viernes 3, diciembre 2021
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Un gran país

Columna “Tertulia y ensayismo”

Últimamente, el debate público nacional cada cierto tiempo se vuelve monotemático y monótono en proporciones iguales y -con frecuencia- no por las mejores razones: cuando un tópico salta a la palestra, aquejamos nuestras mentes y nos situamos en las antípodas de un plano ideológico, lo cual solo nos lleva a lanzar dicterios a quienes no opinan como creemos que «deberían hacerlo», hasta que encontramos otro motivo por el cual polemizar.

Pero en momentos tan convulsos, no vendría nada mal que recordemos que este es un gran país y que sobran motivos para que esta idea tenga un lugar preeminente en nosotros:

Avenencia

Somos vistos en el orbe como defensores de la paz y el civilismo, se han cosechado logros que van desde la abolición del ejército un primero de diciembre de 1948 (posteriormente consagrada en el artículo 12 de la Constitución Política del 07 de noviembre de 1949), hasta la aprobación de la Ley No 9288 –hace unos escasos tres años-, la cual establece la neutralidad de Costa Rica en caso de conflicto, el carácter de la paz como derecho fundamental y la prohibición a cualquier industria para la fabricación de armas de guerra de instalarse en territorio costarricense.

Sencillamente admirable

La naturaleza aquí es digna de exponer vanagloria y por desgracia -tan usual como torticeramente- la ignoramos por considerarla “común”, al punto en que pareciera que los casi tres millones de turistas que nos visitan al año, valoran más que nosotros mismos lo que tenemos al alcance de la vista.

“Yo no envidio los goces de Europa”, como dice la canción a la que Manuel María Gutiérrez Flores dio sus notas. Hasta parece ilógico que sus propios habitantes seamos quienes insultamos y menospreciamos una patria que corrió con la suerte de tener un balcón de 3800 metros de altura desde el cual admirar la magnificencia del océano Pacífico y el mar Caribe que bañan nuestras costas.

No sé qué clase de fuerza nos imbuyó para creer que es un detalle menor el estar rodeados del 5% de la biodiversidad mundial, el vivir en un pedacito de Tierra que se encuentra abarcado en un 25% por Reservas y Parques Nacionales o el que la Universidad de Yale nos haya calificado como uno de los 10 países “más verdes” a nivel global. Resulta impensable que con esas estadísticas, ensuciemos nuestros bosques y que contaminemos nuestros ríos, como si no fuera nuestra responsabilidad mantener la belleza de la que gozamos (tal vez en un futuro ni siquiera podamos hacerlo).

Y como si todo lo anterior fuera poco, podemos aunar que según el ICE, en 2016 sumamos 271 días sin requerir combustibles fósiles para alimentar el servicio eléctrico (y esto no se puede señalar como un hecho aislado, pues ya por segundo año consecutivo se logró sobrepasar el 98% de electricidad generada con fuentes renovables) o bien en otro ámbito, que se ha alcanzado un 96,8% de población alfabetizada (lo cual bajo los estándares de la UNESCO es, por decirlo en una sola palabra, excelente).

Empero, si tuviera que quedarme con una sola de las virtudes de nuestra nación, sin dudarlo elegiría el que estamos llenos de personas cultas; no lo digo por el sinnúmero de egregios músicos, literatos, escultores e intelectuales a los cuales tenemos el honor de llamar compatriotas. Lo digo por la insuperable definición de ciudadano culto que Rodrigo Facio brindó, porque “culto no es aquel que va a al teatro” cada fin de semana, “sino quien está dispuesto a ayudar” a su sociedad, y de estos los hay a montones en Costa Rica, donde las sonrisas y el trabajo son concomitantes a nuestras gentes y nuestra idiosincrasia.

No me cabe duda de que estoy dejando mucho por fuera (un plan para la paz en Centroamérica y otro contra las armas nucleares, una declaración de neutralidad perpetua, uno de los mejores científicos en fusión nuclear y sendos otros en la NASA, el cerebro tras un motor de plasma, un tratado sobre el comercio de armas, una ley contra el maltrato animal y ¿por qué no decirlo? el café más delicioso del mundo) y estoy seguro de que todo esto que le he mencionado ya lo sabía, pero lo importante es no olvidarlo.

Es posible

Cuando solo “queremos ver lo malo” no estamos “siendo críticos”, sino bastante estultos –y si me lo preguntaren- malagradecidos. No todo es corrupción, inseguridad y discusiones. Muchísimo de lo que hoy vemos es perfectible, eso es apodíctico. Pero con patriotismo (no chovinismo) y probidad, este hogar que compartimos puede ser cada vez más bello. Por esto y más, me siento orgulloso del suelo en que nací y me siento orgulloso de que usted pueda leer estas líneas conmigo. Que el desmedro y el vituperio no nos amedrenten, la unidad y el respeto son quienes verdaderamente transforman realidades.

(*) Marco Vinicio Monge Mora es Bachiller por el Colegio Salesiano Don Bosco

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3 COMENTARIOS

  1. Respetable lector o lectora, muchísimas gracias por regalarme un poquito de su tiempo con este artículo, espero sea de su agrado. Saludos cordiales, Dios le bendiga. Atentamente, Marco Vinicio Monge Mora.

  2. Totalmente de acuerdo, yo no envidio los goces de Europa’ tenemos tanta belleza que Dios en su infinito amor nos ha regalado.

    Espero y confío que el costarricense se dé cuenta de una vez por todas del tesoro que tenemos que cuiden sus ríos, playas, montañas etc. DIOS BENDIGA A CR

  3. Muchísimas gracias, es un honor que le haya gustado. Me alegra mucho saber que estemos de acuerdo en ello. Así es, ojalá cuidemos más nuestro tesoro. ¡DIOS BENDIGA COSTA RICA!

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