lunes 5, diciembre 2022
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Nicaragua en la encrucijada

Las protestas en Nicaragua van más allá de la oposición a las reformas arbitrarias de la seguridad social. Por una parte, hay una acumulación de reclamos de la población, por otra, un aislamiento del Gobierno que se ha encerrado en una burbuja desde la que ejerce un creciente control sobre todo el quehacer del país

Desde esa perspectiva, las manifestaciones constituyen una válvula de escape de una presión social largamente contenida de distintos sectores inconformes y cansados de la corrupción y del deterioro de las libertades democráticas, como lo muestran las consignas que demandan libertad, el incendio de banderas del Frente Sandinista y el derribamiento de al menos tres “árboles de la vida”, implantados en distintos lugares de la capital por órdenes de la Vicepresidenta Rosario Murillo.

Semanas atrás también hubo airadas protestas, en ocasión de los incendios en la Reserva Indio Maíz que según los grupos ambientalistas fueron 20 focos de fuego provocados por empresarios cercanos a Ortega, con la intención de abrir una trocha para la extracción de madera.

Hay además un fuerte clamor social para que se restablezca el estado de derecho y la división de poderes que hoy están subordinados a los dictados del Ejecutivo en manos de Ortega y Murillo.

De la crítica situación en el hermano país dan cuenta las declaraciones que dio el General (R) Humberto Ortega a un noticiero de televisión, reconociendo la legitimidad de las protestas y responsabilizando al gobierno de haber decretado la reforma al régimen de pensiones de manera unilateral. El hermano del Presidente llamó a que se abra un proceso de diálogo, asegurando al mismo tiempo que el ejército nicaragüense “no va a salir a reprimir a los manifestantes”.

Para el sociólogo y analista nicaragüense Oscar René Vargas, Nicaragua está en presencia de una protesta nacional que ha unido al pueblo con los estudiantes, un sector que había estado al margen de las movilizaciones. La respuesta represiva, mediante grupos paramilitares coordinados con la Policía Nacional, no la va a aplacar, más bien está modificando la correlación social de fuerzas en contra del Gobierno, convirtiéndose así en una derrota política que debilitará el poder de Ortega.

En ese sentido, resulta notorio el resquebrajamiento de la alianza entre la empresa privada y Ortega, como lo muestra la convocatoria del COSEP, máxima instancia de representación del sector empresarial, a una marcha para el próximo lunes 23 en procura del diálogo entre los distintos sectores, mismo que algunos analistas ven muy difícil a estas alturas de la polarización.

Si bien es cierto, no hay una conducción de la lucha, ni un programa de los manifestantes que sirva de base para un proceso de negociación, todo indica que las protestas auto convocadas continuarán extendiéndose por todo el país a pesar de la violenta represión del Gobierno y nadie sabe a ciencia cierta cuál es la salida a la presente crisis en la que claramente las reformas en las pensiones son solo un detonante.

(*) Juan Carlos Cruz-Barrientos, periodista

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4 COMENTARIOS

  1. Excelente artículo indicando las causas acumuladas del descontento entre la población. El llamado del general(R) Humberto Ortega al diálogo y a la sensatez constituye una esperanza para evitar que se siga escalando la violencia.

  2. Hay un vivo contraste en el manejo de la situación de Honduras, por parte de la prensa de Costa Rica, un país donde la dictadura de Juan Orlando Hernández(JOH) asesinó a cincuenta personas durante la represión a las protestas contra el fraude electoral, además de torturas y encarcelar a cientos de ciudadanos, hoy en Honduras hay todavia 25 presos políticos. Estemos atentos a estos juegos mediáticos, cuando hay otros intereses de por medio, desde luego que solidarizamos con los estudiantes y la población que protesta en Nicaragua contra la imposición de reformas inconsultas a la seguridad social. Hay que abrir caminos para el diálogo.

  3. Mi Nicaragua querida está compuesta de inescrutables veredas, forjadoras de un pueblo profundo que como el judío de Moisés le ha tocado andar el desierto por largos años, y no tan desdichado como el palestino que lo ha perdido casi todo menos su memoria. Nicaragua, santa y bella, lírica y parsimoniosa de sus túneles existenciales, ha resucitado en rebeldía y cantos de libertad. No se justifica de ninguna manera la brutalidad de la soldadesca contra su gente, ni el griterío de turbas insensatas, y pido por la matria que me ha dado sangre nicaragüense, paz para mi pueblo y luz a su destino.

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