miércoles 25, mayo 2022
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Ante desafíos nacionales un Acuerdo Nacional

De cal y de arena

I

De aquella sociedad de niños descalzos, de baja escolaridad, de altos índices de morbilidad y mortalidad,  de mala distribución de la riqueza y dificultoso acceso al crédito, de mala distribución de la riqueza, de una composición en la formación del producto nacional limitada a unos cuantos rubros, de esa Costa Rica presente allá por la década de los ’30 del siglo pasado pasamos en cuestión de treinta años más a cambios muy importantes en la conformación de su sociedad. La reforma social de Calderón Guardia -felizmente preservada y protegida por la perspicacia política y social de Figueres Ferrer- y las reformas económicas que éste impulsó desde la Junta de Gobierno 1948/1949, son los hechos determinantes de la evolución social y económica de este país. Lo que Carlos Monge Alfaro en su “Historia de Costa Rica” refiere como motores “de los cambios profundos en que se adaptó la democracia al desarrollo social por la vía de reformas e innovaciones creativas en las estructuras económicas y sociales”.

Algo pasó años después. Los estudiosos apuntan la crisis de los años ’80 con grave incidencia en el deterioro de los registros sociales y económicos. El país pudo salir a flote pero a un alto precio y con efectos no del todo superados aún. En particular –todavía hoy- por lo que respecta a los rubros de pobreza, desigualdad, desempleo y desarrollo de las regiones, sin ignorar –muy importante y estorboso- la cojera que padece el aparato estatal costarricense, con instituciones y organismos creados en décadas anteriores para acometer objetivos en la línea del desarrollo económico y social pero que en la actualidad acusan graves deficiencias operativas y de gestión en un entorno compuesto de diferente naturaleza y dimensión.

¿Cómo un país que tuvo arrestos para emprender los grandes cambios de hace décadas, hoy vive “enclochado”, sumido en un marasmo resultante de la grave oxidación que acusan las instituciones del Estado concebidas con una estructura ya obsoleta y el amplio arco de la frondosa colección de leyes y decretos, estorbosa en muchos puntos?. La respuesta ronda los predios de la incapacidad para forjar los acuerdos políticos de ámbito nacional requeridos para emprender los cambios. Y también la crisis que ha generado la falta de liderazgos. Su ausencia se nota en los partidos, en los sindicatos patronales y obreros y en los segmentos caracterizados como actores socio/políticos.

La semana pasada, cuando las esperanzas se desvanecían, conocimos que los nueve partidos con representación parlamentaria adoptaron un Acuerdo Nacional que “deberá propiciar una nación más próspera, más equitativa y de alto progreso social, solidaria entre sus ciudadanos y sectores, moderna y competitiva ante la economía global, con gobernabilidad democrática y fuerzas políticas que dialoguen con fluidez y transparencia en función de los objetivos superiores de la nación”. Es una visión de futuro para empezar a ejecutar cuanto antes, ojalá a resultas de las elecciones nacionales de febrero.

El Acuerdo lleva el compromiso formal de los partidos firmantes de ejecutar los emprendimientos insertos en cada uno de once grandes temas seleccionados como tareas nacionales exigibles a tono con la convicción de introducir cambios en el statu quo: desarrollo regional prioritario, fortalecimiento del régimen municipal, modernización de la infraestructura y el transporte público, reforma educativa integral, política de empleo y cumplimiento de los derechos laborales, reforma administrativa del Estado y simplificación de trámites, reforma fiscal progresiva y reforma del reglamento interno de la Asamblea Legislativa, con el señalamiento de una hoja de ruta para trabajar en las misiones encomendadas a la Caja Costarricense de Seguro Social.

Los partidos adherentes propusieron y seleccionaron los temas. Y respecto a cada uno de éstos, se comisionó a un grupo de expertos la tarea de elaborar las propuestas que los partidos asumirían para abordarlos. Son 59 los acuerdos nacionales firmados a algunos de cuyos contenidos nos referiremos en próximas columnas.

Ahora que se abre la campaña electoral veremos si las promesas y los compromisos que proliferarán como abejones en mayo, reafirmarán o no los contenidos del Acuerdo Nacional. Serán días que pondrán a prueba la integridad de las firmas estampadas a nombre de nueve partidos.

Es de reconocer el aporte de altos quilates que han dado quienes han coadyuvado a elaborar esta plataforma de trabajo de innegable interés y necesidad nacional. Y muy en especial a quienes actuaron como facilitadores del proceso, Roberto Artavia y Miguel Gutiérrez Saxe, quienes haciendo una gran demostración de pertinencia y habilidad supieron aproximar a las partes y mantener la unión del grupo de trabajo. Sin faltar mención a Ottón Solís Fallas, diputado y fundador de Acción Ciudadana, inspirador original de la idea primaria que derivó en el Acuerdo Nacional.

(*) Álvaro Madrigal es Abogado y Periodista

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1 COMENTARIO

  1. No creo en líderes. A Costa Rica los «lideres» la han arruinado. Pero sí en políticos honestos honestos y trabajadores. Que dejen de lado el interés personal.

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