lunes 6, febrero 2023
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El despojo

Todo inició con un desalojo, con un  despojo.

La inteligencia depredadora venía bien entrenada desde hacía quién sabe cuántos siglos para conquistar, arrasar, despojar y someter.  La opresión es el catecismo,  todavía en nuestros  días,  de dicho talento.  El pensamiento occidental se ha caracterizado por la capacidad de articular conquista y “genialidad”,  por cualquier duda consultar a Maquiavelo y a sus seguidores.

De una u otra forma, ese saqueo original, habrá quienes lo nombren acumulación originaria de capital, nos concierne a todas las personas.  Nos está interpelando aún en la actualidad.  Se trata de un cordón umbilical que no queremos asumir por miedo, egoísmo o ignorancia pero sus huellas malolientes impregnan de interrogantes nuestro presente y ofuscan la capacidad de pensar un futuro para nuestra sociedad sin saqueos y sin robos de ese tipo.  ¿Cómo construir una humanidad que sea digna e inclusiva,  si no hemos limpiado ese hueco oscuro de nuestro ayer?

De ahí venimos nos guste o no.  No es de la casita que tengo más abajo del trigal donde cantan las cigarras y se hace polvito el sol;  tampoco es de Caña pa moler, cuando tenga mi casita.  ¡Oh!,  qué suerte tan bonita…

Quizás podríamos ponernos sentimentales y afirmar que  Yo te llevo en el pecho como una perlita gata que adoraron los indios al nacer la luz del alba. Te encontraron cantando en una rústica cabaña, pues tu padre fue un viejo trovador de la montaña, pero si la marimba zumba, también debe zumbar en nuestra sensibilidad la pregunta de por qué te abandonó tu padre, cual si fueses pecadora y, sobre todo, por qué te dejó sin bautizo…

Sería que tu padre fue de aquellos habitantes que tuvieron que huir y refugiarse en la montaña frente a la voracidad de los que predicaban pecados para poder practicarlos con total tranquilidad.  Sería que tu padre te dejó sin bautizo porque te mostró el camino de la resistencia.  Porque la marimba zumba todavía en nuestra mente con la ingenuidad de creer que los indios eran sumisos y adoraron a la virgencita.

Hubo resistencia y hubo crueldad y ya es hora de que hagamos memoria histórica para ver el ASESINATO ORIGINAL o EL SACRIFICIO HUMANO de donde procedemos como país.

Una escueta referencia de las tantas que ofrece la historiadora Claudia Quirós:

Cuando estaba cerca del pueblo de Auyaque con 220 indios prisioneros, ordenó que salieran escoltas de madrugada en todas las direcciones con el objetivo de cazar más indios, y así ajustó las 400 piezas.  Estos indígenas fueron trasladados a Cartago, donde fueron sometidos a un juicio militar, cuya sentencia,  sin ningún derecho de apelación, fue decretada el 24 de diciembre de 1619 en los siguientes términos: En primer lugar, se condenó a todos los indios, incluidos los caciques y los principales del pueblo de Curero, como autores de los delitos de rebelión, sacrilegio y homicidio.  A todos se les impuso la pena de expulsión de sus pueblos, cuyas tierras serían aradas y sembradas de sal. Bajo pena de muerte, ni esos indígenas ni sus descendientes hasta la tercera generación podrían acercarse a Curero a menos de 10 leguas (50 kilómetros) a la redonda.

A esta campaña de exterminio de un pueblo se le llamaba guerra justa.  Eran tan justa que daba mano de obra –fuerza de trabajo- a los conquistadores, convertidos en pobladores cuando se fundaba una ciudad, mediante la encomienda y el repartimiento de tierras.  Cuando no había tal justicia,  había otra: eran tributarios directos de la corona.

Desconozco, si existe en nuestro país, la voz de los vencidos; yo le llamaría la voz de los despojados.  ¡Cuánto escarnio contra una población que únicamente defendía su derecho a vivir como había vivido!  No tenemos sus quejas, sus lamentos, su indignación, su pensamiento plagado de asombro y estupor…  ¿Dónde fue a dar todo ese dolor social del exterminio y la usurpación?

Continúa la historiadora:

En segundo lugar se pronunciaron condenas especiales contra grupos de indígenas cabecillas, en la siguiente forma:

1/ Los caciques don Juan Serrabá, Francisco Cagii y Diego Hebena, fueron sacados desde la Iglesia de La Soledad –que servía de cárcel- montados a caballo, con los pies y manos atados y con sogas atadas a la garganta, paseados por todas las calles de Cartago; acompañados del pregonero, quien denunció sus delitos, y llevados hasta las afueras de la ciudad, donde fueron ahorcados.  Después cortaron sus cabezas y las enarbolaron así: la de Serrabá, en la plaza del pueblo de Güicucí; y la de Hebena, en el pueblo de los Hameas.  Los cuerpos descabezados fueron arrastrados hasta una hoguera donde se los redujo a cenizas.

2/ Francisco Muchú, Yiriquirá, Mateo Catabá, Diego Areucará, Lucas Nuariz, Duará,Quirodujara,Juan Ibaczará y Bicara fueron ahorcados y decapitados.  Sus cuerpos fueron enterrados en los cementerios de las iglesias de la ciudad.  Dos de las cabeza se enviaron al pueblo de Quepo, otra a Co, otras fueron abandonadas en el camino de Ujarraz, en Auyaque, en Pejibay, en Catapas y en Abangares.  Las otras dos fueron colocadas en el punto de ajusticiamiento, como advertencia contra los frecuentes alzamientos indígenas.

El “niñito dios” les trajo esa navidad la posibilidad de entrar al cielo… no se podían quejar.

Una última muestra de las tantas:

A partir de 1662, el gobernador Rodrigo Arias Maldonado emprendió la reconquista de Talamanca y Tierra Adentro.  Con este objetivo penetró en la región y estableció un real a orillas del río Tarire (Sixaola).  Desde ahí y con el propósito de  fundar en ese punto un nuevo asentamiento indígena, procedió a sacar a los indios de Ciruro, Uruscara, Duqueiba, Moyagua y Jicagua junto con el cacique Cabsi, y de ese modo reunió a 1200 hombres en edad productiva, quienes junto con las mujeres y niños poblaron el asentamiento que denominó Can Bartolomé de Duqueiba.[i]

Evidentemente, la creación de esos asentamientos era para civilizarlos, es decir convertirlos en mano de obra de encomenderos.  Y así se inició nuestra historia oculta.

Isabel Ducca D.

[i] Quirós, Claudia. (2002).   La era de la encomienda Colección Historia de Costa Rica.  San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, pp.223-225.

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2 COMENTARIOS

  1. Juan Carlos, el tipo que fue reyezuelo, vino a Latino America a tratar de silenciar a un mandatario democrático, luego se fue a «otras colonias» de África, a asesinar elefantes. El afan de prepotencia y dominacion aún no ha acabado.

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