miércoles 8, diciembre 2021
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Las sombras de un buen presidente

En condiciones normales de lo que fue la Segunda República en los hechos, probablemente don Luis Guillermo Solís Rivera habría pasado a ser uno de los mejores presidentes. De fuentes fidedignas y confiables, sé que el presidente Solís es una persona comprometida en hacer obra y hacerla bien, además de ser él un hombre honesto, ha sido todo lo diligente que sus limitadas fuerzas humanas se lo han permitido. Ciertamente goza del respeto y la admiración de casi, sino de toda la gente, que ha trabajado con él.

Este perfil de decencia coincide con los recuerdos que de él tengo sea de colegio o de profesor universitario. En suma, no me arrepiento de haber votado por este caballero en la segunda ronda y tampoco de haberlo hecho por Villalta en la primera. Entre esta administración y la pasada hay todo un mar de diferencias, un parte aguas entre la luz y las tinieblas.

Dicho lo anterior, cabe decir que para gobernar no es suficiente ser de manos limpias o con llevar una vida modesta e industriosa, porque ello es solamente una parte de los buenos atributos para ejercer el cargo. Sin embargo, uno se pregunta por qué en el último tramo de la administración Solís la percepción popular de esa gestión se vino de pique. Mucha gente parece olvidar que las encuestas favorecían bien la imagen del Presidente y de su obra. Hay que ser bien mezquino para no reconocerlo.

Lo cierto es que la popularidad de la administración Solís Rivera tocó fondo y nadie presagia su recuperación mientras dure. La debacle ocurrió por los siguientes factores: 1. La latencia de lo que yo llamo “magma justicia”. Con la imposición sostenida del modelo neoliberal desde la administración Monge Alvarez, el pueblo ha venido soportando una dramática erosión de su nivel de vida y un aumento vertiginoso de la corrupción en los administradores y algunos sectores de la actividad privada, malestar que se ha venido acumulando en forma de lava y cuyo magma asciende en varios momentos, -recuérdese, por ejemplo la lucha en contra del combo del ICE- y que ese hervidero es como la reserva moral y de indignación que subyace en la memoria colectiva de las masas. Cualquier político que llegue a Zapote debe saber que su poder es de frágil factura, hundido entre placas tectónicas escurridizas. Las administraciones Ulate, Figueres, Echandi, Orlich, Trejos y Carazo no funcionaron en la dinámica esbozada y obedecieron a otra realidad.

2. La implosión del caso del “cementazo” sirve de válvula de escape a los rencores acumulados del pueblo, a ese escape de “magma justicia”, tan fuerte que en la memoria general puede borrar de un tirón lo bueno que ha hecho el gobierno y a su paso tiene el suficiente fuego como para inmolar al Presidente. Sostengo que, en lo fundamental, la ira y el fuego de la opinión pública dirigida en contra del actual gobierno, obedece a la mortífera acumulación de energías destructivas sobrepuestas o encima de la soterrada lucha de clases que siempre subyace en toda sociedad, pero que ahora adquiere tintes mayores de cinismo y asco en virtud de los sobrevuelos de las aves de rapiña que se disputan los huesos y la poca carne que le queda al actual Estado.

3. La inocencia del empeño. Desde que tengo memoria ningún jefe de gobierno quiere pasar a la historia sin obras y sin una aureola de buen gobernante. Mencionemos las administraciones Trejos Fernández, Figueres Ferrer y Oduber Quirós. También las de Orlich Bolmarcich y Echandi Jiménez. Los menciono no porque fueran héroes de los trabajadores o adalides de la justicia social, sino porque a pesar de representar a la oligarquía en sus diferentes versiones, sus administraciones no se salieron de la franja de gobernabilidad que supuso el pacto social que emergió de los conflictos de la década de los 40 y cuya más preciosa joya fue el nacimiento de una pujante clase media al amparo de un Estado desarrollista y benefactor.

Don Luis Guillermo Solís Rivera, nuestro presidente, es un hijo mejor que legítimo de dicha epopeya. Vivió en una época en la cual sus padres, con notable sacrificio, pudieron costearle a él y a sus hermanos una privilegiada educación en el Colegio Metodista, entonces una de las instituciones privadas más vanguardistas e innovadoras. En lo político el es un hombre mesurado, analítico, y en general fiel a sus convicciones. Principalmente ha sido un docente y ocupó cargos públicos que para nada presagiaban su presidencia.

Hace casi cuatro años que el PAC y el presidente Solís se “encontraron” una presidencia, no tanto por los méritos y los talentos de ambos, sino gracias a una consulta electoral que se tradujo literalmente en una insurrección cívica sin precedentes en contra del autoritarismo corrupto del partido de Laura Chinchilla, que expresó su realidad, de manera locuaz y fétida, en una horrorosa fotografía de su gobierno, incoada como seguidilla del persistente desmantelamiento de las claves económicas y de cohesión social durante la II República.

