domingo 29, enero 2023
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El papa, frente al drama de niños que viven con sus madres reclusas en Chile

Santiago de Chile, 16 ene (EFE).- El papa Francisco conoció hoy de la voz de las mismas reclusas el tormento de tener que hacer crecer a sus hijos en una cárcel o no poder estar con ellos, durante su visita a un penitenciario femenino en Santiago de Chile.

El pontífice ha visitado numerosas prisiones durante su pontificado y encontrado reclusas, pero es la primera vez que Francisco visita una cárcel solo femenina y el testimonio de una de ellas, Janeth Zurita, le puso frente al drama de estas madres privadas de libertad: El destino de sus hijos.

A su llegada a este acto de su primera jornada de visita a Chile, varias mujeres con sus hijos pequeños, con quienes viven en la cárcel, recibieron al papa.

Una embarazada pidió que le bendijese el niño, que se llamará Lucas y que nacerá en la cárcel y con todas ellas se detuvo durante unos segundos para escucharlas.

Después en el gimnasio de este centro penitenciario, decorado por las reclusas con flores y grullas de papel, que simbolizan la esperanza, y tiras de colores con las palabras de Francisco sobre las prisiones, el pontífice fue besando y abrazando a todos los hijos que las mujeres presentes.

Durante el acto tomó la palabra primero la hermana Nelly León, encargada desde hace más de diez años de la pastoral carcelaria en esta prisión.

León explicó que las cerca 400 mujeres presentes representaban «a los 50.000 hombres y mujeres privados de libertad» a quienes denominó las personas «más olvidadas de nuestro país».

Un niño pequeño que vive con su madre en la Penitenciaría Central Femenina. EFE

Una de estas personas era Janeth Zurita que al papa agradeció que hubiese pensado «en las mujeres privadas de libertad porque cuando lo hizo sé que pensaba en nuestras hijas y hijos», dijo.

«Nada ni nadie reemplaza a una madre», dijo Zurita, que pidió a Francisco que interceda ante las autoridades para que la Justicia modifique en el tratamiento jurídico de las madres con niños menores».

«Papa amigo, nuestros hijos son los que más sufren por nuestros errores con nuestra privación de libertad sus sueños se les truncan y con esto, a veces, les obligamos a cometer los mismos errores que nosotras», agregó.

«Y esto es un profundo dolor para nosotras», dijo, mientras algunas de las mujeres presentes lloraban con sus palabras.

«He visto llorar a muchas a muchas compañeras al enterarse de que se han cometido abusos a sus hijos o les han matado», añadió.

Janeth pidió al papa «que tenga presente en sus oraciones a nuestros hijos y a nosotros, le pido que le diga a Dios que tenga misericordia de nuestros niños y niñas que ellos también cumplen una condena siendo inocentes», señaló.

La reclusa también pidió perdón: «Nos hemos equivocado, hemos hecho daño y hoy públicamente, pedimos perdón públicamente a todos los que herimos con nuestro delito. Sabemos que Dios nos perdona, pero pedimos que la sociedad también nos perdone».

Tras cantar el himno que ellas mismas han compuesto, Francisco recordó a las reclusas «que estar privado de la libertad no es estar privado de la dignidad».

Indicó a las mujeres que sus hijos deben ser «la esperanza y el estimulo» porque estar privada de libertad «no significa que esa situación sea el fin» y las invitó «a mirar hacia adelante hacia la reinserción en la vida corriente de la sociedad».

Les pidió «gestar futuro para sus hijos y para ellas y la sociedad» y que la «capacidad de poder adaptarse y salir adelante de las mujeres les permita luchar y salir adelante contra los tantos determinismos cosificadores que terminan matando la esperanza».

Y Francisco terminó los cerca 40 minutos de su visita a la cárcel femenina como la inició, besando a los niños de las reclusas. EFE

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