martes 30, noviembre 2021
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Fila, Fila

Servicios públicos y hacer fila no es que sean incompatibles. Es nada más la falta de costumbre. Antes (lo digo porque se supone que cada día que pase deberíamos estar mejor), antes, decía, uno se quedaba sin luz, reportaba y en pocas horas estaba otra vez con luz. Cualquiera que fuere la causa, ya sea torpeza de algún bestia, fallas por desgastes (léase deficiencia en el mantenimiento), desmadres de la Naturaleza o cualquier otra. Ahora, bípedos superdotados (esto es que nunca hay que decir, pues cualquier boludo se lo cree), ahora ya no son las cosas así.

En Guadalupe, al este del Cementerio, se fue al carajo el servicio. Dicen, que explotó un transformador (en todo caso e descuajirilingó) y que hay cables guindando (como ahorita van a estar las pensiones) y, la fuerza del puño, se fue la luz. Entró el tercer día. No se ve a nadie arreglando. Ya si se llama, ni atienden. La bola es que la Compañía no aguanta. Hay que hacer fila. Mientras, no más imagínense lo que es estar sin energía eléctrica. Vuelta a las candelas. Sin T.V. A comer sándwiches. A botar todo lo de la refri. Alguna gente ya se fue a vivir a otro lado, a esperar.

Manda banano: 1. Tener que hacer fila. 2. No tener la menor idea de cuándo llegará el turno. 3. No conocer los criterios para discriminar.

De feria, en todo Guadalupe ya no hay candelas.

Recomendación: tengan paciencia; recen; piensen en otra cosa (ya viene el Festival de la Luz). ¿En qué país creyeron que estaban? Los servicios públicos tienen, en otros países, el requisito sacrosanto de la continuidad. Pero, ¿por qué tenemos que estar imitando? Y no se olviden: estamos en el país más feliz del Universo habitado. Aquí hasta los tiburones y los cocodrilos sonríen.

(*) Dr. Mauro Murillo A. es Abogado

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