Notablemente el nuevo gobierno no lee correctamente la derrota y la pulverización del PLN y tampoco toma nota de las circunstancias sociales e históricas en las que accede al poder. Hoy, en la presente campaña electoral, el pueblo sigue en plena insubordinación y escucha en el populismo cretino de JDC su canto de sirena. Ello ahora es posible porque tanto el PAC y el FA abandonaron los espacios ganados -cada uno a su manera- y bien se sabe que en política los espacios cedidos siempre otros lo habitan.

4. Un gobierno a medias. El PAC nunca termina recobrarse de su victoria y el voluntarismo tesonero del presidente se convierte, más bien, en una valla de desencuentros entre partido y gobierno, entre la fracción parlamentaria y el mismo Poder Ejecutivo. Hasta cierto grado considero bastante milagroso que el actual gobierno haya consumado logros al estar inserto en una Torre de Babel bastante inhóspita. Lo anterior lo atribuyo al atlético empuje que el mismo Presidente le dio a su gestión y al desenvolvimiento notable de algunos de sus ministros.

Conclusión: central era comprender para los candidatos presidenciales del PAC y del FA el hacer una lectura cerebral profunda de los resultados del 2014. Fue un error no darse cuenta que la debacle del PLN obedeció a una sublevación instintiva del pueblo contra casi 4 decenios de garrote y del cual salió a flote un magma con el que Luis Guillermo Solís fue ungido.

Cierto que el Presidente se puso a trabajar, pero descuidó totalmente la verdad de presidir un aparato de gobierno destartalado y corrupto por más que quisiera prevenirlo exigiendo honradez y probidad. El hecho de que un silencio tranquilo visite las oficinas de gobierno no significa que los peligros hayan desaparecido.

Se olvidó el Presidente de recordar aquel poco de sabiduría que dice que el Estado es una gigantesca hidra que con frecuencia sobrepasa las intenciones y la fuerza del mejor gobernante. Y es que el Presidente no llegó a Zapote equipado con buenos lanceros para hacerle frente a falsos amigos y colaboradores. Sin lugar a dudas esa fue una debilidad cardinal desde una óptica subjetiva. Quizá no imaginó que por ese lado su barco empezaría a hacer agua. A juzgar por su semblante le habrá dolido en el alma.

Cabe señalar en un tema aparte pero íntimamente relacionado que el FA fue realmente el gran ganador del 2014 por los siguientes motivos: 1. paradójicamente por no haber ganado las elecciones; 2. Por el inusitado número de diputados elegidos. Estas dos ventajas estratégicas el FA las difuminó, las desperdició, porque por haberlas utilizado con sabiduría le habrían quizá facilitado buscar cómo ser oposición constructiva al PAC. En todo caso, el FA tampoco tiene un sólido análisis de la coyuntura de ruptura social que vive el país.

En fin, la historia no perdona y tampoco olvida aunque lo parezca. No son los actuales tiempos “felices” para gobernar; el piso se mueve y hay incendios en todas partes, y los ecos de las deudas pendientes con los que menos tienen pasan imprescriptibles de generación en generación y nunca se cancelan. El magma se acumula y hierve con más tenacidad.

El gobierno de Luis Guillermo Solís Rivera no se pellizcó para darse cuenta a tiempo de que cabalgaba en un palafrén famélico y desahuciado que es lo que queda de la Segunda República. Deudas son deudas con los oprimidos, con la patria, aunque el Presidente no las haya contraído. Es un trágico precio a pagar para un buen Presidente. Estas sombras lo persiguieron siempre. La política suele ser irónica y hasta cruel.

(*) Allen R. Pérez es abogado

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6 COMENTARIOS

  1. Me gustó su análisis, además yo también voté por LGS en segundas, después de votar por el FA. Coincido plenamente en su análisis de esas coyunturas y de esos dos partidos por los que siento, por lo que me identifico.

