miércoles 7, diciembre 2022
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Reflexiones sobre política y religión

Los sistemas religiosos, es decir, aquellas agrupaciones que aglutinan un cierto número de personas al amparo de unas creencias, siempre son concreciones limitadas y culturalmente determinadas de lo religioso, nunca se dan por satisfechos con la mera dirección de la «vida espiritual» de sus fieles, sino que también anhelan dominar la vida pública mediante, por ejemplo, legislaciones y normativas acordes con sus intereses particulares y grupales. Y, por su parte, lo político, siempre actualizado por mediación de políticas concretas, nunca se da por satisfecho con la simple administración de la «cosa pública», sino que, de una manera u otra, siempre quiere incidir e influir sobre el foro íntimo de la conciencia de los individuos para administrarla y dominarla. No se trata, por consiguiente, de una simple presencia de lo teológico-político en forma de mera yuxtaposición de lo teológico, por lado, y de lo político, por el otro, sino de la complicación de ambos.

Hay que reconocer que estas agrupaciones religiosas poseen un gran poder de movilización de los sectores populares y menos escolarizados, precisamente aquellos que tienen poca participación en movimientos sociales o partidos políticos, y que por esta razón son más susceptibles a la influencia en la definición del voto. Hoy en día, varias iglesias de las llamadas cristianas (en realidad deberían llamarse judeocristianas) o evangélicas alientan la participación política de sus fieles, el debate político en los templos y lanzan candidatos para ocupar puestos en el Legislativo. Por lo general los nuevos fieles evangelistas son ex católicos, desencantados con la Iglesia. La rivalidad entre ambas ramas del cristianismo tiene su correlato en la política.

Los analistas políticos están conscientes de esta situación y que de forma intencional o no, utilizan ciertos pastores o líderes de congregaciones evangélicas cristianas la religión para ganar cercanía con las personas a las que quieren hacer llegar sus mensajes o pedir sus votos.

La estrategia pareciera, hasta el momento, haber rendido los frutos esperados. Pero ya es harto conocido que desde pastores que se lanzaron a la política hasta personajes que afirmaban haber recibido un llamado divino para participar en política, todos han fallado en su intento de conectarse con el verdadero interés nacional,  y hasta ahora parecen sentir más atracción por las prebendas del clientelismo político. Sin embargo, algunos no abandonan la idea y continúan intentando construir imágenes y mensajes que evocan las creencias religiosas de las personas de estas agrupaciones. La mezcla de la religión y la política ha sido históricamente “muy peligroso”. Se vio en la Edad Media, con ejemplos como las cruzadas, y la historia se repite en la actualidad, como ejemplos como los de Israel y Palestina o el Estado Islámico (ISIS).

Debe recordarse que desde el principio de la historia, la religión ha estado relacionada de manera directa con la política. Los reyes estaban siempre relacionados con los sacerdotes, y en muchas ocasiones eran lo mismo, para dar origen a las llamadas teocracias. Luego se pasó a una separación a veces simbólica entre la autoridad mundana —los soberanos— y la espiritual. Los altos jefes religiosos eran los encargados de darle legitimidad al mando político, y ello explica las coronaciones encargadas a los obispos. En esa etapa histórica nunca hubo una posición contraria entre el Estado y la religión. Con el paso de los siglos se llegó a la secularización estatal, existente en la actualidad como un resultado de las conquistas emanadas de la Revolución Francesa.

Es importante explicar por qué es mala esta mezcla. Hay muchas razones, pero la principal se refiere a la ética, cuyo camino en la religión es muy angosto, precisamente para así ser difícil de cumplir, mientras en la política es ancho y por ello algunas acciones políticas son correctas sólo porque permanecen dentro de la política. Desde la perspectiva de la política, es irrelevante la afiliación religiosa de quienes pueden ser simpatizantes, o ya lo son. Los peligros de la mezcla de religión y política tienen su más claro ejemplo en el actual mundo musulmán, porque los crímenes de todo tipo son justificados como una acción válida religiosa.

En tiempos actuales la religión intenta con ahínco volver a gobernar territorios hace tiempo conquistados por la política. No es un afán novedoso, pero resulta preocupante lo que sucede.

La mayoría de las civilizaciones nacieron y se desarrollaron en torno a un mito fundacional que servía para organizar las vidas de sus miembros al tiempo que aislaba el hecho político, dejándolo en un segundo plano siempre tutelado por la divinidad. No parecía posible perturbar el orden de dichos designios hasta que en la Europa del siglo XVI se abrió la grieta por la que se filtraría la separación de política y religión a la que obedecen nuestras democracias y que posibilitaron la convivencia de acuerdo a leyes creadas por los hombres en lugar de las leyes de algún dios.

