viernes 12, agosto 2022
spot_img

La verdad oculta

La forma en que los medios internacionales manejaron las noticias del juego macabro de la ballena azul a nivel mundial, de forma desproporcionada y alarmista, ha sido una muestra más del poder que tienen esas cadenas -interconectadas entre sí- para orientar la opinión pública, ya de por sí debilitada hasta extremos inconcebibles por una educación bastante pobre, intencionalmente propulsada por las políticas neoliberales de los últimos decenios en la casi totalidad de los países latinoamericanos.

Y ello me lleva a insistir sobre la forma en que dichos medios se han ensañado en contra de Venezuela, su gobierno y su pueblo, por la simple razón de que obedecen a los dictados de aquellos grandes intereses económicos que codician las riquezas petroleras venezolanas, una de las más grandes del mundo.

Pasan por alto verdades contundentes como el que fue el pueblo venezolano el que eligió su forma de gobierno, reiteradamente, en las convocatorias a elecciones y consultas populares, por un lado, y que el gobierno norteamericano financia descaradamente a los grupos de oposición política venezolanos, por el otro, irrespetando abiertamente la voluntad popular. Y aclaro que personalmente no me es especialmente simpático su gobernante ni el régimen –tan venezolano- que es el reflejo de la cultura y la forma de conducirse de un pueblo bastante particular.

Pero todo ello no es de extrañarnos. Siempre ha sido así en el imperio. Alimentan una bestia descontrolada que pretende utilizar en contra de algún régimen o pueblo no afín a sus intereses, y luego la dejan suelta para que haga de las suyas, hasta el punto de no poder controlarla posteriormente. Casos de ello no faltan: los grupos terroristas islámicos, los dictadores latinoamericanos que gobernaron en décadas pasadas, y muchos más.

El debate sobre el control de los flujos de información es tan antiguo como los propios medios de información, y ello es lógico en la medida que tal control constituye un elemento clave en la relación dialéctica existente entre la información, los medios de información y el poder. Esta relación está resultando afectada, sin embargo, por la actual revolución tecnológica, y ello hace que el control de los flujos de información aparezca, una vez más, en el ojo del huracán del vigente debate sobre los cambios a operar en el sistema de información.

Sobre este tema Noam Chomsky señala que la verdad es que hay una lógica detrás de todo eso. Hay incluso un principio moral del todo convincente: la gente es simplemente demasiado estúpida para comprender las cosas. Si los individuos trataran de participar en la gestión de los asuntos que les afectan o interesan, lo único que harían sería solo provocar líos, por lo que resultaría impropio e inmoral permitir que lo hicieran. Hay que domesticar al rebaño desconcertado, y no dejarle que brame y pisotee y destruya las cosas, lo cual viene a encerrar la misma lógica que dice que sería incorrecto dejar que un niño de tres años cruzara solo la calle. No damos a los niños de tres años este tipo de libertad porque partimos de la base de que no saben cómo utilizarla. Por lo mismo, no se da ninguna facilidad para que los individuos del rebaño desconcertado participen en la acción; solo causarían problemas.

Por ello, necesitamos algo que sirva para domesticar al rebaño perplejo; algo que viene a ser la nueva revolución en el arte de la democracia: la fabricación del consenso. Los medios de comunicación, las escuelas y la cultura popular tienen que estar divididos. La clase política y los responsables de tomar decisiones tienen que brindar algún sentido tolerable de realidad, aunque también tengan que inculcar las opiniones adecuadas. Aquí la premisa no declarada de forma explícita -e incluso los hombres responsables tienen que darse cuenta de esto ellos solos- tiene que ver con la cuestión de cómo se llega a obtener la autoridad para tomar decisiones. Por supuesto, la forma de obtenerla es sirviendo a la gente que tiene el poder real, que no es otra que los dueños de la sociedad, es decir, un grupo bastante reducido. Si los miembros de la clase especializada pueden venir y decir: Puedo ser útil a sus intereses, entonces pasan a formar parte del grupo ejecutivo. Y hay que quedarse callado y portarse bien, lo que significa que han de hacer lo posible para que penetren en ellos las creencias y doctrinas que servirán a los intereses de los dueños de la sociedad, de modo que, a menos que puedan ejercer con maestría esta autoformación, no formarán parte de la clase especializada.

Así, tenemos un sistema educacional, de carácter privado, dirigido a los hombres responsables, a la clase especializada, que han de ser adoctrinados en profundidad acerca de los valores e intereses del poder real, y del nexo corporativo que este mantiene con el Estado y lo que ello representa. Si pueden conseguirlo, podrán pasar a formar parte de la clase especializada. Al resto del rebaño desconcertado básicamente habrá que distraerlo y hacer que dirija su atención a cualquier otra cosa. Que nadie se meta en líos. Habrá que asegurarse que permanecen todos en su función de espectadores de la acción, liberando su carga de vez en cuando en algún que otro líder de entre los que tienen a su disposición para elegir.

Creo que la cuestión central…. no es simplemente la manipulación informativa, sino algo de dimensiones mucho mayores. Se trata de si queremos vivir en una sociedad libre o bajo lo que viene a ser una forma de totalitarismo auto impuesto, en el que el rebaño desconcertado se encuentra, además, marginado, dirigido, amedrentado, sometido a la repetición inconsciente de eslóganes patrióticos, e imbuido de un temor reverencial hacia el líder que le salva de la destrucción, mientras que las masas que han alcanzado un nivel cultural superior marchan a toque de corneta repitiendo aquellos mismos eslóganes que, dentro del propio país, acaban degradados. Parece que la única alternativa esté en servir a un estado mercenario ejecutor, con la esperanza añadida que otros vayan a pagarnos el favor de que les estemos destrozando el mundo. Estas son las opciones a las que hay que hacer frente. Y la respuesta a estas cuestiones está en gran medida en manos de gente como ustedes y yo.

Lo que sucede, como vemos, es que la verdad está oculta. Y de ese ocultamiento se encargan los medios de comunicación internacionales, controlados y concertados por los poderes fácticos del planeta, (los mismos que se han encargado de poner en su lugar a Trump al llegar a la presidencia de los Estados Unidos, permitiéndole toda clase de estupideces verbales, pero ubicándolo en posiciones convenientes a sus intereses en los temas centrales que importan al gran capital), y ocultan la realidad sobre Siria, Venezuela, China, Rusia y todo aquel que les haga sentir incómodos.

(*) Alfonso J. Palacios Echeverría

Más noticias

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Últimas Noticias