  2. Brillante, como siempre, en el análisis textual mi buen amigo don Allen Pérez, dentro de lo que constituye un valioso intento por hacer un primer balance de la gestión de un gobernante que despertó muchas expectativas entre un electorado muy diverso, pero harto de la dictadura en democracia de los Hermanos Arias y Laura Chinchilla, su continuadora. Cuando su gestión está a punto de concluir, podemos notar y recordar que si bien empezó con muchos bríos, cedió desde el principio, ante los poderes fácticos, no sólo la cancillería y el manejo de la política exterior sino también el manejo de la seguridad ciudadanía, un tema que sacrificó en beneficio de la ya perdida guerra contra el narcotráfico, lo que aumentó peligrosa y desmesuradamente la criminalidad en el país. Al no contar con un partido político de verdad, no podemos decir que está fue una gestión de gobierno del PAC, un ente al que se fundador Ottón Solís Fallas se ha empeñado en destruir, viéndolo en retrospectiva desde que se dejó arrebatar el triunfo electoral que obtuvo en las elecciones del 2006, como también cuando debilitó por no decir que traicionó la lucha contra el TLC con los Estados Unidos y el resto de la América Central. Ni el PAC, por su ambigüedad ni el Frente Amplio que elevó su representación parlamentaria en la proporción de uno es a nueve supieron estar a la altura del momento histórico, lo que en el caso de este último resulta desastroso para las fuerzas de la izquierda. Buen balance el tuyo Allan a propósito de esta coyuntura histórica, por eso el cierre textual que haces no puede ser más dramático e irónico hasta extremos insospechados, pues el presidente “no se pellizcó para darse cuenta a tiempo de que cabalgaba en un palafrén famélico y desahuciado que es lo que queda de la Segunda República”, lo que condujo a un callejón sin salida en el que “Deudas son deudas con los oprimidos, con la patria, aunque el Presidente no las haya contraído.”, razón por la que “Estas sombras lo persiguieron siempre. La política suele ser irónica y hasta cruel.” , y lo sigue siendo con todos nosotros, por lo menos evitemos el pecar de tontos, o lo que es aún peor, de candorosos.

  3. Rogelio, estimado amigo y Catedrático universitario, me honra su comentario y me alegra que coincidamos porque hoy es urgente hacer el mejor esfuerzo intelectual posible para identificar la coyuntura política y social prevalente en nuestro país, dramática para decir lo menos, pero que huele a un periodo abierto de ineludible transición de la actual República que se inauguró con nuestra Constitución Política de 1949 y que abrió sus alamedas a la II República. ¿Hacia dónde vamos como proyecto colectivo nacional? Nadie lo sabe. Pero podemos identificar la dinámica social de las varias corrientes activas en la presente coyuntura e interpretarlas parecido a lo que se hace con un texto escrito, convencido yo, al menos, que la realidad en sí misma es también un texto y sujeto a múltiples lecturas. Y como vos bien apuntás, estimado, lo mio es un intento y puede ser que me equivoque, no obstante el objetivo es incitar al análisis, a la opinión, para colaborar en la identificación de los nuevos sujetos históricos dentro de una dinámica social inédita de ruptura con lo que se gestó hace 70 años y que hoy sufre de mortandad. La tesis es que en los hechos la II República está muerta, asunto del cual el entramado constitucional no ha tomado nota y que, por lo mismo, toda la política gira alrededor de presupuestos ficticios y de fábulas inconsecuentes con la realidad material insurreccional que yace latente en los costarricenses. El hecho de que exista un descontento pronunciado entre las masas, que huele a guerra de baja intensidad, no significa que socialmente se haya pospuesto un estallido ciudadano violento de grandes dimensiones, sino que la olla, el caldo, la carne y los ingredientes se encuentran ya calentándose y que dependerá de una infinidad de factores para llegue a hervir. Mi modesto juicio es firme: no es sinónimo de victoria si don Carlos Alvarado llega al poder; el nuevo presidente tendrá que construir una victoria desde el poder. En cierto sentido el nuevo inquilino de Zapote llegará derrotado. Si el nuevo Presidente aspira a ser visionario, deberá considerar él al menos la posibilidad de considerar en crisis el modelo de la II República y la eventualidad de gestionar una Asamblea Nacional Constituyente. Una posible victoria de Juan Diego Castro probablemente adelantaría los escenarios violentos. En todo caso, quien gane la presidencia tendrá una pesada carga, como bordeando una pesadilla sin fin, y el que la gane para llegar a robar se arriesga a ser devorado por la masa. Le renuevo el agradecimiento por haber comentado mi artículo y le extiendo, a su vez, un afectuoso saludo.

  4. Los principales medios de comunicación, orquestados por el PLN, se encargaron de ensuciar la cara del actual gobierno, hasta que los ticos no aprendamos a generar nuestra propia opinión sin importar lo que digan las portadas de la prensa, vamos a seguir pasando por alto a la gente que podría aportarle mucho al país y que no lo logra simplemente porque no tiene los medios para pagarle una pauta a estos medios mezquinos. LGS ha sido lo más cercano que hemos tenido en las últimas décadas, a tener un «mortal» en Zapote como lo somos la mayoría de los ticos, que no nacimos en cuna de oro y nos cuesta ganarnos el arroz y los frijoles con trabajos honestos.

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