sábado 29, enero 2022
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¡Ahora le toca al pueblo!

«¡Ahora! ¡Ahora! ¡Ahora le toca al Pueblo!» Es la consigna que muchas veces, a través de los años, hemos gritado en nuestras marchas para la defensa, fortalecimiento y ampliación de nuestros legítimos derechos económicos, políticos, sociales, ecológicos y culturales en general, es decir para poder con su pleno cumplimiento vivir y progresar integralmente como seres humanos plenos. Los fracasos, tachonados de esporádicos y efímeros triunfos, nos demostraron con su dolorosa tozudez que las condiciones de esos momentos históricos no eran los más propicios. Hoy, indudablemente y gracias al natural desarrollo dialéctico de la realidad general del mundo y, a la consecuentemente particular de nuestro país, las adversas condiciones pasadas, se han empezado a tornar favorables pues, el sistema Capitalista Neoliberal que, fortalecido por la caída de la URSS, se había proclamado como etapa todopoderosa y final de la Historia -recordar la obra de Francis Fukuyama: «El fin de la Historia y el último hombre» (1992 en:  https//dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4553618.pdf )- hoy ha demostrado hasta la saciedad, su total fracaso y, peor aún, que de seguirlo practicando y dada su esencia homicida y ecocida, pues convierte a la Humanidad y a la Naturaleza en simples combustibles para producir riquezas para el 1% de los habitantes del Planeta, nos conducirá tanto al fin de la Historia, como al de nuestra Especie y de la Pachamama en general. Por ello hoy nos toca como Pueblo salvar la Humanidad y la Naturaleza.

Pero, ¿de qué Pueblo estamos hablando? Sin pretender pontificar al respecto sino, simplemente para aclarar qué entenderé por este concepto en este y futuros artículos, diré que llamo Pueblo a toda persona que en la realización de sus tareas -laborales, estudiantiles, hogareñas, familiares, deportivas, sociales, etc, etc-, y en su vida en general, sea responsable, honesta, esforzada, solidaria, fraternal, incapaz de explotar a sus prójimos, libre de mitos y prejuicios, creativa, conquistadora de utopías e imposibles -la utopía se alcanza mañana y lo imposible, pasado mañana- despierta, informada, analítica, crítica, creativa Humanitarista y Ecologista. Indudablemente es un Pueblo que no existe, que no nos han permitido ser las y los dueños nacionales e internacionales de nuestro país, que desde nuestra independencia nos han dominado, explotado y manipulado y que, aún lo siguen haciendo, es un Pueblo que debemos empezar a crear de inmediato, contra viento y marea para aprovechar la evidente debacle de un Sistema económico, político, social y cultural que hoy se muestra crudamente como el que nos lleva, reiteramos, de crimen en crimen cada vez más violentos, a la muerte de nuestra Especie y de la Naturaleza tal como la conocemos y nos permite vivir.

Hoy como Pueblo somos ciervos en acto pero reyes y reinas en potencia. Como muy claramente sugiere Bertolt Brecht, en su famoso poema «Preguntas de un obrero que lee» (https://adncultura.org/preguntas-de-un-obrero-que-lee/), históricamente hemos construido Tebas, Babilonia, la dorada Lima, la Gran Muralla china, Roma, hemos sido los indispensables y, por ende, fundamentales actores de todos las grandes obras y acontecimientos que han construido todas las grandes civilizaciones que en el mundo han sido, son y serán, ignorados desde luego por los cantores épicos, los historiadores y, moderna y actualmente, por los medios de comunicación que, al servicio de los ricos y poderosos de cada época, han ocultado al Pueblo y han puesto a sus faraones, emperadores, reyes zares, dictadores, generales, presidentes, mecenas,  etc, como los grandes héroes, conductores y triunfantes líderes de toda gran conquista humana. Creemos que ha llegado el momento de liberarnos de los densos y enajenantes telones bajo los cuales nos han sometido, explotado, humillado y anulado siempre. Recordamos aquella famosa frase del poeta Isaac Felipe Azofeifa: «De veras hijo, ya todas las estrellas han partido pero nunca se pone más oscuro que cuando va a amanecer» pues, hoy que el Imperialismo Capitalista Neoliberal domina en el mundo, ha quedado claro que lo hace para una reducidísima élite a la que le entrega sus ganancias, lo que nos transforma en Pueblo ante una disyuntiva inédita: tomar el poder o desaparecer, lo que nos obliga a despabilar — y empezar a liberarnos, redimirnos y construir el mundo que merecemos y en el que imperaremos como Pueblo despierto informado, unido, organizado, empoderado y movilizado siempre en la construcción de su paraíso terrenal.