Mark Lilla, siguiendo la estirpe intelectual de antiguos filósofos, nos ayuda a comprender la magnitud de este desafío y el precario equilibrio que lo sostiene, pues el impulso de volver a unir lo que una vez separó el hombre reaparece con frecuencia en la historia del pensamiento europeo y muy especialmente en los inicios del siglo XX en donde el intento de conciliar la política con la religión derivó en peligrosos mesianismos de mortíferas consecuencias.  Polemizando además nos previene sobre la necesidad de protegernos de las invasiones religiosas que pretenden acabar con el legado de la Ilustración  que encontró el camino para liberar la política de la autoridad de los que se autodenominan como los representantes de Dios. Una exitosa, pero frágil construcción que es necesario conservar.

A finales del siglo XVII y durante el siglo XVIII, algunos intelectuales y políticos entendieron que la religión y el Estado debían tomar caminos distintos.  La religión no debía influir en la política, porque a lo largo de la historia los resultados de esta interrelación habían sido negativos. Esta forma de entender la organización de los Estados pudo ponerse en práctica  cuando la idea se plasmó en las diferentes constituciones aprobadas en  países europeos y tras la revolución francesa en nuestro Nuevo Mundo.

No cabe duda que en el mundo de la política y en el mundo del poder en general abundan los casos de personas que sostienen firmes convicciones religiosas. Lógicamente también en el “pueblo llano”, aunque aquí las consecuencias no suelen ser “sufridas” por el resto de la humanidad y todo queda en un ámbito privado. El problema está cuando un místico, alguien que cree comunicarse con su Dios accede a puestos de relevancia, porque (salvo contadas excepciones), ¿cuál es la interpretación que suele hacer el creyente de que él haya llegado y ocupe un puesto de poder, un puesto en el que tiene poder para decidir sobre la vida de los demás? Su interpretación es que él es un elegido por su Dios. Y las consecuencias son las de creerse autorizado para decidir sobre los destinos de toda una sociedad.

Esto que puede parecer algo anecdótico es algo sumamente relevante. Sin ir más lejos el hecho de que el pueblo judío se crea el pueblo elegido ha tenido, tiene y tendrá consecuencias trascendentales no solo para ellos, sino para el resto de la humanidad. Y lo mismo ocurre con EE.UU, país cuya creencia generalizada es también la misma, ser el país elegido por Dios.

Por supuesto que cada uno es libre de creer en lo que le parezca oportuno o de creerse un elegido de Dios y convertirse así en un iluminado, pero cuando los iluminados acceden al poder la cosa es sin duda preocupante.

Arnoldo Mora, en un artículo de su autoría señalaba lo siguiente: Los partidos políticos cuya decadencia, al convertirse en simples agencias de mercadeo de candidatos, son uno de los principales causantes del déficit democrático que sufre nuestro país, deben inspirarse en principios racionales permanentemente actualizados, a fin de ahuyentar el fantasma del fundamentalismo. Los pseudopartidos políticos de tinte confesional deben ser declarados inconstitucionales. Son una rémora para nuestra democracia y constituyen una de las mayores amenazas para lograr la paz y la convivencia civilizada entre los pueblos. Basta con evocar el terrorismo islámico y el Tea Party en los Estados Unidos para percatarse de que lo que acabo de mencionar no es una lejana pesadilla sino una ominosa y cercana realidad. La humanidad logró, no sin dolorosas luchas, dar un inmenso paso gracias a las ideas ilustradas del siglo XVIII, que pusieron las bases para la creación del Estado democrático moderno. Ninguna manipulación electorera cortoplacista debe resquebrajar esos logros.

Pero lo anterior no debe ser interpretado como que las religiones no tengan nada que decir frente a los graves problemas que hoy amenazan a nuestra especie. La función de las religiones no es solo suministrar una visión de mundo (¡no la única!) de raigambre metafísica, sino también preconizar los principios éticos y axiológicos, sin los cuales la convivencia entre los pueblos y los diversos sectores que componen la sociedad dejaría de ser humana.

Las religiones organizadas y las personalidades religiosas individuales tienen como misión recordar permanentemente al mundo, que sin una economía basada en la justicia social y una política que promueva la paz como su objetivo último, la convivencia civilizada entre los humanos no es posible. Pero todo ello sin pretender cuotas de poder, sino basadas tan solo en el testimonio profético de esos valores.

