jueves 8, diciembre 2022
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Cuando la vulgaridad es la norma

No hay necesidad de realizar ninguna gestión especial para desenmascarar a los candidatos que se disputarán la presidencia de la república el próximo año, ellos solitos nos demuestran su mezquindad, su falta de elegancia, sus ansias de acercarse a los fondos públicos para hacer uso de ellos en beneficio personal, el descaro de agarrarse a argumentos alambicados para justificar posturas y acciones, y si no que lo digan todos aquellos que –con asombro ante semejante vulgaridad- han leído en los medios de comunicación los reclamos del candidato del Partido Liberación Nacional.

Reclama el pago del combustible que tienen asignados los Diputados y que él, libremente, no utilizó en su momento. Y lo peor de todo es que argumenta que es parte de sus emolumentos, cuando existen sentencias clarísimas de las autoridades competentes, que señalan que de ninguna forma ello debe considerarse parte del salario de un diputado.

Pero, ¿qué vamos a hacer?, cuando la vulgaridad es la norma ésta se les sale hasta por las orejas. Sin embargo, debemos poner mucha atención a los exabruptos como el recientemente informado, pues si así se comporta siendo solamente candidato, ¿qué podríamos esperar si desgraciadamente llegara a ser presidente de la república?

Y me pregunto ahora: ¿cómo es posible que sus contrincantes no le saquen a relucir otras cosas? como los alquileres que recibe (millonarios) por bienes inmuebles alquilados a organizaciones del Estado; o el juicio pendiente en Panamá, por un enrevesado negocio de compra de tierras para un proyecto turístico, en Bocas del Toro, cuando claramente estaba prohibida dicha venta por tratarse de tierras entregadas a indígenas, con restricciones especiales. O la forma que, en el pasado, se comportó cuando fue ministro… Y todos saben a qué me refiero.

La reacción de muchos ciudadanos no se ha hecho esperar. Pero la más llamativa es la de muchos que opinan que si así se comporta como candidato, ¿cómo lo haría si fuera gobernante?, y en ello tienen toda la razón.  No lo digo yo, lo dicen decenas de personas que comentan la noticia en los medios electrónicos de comunicación, lo que puede comprobarse fácilmente.

La ciudadanía vino conociendo, desde hace años, de lo sucedido en gobiernos anteriores, cuando gobernaban los partidos políticos tradicionales, como fueron fraudes tributarios, cohecho, tráfico de influencias, colusiones, negociaciones incompatibles, defraudación de recursos públicos a distintas escalas del ordenamiento político territorial, muchos de ellos relacionados con el financiamiento de la política. Es como si tal circunstancia no tuviera fondo. Y pretender que ello no impacta negativamente en la vida democrática del país, es una ilusión además de una vulgaridad.

Es cierto que también hay errores, fallas no advertidas e imprudencias, algunas  temerarias, en la composición y color de la crisis de credibilidad de los partidos políticos y de sus candidatos. Pero ellas no tienen otro valor que ser meros atenuantes de un problema a estas alturas sistémico de la política nacional.

La envoltura cultural de este proceso  –y la escala de valores que proyecta y reproduce– ha permeado de manera importante a las elites políticas, imprimiéndoles un exitismo individualista en sus conductas, sin dimensión valórica de comunidad ni de ciudadanía y, menos, de responsabilidad política.

Los vacíos legales detectados como precursores de la esta crisis no constituyen una excusa de los actos ilegítimos o claramente delincuenciales que nos llevaron en la práctica a ella. Los actos corruptivos que tales vacíos generaron no solo agredieron derechamente a la democracia, sino además son una muestra palpable del abandono de estándares éticos elementales al interior de los partidos y del Gobierno, y omitirlos sería faltarles el respeto a la dignidad e inteligencia de la sociedad.

Ese  modelo, que lleva implícita  la prescindencia del colectivo social y de los derechos de los otros, favorece las tendencias a la corrupción, y a una utilización instrumental extrema de las instituciones de la democracia representativa, las que se ven vaciadas de contenidos y son usadas  de manera discrecional y según las circunstancias y vicisitudes del poder.

Los costarricenses hemos vivido esta semana otra jornada más de cinismo y vulgaridad por parte de la “clase” política, que todo tiene menos precisamente “clase”, si por ello entendemos nobleza, educación y calidad humana.

La “clase” política, no es más que un grupúsculo que desde hace décadas exhibe las mismas costumbres, los mismos intereses y, sobre todo, los mismos vicios. Todo eso arropado por la corrupción que practican con singular alegría, y la impunidad que se procuran desde distintos frentes.

