domingo 14, agosto 2022
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Monseñor Romero dio esperanza a los más pobres en El Salvador

San Salvador, 18 may (EFE).- Monseñor Óscar Arnulfo Romero defendió, guío y protegió a los más desamparados de El Salvador, quienes veían en él esa luz esperanzadora en medio de mucha pobreza, desigualdad e injusticias sociales.

Su presencia y su voz llegó a muchos rincones de este país centroamericano, dando aliento a aquellos que le confiaron sus problemas, sus preocupaciones, sus sueños y sus esperanzas de salir adelante a pesar de las adversidades.

Romero, beatificado en mayo de 2015 ante miles de feligreses, fue nombrado párroco de la Ciudad de Anamorós, en el departamento de La Unión (sudeste), en 1943, y aunque su paso por este lugar fue fugaz, dejó recuerdos que aún son conservados en la parroquia del pintoresco pueblo.

El padre Rudís Santos Rivas comentó a Acan-Efe que las «enseñanzas» de Romero aún son recordadas en el pueblo, y que su legado sigue tan vigente como en aquellos tiempos en los que recorrió veredas para acercarse a su gente.

«Los familias de las personas que tuvieron la oportunidad de conocerle hablan cosas maravillosas de él (Romero), dicen que era una persona muy seria, pero amable, y que siempre tenía el consejo adecuado», expresó.

El religioso manifestó que Romero, llamado «voz de los sin voz», «hizo mucho por este pueblo, llegó en un momento en ni que calles en buen estado habían», además bendijo matrimonios y bautizó a niños.

En la iglesia de Anamorós se conservan las actas de cuatros matrimonios oficiados por el beato Romero, asesinado el 24 de marzo de 1980 por un escuadrón armado de la derecha, y más de 50 bautizos, según el padre Rivas.

De Anamorós pasó a la ciudad de San Miguel (este) donde dirigió la Catedral de Nuestra Señora de La Paz y llevó su mensaje hasta los cantones y caseríos olvidados por otros religiosos y por los políticos de ese entonces.

Romero siguió la senda que lo llevó hasta San Salvador como obispo auxiliar y luego, en 1974, volvió a la zona oriental del país, específicamente, al municipio de Santiago de María, donde el mártir estuvo destinado como obispo y también dejó su huella personal.

Rosa Gutiérrez, de 80 años, tuvo la oportunidad de conocer, escuchar y acompañar al beato Romero en las visitas que realizó a la zona rural de esta localidad salvadoreña.

Gutiérrez, originaria de Ciudad Barrio, cuna de monseñor Romero, pero residente desde los 9 años en Santiago de María, dijo a Acan-Efe que «San Romero de América» fue «una persona bien amable con todas las personas, sobre todo con los más necesitados, pero cuando predicaba lo hacía con gran autoridad».

«En sus homilías decía grandes verdades que sabía que no gustaban a todos, pero así era su personalidad, una forma de ser que lo llevaba a luchar contra las injusticias y pedir por la paz en momentos muy duros en el país», relató Gutiérrez.

Para Rosa, la vida de Romero en Santiago de María y en todos los lugares por donde pasó fue «una lucha constante por la justicia, por los más indefensos, por los niños, los ancianos, por todos los que lo necesitaban».

La anciana, al igual que miles de salvadoreños que han seguido el legado del beato, recibieron con mucha alegría la noticia de la canonización de Romero, quien será elevado a los alteres a más de tres décadas de su muerte, la cual marcó la vida de las personas que lo conocieron y las que no.

Ahora que El Salvador tendrá a un santo es indispensable que el legado del que fue la «voz de los sin voz» se extienda por todo el país, que los niños y jóvenes conozcan su vida para que sean «mejores» personas, comentó a Efe el joven músico Nelsón Guandique.

Guandique vive en Ciudad Barrios, cuidad que vio nacer al mártir y en donde se le recuerda con cariño. La plaza central está adornada por un momento del «San Romero de América» y en los alrededores las casas reviven a su coterráneo, asesinado por odio a la fe.

Un informe de la Comisión de la Verdad de la ONU de 1993 determinó que el exmayor del Ejército y fundador del partido de derecha Alianza Republicana Nacionalista (Arena), Roberto D’Aubuisson, dio la orden de asesinar al religioso. EFE

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