martes 6, diciembre 2022
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¿Renunciarán esos otros magistrados?

De cal y de arena

No hay mucho que agregar a los razonamientos expuestos en torno a la afectación del expediente del “cemento chino” en el Poder Judicial. Y sí hay mucho que esperar de las decisiones fundamentales que atañen a los magistrados de la Sala III, como lo hubo de funcionarios del Ministerio Público que se vieron involucrados en este mismo asunto.

Los hechos propios del grande, fétido y corrosivo expediente del “cemento chino” han sido descritos con precisión y claridad; también las consecuencias y su sentido de fatalidad irremediable, inevitable y contundente. Son gravísimos y por lo tanto, no pueden conducir sino a la imposición de fuertes sanciones a esos magistrados: la suspensión del cargo con efectos ejemplarizantes decidida por la Corte Plena en el ejercicio de sus potestades disciplinarias o –pensarán unos más- la destitución  por acuerdo de la Asamblea Legislativa, a previa solicitud de la misma Corte.

Mas no se ha dado ni la suspensión ni la renuncia de todos los involucrados en el escándalo. En la secreta sesión llevada a cabo por la Corte Plena la semana pasada no se consiguió conformar la mayoría mínima de 15 votos a favor de la imposición de una sanción a tono con las gravísimas faltas incurridas. Los involucrados en el incumplimiento de los deberes que les impone el cargo encontraron propicio cobijo a sus descarríos en unos cuantos colegas con los cuales reunieron el número apropiado para dejar reducido el castigo a una anodina amonestación escrita.

Todo evidencia la presencia de una red de cuido que se echa a andar en los momentos y circunstancias precisas para impedir la objetiva aplicación del régimen sancionatorio. Con el mismo sentido cualitativo con que procede –se supone- la misma Sala III a la hora de juzgar a los tirios y troyanos que están al otro lado del río.

Y eso –en el contexto del grave deterioro ético y moral que vive el país entero, en particular desde que estalló el escándalo del “cemento chino” que desnudó la trama de intereses afectados por la corrupción en los tres poderes del Estado- es lo que tiene cabreada a la mayoría de la sociedad costarricense, ya de por sí mortificada por el sentido inverso que tiene en los ámbitos internos del Poder Judicial aquel mandato que obliga a dictar justicia “pronta y cumplida”, por la irresponsable concesión de privilegios en su planilla y por las dispendiosas “compensaciones” que acompañan su régimen de pensiones.

Como si se tratase de una opinión derivada de un análisis de la devastación moral que padece nuestro país, el reputado jurista español Jesús González Pérez escribió: “Asistimos a una quiebra general de los valores morales. En la vida pública y en la privada. En el político y en el ciudadano. En el administrador y en el administrado. Mal podrá dirigir y ejercer una acción encaminada a la defensa de la moralidad quien carece de moral. Mal podrá exigir una conducta digna quien es ejemplo de lo contrario y hasta alardea de ello. La administración de la justicia puede contribuir a la urgente tarea de renovación humana con su ejemplo y asumiendo el ejercicio de funciones cuya finalidad es precisamente la moralidad”.

En reciente entrevista al semanario UNIVERSIDAD bien advirtió  la magistrada de la Sala IV, Lic. Nancy Hernández, sobre el declive ético que ha invadido las esferas del Poder Judicial arrastrándolo a “una crisis sin precedentes” y por lo que ello puede representar: “…si el crimen organizado y la corrupción se afincan en el sistema de justicia, perdemos el país”.

Los magistrados que olímpicamente ignoran la demanda de los ciudadanos de que se reabran los cauces del respeto a la ética y a la moral, no se han percatado de las dimensiones de la cabreazón. Estamos arrollados por la violenta resaca del “cementazo”. Es gravísimo que no lo adviertan los integrantes de la Sala III y los  cuates que creen que con una nalgadita a ellos la ira nacional va a quedar satisfecha.

La impudicia ha quedado al desnudo. La enmienda de pecado tan grave sólo podrá venir si todos los magistrados de la Sala III renuncian. ¿Será mucho pedir?.

Ya lo dijo el ex jefe de Estado y ex presidente de la Corte Suprema de Justicia, el Lic. Ricardo Jiménez Oreamuno: “Los que llegan a disfrutar el poder en sus prebendas y granjerías, a hacer la fortuna de sus familiares y paniaguados y a solazarse con el incienso de los cortesanos, esos es probable que le encuentren un dulce sabor al poder”.

(*) Álvaro Madrigal es Abogado y Periodista

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1 COMENTARIO

  1. El desmoronamiento del Poder Judicial empezo hace unas decadas, todos lo sabemos, algunos con mas conocimiento que otros ; hagamos memoria, fueron hechos publicitados; sin embargo, el silencio le gano la batalla a la etica, a la moral y a la corrupcion. Pero, no se por que, hasta ahora se cae el velo y queda desnuda la corrupcion e intereses inmorales , pero fundamentados legalmente.
    La justicia debe ser pronta y cumplida para todos.

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