¿Cómo hacerlo? Estableciendo el «Poder Popular». Posiblemente el término produzca reacciones adversas pues mucha gente inmediatamente lo relacionará con «revolución comunista», Cuba, «Chavismo», etc, etc, pero debemos aclarar que, desde hace mucho tiempo lo tenemos, institucionalizado incluso, en Costa Rica y solamente debemos percatarnos de ello, apropiárnoslo y activarlo, olvidándonos de los Partido Políticos que parten y separan a nuestro Pueblo, lo que es aprovechado, mediante el mecanismo de «divide y vencerás», por los dueños nacionales y transnacionales del poder, para someternos a su antojo. Ejemplos del «Poder Popular» son lar organizaciones  de base, esto es las que el mismo Pueblo ha integrado para la defensa de sus intereses como los sindicatos, las cooperativas, las asociaciones de desarrollo comunal, las culturales, las deportivas, las religiosas, las estudiantiles, las juveniles en general y demás por el estilo. Por cierto que un papel destacado dentro de ese conjunto de formas diversas de Poder Popular, lo juega hoy la flamante Coalición por Costa Rica. Son tan efectivas que, los dueños del Poder y sus secuaces se han dado cuenta de su importancia y han terminado, en la mayoría de los casos, «legalizándolas» esto es, sometiéndolas a sus propias reglas para supeditarlas a sus intereses, corrompiendo a muchos de sus líderes y obstaculizando su accionar con diversas trabas burocráticas hasta, en muchos casos, desprestigiarlas por completo ante los ojos del Pueblo.

El Poder Popular costarricense, debe entender su papel histórico trascendental: es el dueño del país y, los gobernantes que elige, sus empleados públicos, los administradores de su finca-país, a su servicio y totalmente bajo su absoluto control. Por ello el Poder Popular no debe suscribirse a partido político alguno pues ellos son simplemente, los equipos de apoyo de los oferentes  -candidatos.  y de sus planes de trabajo. De esta manera, los gobernantes -empleados públicos reiteramos- podrán ser sustituidos cuando el Poder Popular así lo decida y disponga. Ahora lo que corresponde es retomar esas organizaciones de base, unirlas, coordinarlas y emplearlas como lo que en esencia son: poderosísimos instrumentos para la defensa, fortalecimiento y ampliación de nuestros Derechos Humanos en todas sus generaciones, incluidos desde luego los Laborales y Ecológicos, de manera tal que, llenándonos de confianza en nuestra fuerza incontenible, tomemos, al fin, el Poder, económico, político, social y cultural -que con mil patrañas, represiones y todo tipo de crímenes, nos han robado históricamente la parasitaria minoría y sus cómplices- estableciendo, como lo ordena el término mismo «Democracia» la autoridad en manos del Pueblo. En fin, lo que nos corresponde como auténtico Pueblo costarricense, es reconceptualizar las organizaciones de base como Poder Popular, unificarlas en coordinadoras cantonales, provinciales,  y en una Nacional y, con esta última, tomar las riendas del país.

El pasado 08/05/18, como es sabido, inició su segundo periodo consecutivo de Gobierno, el Partido Acción Ciudadana (PAC) encabezado por el hoy Presidente Carlos Alvarado Quesada, de aparente corte reformista pero realmente capitalista Neoliberal -tanto su equipo económico como el resto apabullante de su  Gabinete así lo revelan- y cuyo primer pedido a la flamante Asamblea Legislativa es la aprobación de una reforma fiscal que pretende equilibrar el Presupuesto de la República, recortando el gasto público léase salarios, pensiones y demás derechos laborales de los empleados públicos e imponiendo renovadas cargas impositivas totalmente regresivas, que recaen enfáticamente en los bolsillos ya de por sí raquíticos del Pueblo trabajador y, para nada tocan las cada vez mayores ganancias de los grandes empresarios nacionales y transnacionales. Se redobla así la necesidad de dar las luchas en pro del establecimiento del Poder Popular ante la necesidad, ya de supervivencia, de nuestra redención como Pueblo, que hemos enfatizado en las líneas anteriores, es ahora o nunca. Por ello revivimos un viejo y eterno lema: «El Pueblo Unido jamás será vencido!

(*) Luis Ángel Salazar Oses

correo: panga07gmail.com

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