martes 30, noviembre 2021
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De Ratones y Libros (Of mice and books), 15

Viajes por mi biblioteca, 15

Desde hace unos cinco años, las horas solitarias de lectura o escritura en mi casa las paso en companía de Susa y Golo, dos ‘caniches’ (French Poodle) de pequeña talla. Apenas me instalo, ellos se inmovilizan a mi lado o en un punto cercano, y allí se quedan horas enteras, despiertos, simplemente a mi disposición: si voy en busca de un libro, o por un café, se levantan de un salto y me acompañan a donde vaya, el tiempo que sea. Una misión en la vida; una vida que, en palabras de Kundera, transcurre en círculos perfectos que se repiten indefinidamente. Si de felicidad podemos hablar, la de mis caniches consiste en nuestra presencia, nuestros mimos, nuestra cercanía (‘nuestra’ por Nuria, mi esposa). También nosotros los amamos y ello nos da muchos momentos de felicidad. Me viene pensar que entre lo bueno que tiene existir como humanos en este Planeta se encuentra sin duda nuestra capacidad de dar y recibir amor de nuestros semejantes, y que no es poco el bien que a esto le suma la singularidad de ser amados por otras especies, como lo somos precisamente nosotros, los ratones de esta biblioteca, por sus queridos caniches. “Si no existieran los perros, no querría vivir” decía Arturo Schopenhauer, el gran misántropo.

Cachorros French Poodle.

Sensibles, emotivos, inteligentes ¿cuál es la verdadera distancia que nos separa de ellos?  Tema que ocupará la atención de investigadores como Konrad Lorenz, Nikko Tinbergen y Karl von Frisch, y del zoólogo Gerald Durrell. En el año 2012 se celebró en la Universidad de Cambridge la ‘Francis Crick Memorial Conference’, que concluyó unánimemente por reconocer una conciencia (percepción del yo) en los animales.

Están mucho más cerca de nosotros de lo que de manera muy arrogante pensamos durante siglos. Pero, con todo, creo que ser persona humana significa muchas otras cosas: 1) como poder amar intensamente, pero tener la capacidad del compromiso moral, basado en el discernimiento; 2) como tener conciencia de pertenecer a una especie capaz de pensar y crear un acervo de experiencia y valores, y tener la capacidad de guiar sus pasos hacia la consecución de esos valores; 3) como experimentar pulsiones instintivas, igual que los otros animales; pero ejercitar el pensamiento reflexivo o crítico, que nos permite repensar, afinar, replantear lo ya pensado (incluso nuestro propio yo) como objeto de nuevas reflexiones.  Una combinación y un balance afortunados de todas esas facultades en tensión nos condujo un buen día al Poema de Parménides, a Platón, a Giordano Bruno, a la Ciencia, a Freud, al Espacio Interestelar.

Se tiene por cierto, y así lo creo, que el pensamiento reflexivo nos conduce al conocimiento: el pensamiento es la Estrella Polar de la Humanidad. Porque, en efecto, la producción de pensamiento filosófico pero, más ostensible, la producción de pensamiento científico ha ensanchado inmensamente las fronteras del saber, aunque de manera simultánea también nos ha permitido percibir las dimensiones astronómicas de nuestra ignorancia.

Ahora bien, en el mundo dominado por el Capitalismo se ha formado y expandido una brecha en el saber de los grupos sociales, semejante a la brecha económica; de modo que los filosofos, los científicos y los técnicos del Establishment profesan saberes y lenguajes especializados que están fuera de las posibilidades de comprensión de la gente común, que solo tiene acceso, en el mejor de los casos, a las versiones inevitablemente vanificadas o abreviadas a cargo de los divulgadores; y en el peor de los casos, a debatirse entre groseras supersticiones.

Lo cual significa que ‘el conocimiento’ viene ofrecido, como las mercancías, en distintas presentaciones a las que tienen acceso los iniciados y los profanos cultivados. Para el resto quedan las monsergas irresponsables de los predicadores, sobre todo los de los ‘cultos emergentes’, el ocultismo, el Vudú, etc.

En este punto tengo que decir además que el pensamiento humano, con toda su grandeza, es ‘humanamente’ precario, asediado por toda clase de falacias; y para comprobarlo baste recordar que un alto porcentaje de las cosas que creíamos ciertas hace un siglo, son tenidas actualmente como falsas.

Como respuesta a esa situación ha surgido primero la Teoría general del Conocimiento, o Gnoseología; después la Epistemología, disciplina que, según nos enseña Gaston Bachelard, investiga las condiciones y los métodos específicos empleados en la producción del conocimiento científico, y los obstáculos que impedirían dicho conocimiento.

René Descartes [Cartesius] (1596-1650).
El método, instrumento exaltado por Descartes en los albores de la Filosofía Moderna, es el objeto de la más atenta reflexión de notables investigadores contemporaneos como el filósofo francés Edgar Morin, nacido hace 96 años, creador de una potente reflexión metodológica en seis volúmenes (escritos entre 1977 y 2004), cuya tesis central: “el Pensamiento Complejo”, plantea la crítica y la renovación completa de las teorías y los métodos de conocimiento establecidos, idóneos para producir tecnologías de la destrucción, pero incapaces hasta hoy de conducir al mundo hacia soluciones humanitarias.

“Con la civilización hemos pasado del problema del hombre de las cavernas al problema de las cavernas del hombre”, concluye Morin.

Como decían mis tías ancianas: ‘que Tatica Dios nos coja confesaos’.

(Sigue)

(*) Walter Antillon Montealegre es Abogado y Catedrático Emérito de la Universidad de Costa Rica.

 

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