viernes 28, enero 2022
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Las transexuales paquistaníes, una vida en la oscuridad

Peshawar (Pakistán), 17 mar (EFE).- Asesinatos, violaciones, palizas, insultos y discriminación laboral forman parte de la vida de las transexuales paquistaníes, relegadas a una oscuridad tan abrumadora que los legisladores del conservador país islámico quieren ponerle fin.

En la ciudad noroccidental de Peshawar, la puerta a las zonas tribales del país, sentada en su cama, en un dormitorio sin ventanas y rodeada por sus discípulos, la gurú khawajasira (transexual) Farzana Jan enumera los problemas a los que hacen frente en la conservadora sociedad paquistaní.

«Desde 2015, 54 transexuales han sido asesinadas y 400 han sufrido palizas en Khyber Pakhtunkhwa (provincia de la que Peshawar es la capital) y la Policía no hace nada al respecto», afirma Jan, presidenta de la ONG Transaction Alliance, embutida en un sari verde y con el pelo recogido con una coleta.

«No nos dejan usar el autobús. La gente nos insulta en la calle. Los taxistas nos cobran más por llevarnos, al igual que los caseros de viviendas», asegura la activista de 35 años.

Jan indica que reciben este trato porque no tienen apoyo familiar y son débiles ya que nadie les defiende.

Ella misma dejó su casa a los seis años por el rechazo de sus padres y se fue a vivir a una comunidad de transexuales, donde un gurú ejerce de padre y de madre, y otras transexuales de hermanas, una suerte de familia similar a la que hoy dirige ella.

Ese primer rechazo familiar se expande después al resto de sus vidas y las sitúa en rincones «oscuros», donde para ganarse la vida ejercen de mendigos, bailarinas o prostitutas.

En el cinturón pastún, más conservador que el resto del país, ni siquiera pueden mendigar porque no las quieren en las calles y están limitadas a ejercer de prostitutas o bailarinas, un papel reservado para ellas dada la estricta separación de géneros que impide que mujeres bailen en fiestas o bodas.

Junto con esa discriminación laboral y social, sufren una continúa violencia física y sexual.

Lovely Khan, bailarina perteneciente a la comunidad de Jan, fue violada por un grupo de 17 hombres cuando regresaba de bailar en una boda cuando tenía 12 años.

«Primero me torturaron, después rompieron mi ropa, me quitaron la peluca, me tiraron en el suelo y me violaron 17 hombres», afirma esta joven de larga melena rubia de 17 años.

Para hacer frente a esta situación, el Senado paquistaní aprobó por unanimidad el 7 de marzo la primera ley del país que busca garantizar los derechos de los transexuales, que establece que pueden heredar propiedades y prohíbe su discriminación en instituciones educativas y de empleo.

La legislación, que tiene que ser aún aprobada por el Congreso, decreta además que el Gobierno debe ofrecerles préstamos para que puedan poner en marcha negocios y garantizar oportunidades laborales para ellos.

Jan, sin embargo, pone en duda la efectividad de la ley.

«Aprobar una ley no es importante, lo importante es que se implemente. Hay leyes para la protección de mujeres y aún así no se les dan sus derechos», señala la antigua bailarina y ahora activista.

Jan afirma que a pesar de que en 2009 el Tribunal Supremo reconoció la existencia del «tercer sexo» para los documentos oficiales y tres años más tarde sentenció su igualdad de derechos con el resto de ciudadanos las cosas no han cambiado demasiado.

De hecho, la activista fue la primera transexual en obtener un pasaporte con la letra X para definir su sexo en junio del año pasado y este mismo mes recibió un carné de conducir del mismo tipo.

El año pasado fueron incluidos en el censo nacional en una categoría aparte por primera vez, que registró 10.418 de ellos de un total de 207 millones de paquistaníes, una cifra que Jan rechaza, ya que según ella solo en Khyber hay unas 50.000.

El profesor de Sociología de la Universidad de Peshawar, Jamil Ahmad, coincide con la activista y no cree que la nueva legislación las saque de la «oscuridad donde tienen que sobrevivir» por la discriminación.

«La ley es un signo alentador, pero no cambiará mucho sobre el terreno», afirma el académico, que añadió que les dará cierta aceptabilidad, pero no oportunidades económicas o educativas.

«Es un primer paso en la aceptación de que existen seres humanos diferentes a nosotros», indica Ahmad. EFE

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