Gracias a los funcionarios y gobernantes corruptos que tuvimos en el pasado y de los cuales todavía quedan algunos por allí, enquistados en las organizaciones del Estado, que se encuentran en  cualquiera de los tres Poderes que integran el Estado, y que viven en la impunidad, en este país las instituciones han ido perdiendo presencia, credibilidad y fuerza. La Ley, los Reglamentos, son letra muerta si quienes están encargados de hacerlos valer, de supervisar su aplicación, y sancionar las conductas que se dediquen a lo contrario, renuncian a esa facultad para entrar a un sistema corrupto que sobrevive porque es un pacto entre partidos, y un hecho oculto a la sociedad.

A pesar de esa tendencia humana a lo mejor, hoy se percibe un enrarecido auge de la vulgaridad. Al menos eso refleja algunos políticos y medios de comunicación. Prácticamente cualquier asunto que antes protegía el pudor, la religión o la instrucción cívica ha ido sucumbiendo en la escena pública. Más que el cáncer severo y atípico, la desvergüenza, la ordinariez, la vulgaridad, se ha convertido en la epidemia más típica y vistosa.

Exhibir la anulación del discurso racional, y ufanarse de ello, es un acto profundamente vulgar. Ser vulgar es algo más que una eventual perversión de lo existente, mucho más que jugar con porquerías. Llegado a un punto, a este punto actual, la vulgaridad tiende a convertirse en un estilo de vida.

El estilo de una democracia degradada como la nuestra, el hedor de las relaciones humanas heridas, la cara obscena de la biografía de quienes aspiran a cargos públicos cuando las reputaciones se han comercializado y la prestancia es un lastre para la acción en busca de provecho personal. En resumidas cuentas, el egoísmo auspiciador de la fractura social es un vigoroso nutriente de la vulgaridad. Los demás no importan, la calidez y el respeto en las relaciones son accesorios. Faltos de una relación habitual, el residente cercano deja de ser el vecino a quien recurrir en busca de compañía o ayuda y se transforma en una posible y extraña amenaza. ¿Exageración? Ejemplos sobran: la desproporcionada agresividad entre automovilistas, la frialdad en el trato, el formidable aumento de quejas en los servicios, la dramática pérdida de amistades sólidas.

Las graves fisuras sociales responden a la pérdida de respeto por uno mismo. Recordemos que los seres humanos somos una especie inviable cuando nos comportamos como animales. Nuestra característica competitiva en la naturaleza es la racionalidad. Y la racionalidad exige cierto nivel de elegancia.

(*) Alfonso J. Palacios Echeverría

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7 COMENTARIOS

  1. Completamente de acuerdo. En el caso del descaro del candidato del PLN, no queda otra que plantearse como un sujeto de esta calaña es candidato presidencial, da asco, da repugnancia y desprecio.
    Debemos dejar de tener miedo a cambios más radicales, abandonar los partidos tradicionales, con candidatos tradicionales, con mañas también tradicionales.
    Tengo muy claro que por candidatitos así no votaré.

  2. Lo que mas duele de este pequeño y querido país por unos pocos, es que su gran mayoría de ciudadanos son el reflejo de quienes lo gobiernan.

  3. Si toñito obtuviera el dinero que reclama por combustible, pronto encontrará algún otro pretexto (menudillo) para reclamarlo como suyo. ¡Que infamia de energúmeno! Oscar Aurífero sabía claramente a quien escogió como delfino en esta ocasión también.

  4. Estos politicos-empresarios lo unico que los desvela es poseer mas aunque el pueblo se muera de hambre y el pais se hunda; porque ellos emigran con sus millones mal habidos al primer mundo.Raza de viboras.

  5. Toñito el perikito, ya se prometió con los parásitos de siempre del poder mediático televisivo en no tocar el descarado oligopolio de esos medios y dar luz verde al cambio digital integralmente, por la miseria de siempre. El sindicato de la TV está haciendo esos compromisos extensivos a otros partidos en juego. Ni ha patadas de asno la manada de domesticados legislativos actuales “manosean” el tema y frenan, aplicando orden y equidad con una ley y reglamento específico antes del 15/12/17. Otra deliberada aberración colegiada, por no tener la voluntad política y coraje de reformar una ley ya desfasada y desactualizada del fisco hace 63 años, gracias a la usual deshonra del PLUSC al entregar el espectro radio eléctrico, patrimonio de tiquicia. Una auténtica baja traición a la libertad de expresión y a nuestra democracia. ¿En que fosa quieren soterrarnos?

    • El peor enemigo político que tiene este candidato es él mismo. Su ambición por lo material, puede más que su ambición por ser presidente

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