(*) Alfonso J. Palacios Echeverría

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10 COMENTARIOS

  1. A principios del siglo 20 decia don Ricardo Jimenez Oreamuno : «Se puede gobernar sin la Iglesia Catolica,mas no se puede gobernar contra la Iglesia Catolica «.
    «Hay que reconocer que estas agrupaciones religiosas poseen un gran poder de movilización de los sectores populares y menos escolarizados, precisamente aquellos que tienen poca participación en movimientos sociales o partidos políticos, y que por esta razón son más susceptibles a la influencia en la definición del voto.» nos dice el articulista con razon.»El pueblo unido jamas sera vencido » se oia hasta hace poco en las calles.Ese pueblo es el que ha votado,desencantado con promesas que nunca se materializan.
    La izquierda que viene en picada en el mundo,encontro su nemesis en la religion.
    Se dedicaron a atacar lo que llaman el neoliberalismo,pero nunca lograron la fidelidad que logran las iglesias evengelicas,lugares donde concurren semana a semana los fieles.
    En estas elecciones en nuestra CR,el pueblo se pronunciara en contra de lo que considera gobierno corrupto,inepto y mentiroso.Le pasara la factura.

  2. Ya que el asunto sigue en la línea religiosa. Cómo será posible que un católico de verdad vote a favor de un grupo que ha vilipendiado a los mayores símbolos de la iglesia católica costarricense. ¿Se hará de la vista gorda la Iglesia católica?¿ Dará alguna luz a sus feligreses de como votar, de cara a la segunda ronda?¿Seguirán de tontos útiles a un programa internacional millonario de ataque a la iglesia católica y potenciamiento de la evangélica? ¿Entenderán los católicos que el tema del matrimonio gay debe superarse, porque no es algo trascendente para que decida una elección?

  3. El verdadero problema de una teocracia evangrlica(remember Ríos Montt) es que él presidente de la República no puede vigilar a todos sus “cofraters” y muchos de ellos ebrios de poder: cometerán atropellos, no olvidemos que el 90 % de los protestantes vienen de la Iglesia Católica (no como en Europa) y hacen lo imposible para “auto justificarse”, son como muchos ex bebedores que al llegar a AA satanizan el alcohol para todos, a fin de autoafirmarse. El temor de muchos católicos es que Fabricio prohíba la celebración de la negrita, yo por el no lo creo, pero ya alguien mencionó sobre el “Magisterio de la Familia. No quisiera ver a Costa Rica inmersa en luchas religiosas en el Siglo XXI.

  4. Es cierto lo que dice Don Alfonso J. Palacios en este comentario; pero lo que está pasando en estos momentos en Costa Rica con el «movimiento gay» es exactamente lo mismo por lo que usted hace crítica al «movimiento religioso de los pandereta». Estas votaciones no fueron unas elecciones, sino más bien «un referendum», en la que mayoritariamente los costarricenses han manifestado su repudio al «movimiento gay», por eso el partido de «Restauración Nacional» sacó (14 diputados); y conste no pertenezco a esa agrupación política, ni soy religioso. Tampoco estoy de acuerdo que organismos internacionales estén por encima de nuestra «Constitución Política».

  5. En el siglo diecinueve las confrontaciones entre liberales y católicos fueron constantes. Hay que leer los periódicos de la época, sobre todo las diatribas contra el obispo Thiel en el Heraldo, de Pío Viquez. En 1994 el Partido Unión Católica intentó un golpe de estado que provocó una violenta represión por parte del gobierno de Rafael Iglesias. I

  6. Los pueblos siempre ganan cuando colocan a la teología donde corresponde: en la religión o en la filosofía. Ganan también cuando desacraliza la simbología política en momentos de ruptura histórica como al que hoy asistimos. Si hay un ateísmo atendible que sirva a la emancipación de la humanidad, dicho ateísmo no es otro que el político.

  7. Desde la Conquista hasta es minuto, la Elite Catolica (Civiles y Curas)han jodido este País, por testimonios: Pueblos Originarios, Libre Pensadores, Protestantes, Negros, Asiaticos, Musulmanes, Comunistas…….Los Judios y elites Evangelicas la misma MMMMMMM.
    Ante el evidente desplome del Vaticano por sus vicios dichosamente ventilandose, lo esperado los Protestantes por el pastel (las Masas), pero Lutero bastante cansado 200 años para llegar a Costa Rica.
    «No se metan con la Familia Costarricense» Si no se metan con la Gran Familia Costarricense, representada por las familias Cabecares, Bribris y los otros Pueblos Originarios con +++12.000 años en este espacio Común y Madres de 65 nacionalidades, esta es la composicion de la Gran Familia Costarricense.

  8. Excelente articulo! Desde hace anos la poblacion evangelica va en aumento, gracias a su organizacion en celulas, donde un «pastor» tiene una comunicacion directa con sus feligreses, abundan las iglesias de garaje que han logrado atraer a los que se sienten olvidados y marginados, generalmente, de baja escolaridad, facilmente adoctrinados por una corriente judeo-cristiana, cuyo enfasis esta mas en el Antiguo que en el Nuevo Testamento.
    Pareciera que la Corte Int. de derechos Humanos escogio el peor momento para dar el fallo ?????

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