan las nalgas”. Esta es la forma coloquial para decir a los jugadores de fútbol o a los que en algún momento representan a los costarricenses en cualquier actividad, que jamás se va tolerar la falta de ganas a la hora de representar y defender los colores patrios.

Todo esto viene a cuento porque hay jugadores que no entienden lo que ellos representan en el imaginario colectivo. Muy a mi pesar, los futbolistas son actualmente los “héroes” de la mayoría de niños alrededor del mundo y Costa Rica no es la excepción; no obstante, en muchas ocasiones, pareciera que no tienen conciencia de ello, al parecer, muchos incluso asumen ese papel con displicencia.

Uno quisiera que la sociedad contemporánea pusiera los focos sobre los verdaderos héroes. Históricamente se ha considerado héroe, a personajes relacionados con la guerra, situación que pone el acento en una de las acciones más primitivas y destructoras del ser humano; son héroes los que, por medio de la fuerza, protegieron, salvaron o liberaron a una sociedad de las acciones que otros seres humanos hacían en contra de sus semejantes.

Los héroes verdaderos son aquellos que han realizado acciones para lograr un mayor bienestar a los seres humanos de todo el planeta. Se trata de personas que han logrado proezas en los más diversos campos y han aportado nuevo conocimiento para que la humanidad avance en todos los campos del saber, lamentablemente, son ilustres desconocidos para la mayoría de nuestros jóvenes. Hoy más que nunca.

Por eso, como el mundo funciona al revés, lo mínimo que se le puede pedir a una persona que representa a nuestro país es que lo haga con ganas. Nos cuesta entender que un jugador no pueda dominar el balón, que haga un mal pase o que se equivoque en un movimiento que entrena semanalmente; empero, lo que un costarricense no puede perdonar, es que alguien que está representando al país, no haga su máximo esfuerzo y que muestre absoluta indiferencia ante semejante responsabilidad.

Ojalá que cada uno de los futbolistas de este país tengan claro esta condición y no la olviden nunca. No obstante, lo dicho para ellos, aplica para todo aquel costarricense que represente a nuestro país en cualquier lugar del mundo.

(*) Andi Mirom es Filósofo

columnapoliedrica.blogspot.com

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